A Témoris Grecko no le gustan las oficinas

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Por José Pablo Salas (@Joso9)
Ilustración de Nous (@ursunous)

Témoris Grecko está en México. Aunque la sentencia parece anunciar la llegada del circo o de alguna celebridad  que viene a promocionar un producto, es cierto: Témoris Grecko está en México. Para un periodista que vio caer al dictador egipcio Hosni Mubarak desde la plaza Tahrir en El Cairo, que fue secuestrado en Siria por milicianos harto sospechosos, que ha recorrido más de 80 países pidiéndole a la gente que le cuente sus historias, mismas que publica en medios como Esquire, Proceso, La Nación (Buenos Aires) y El Periódico de Catalunya (Barcelona), debe ser todo un acontecimiento estar en el país que lo vio nacer. Así, aprovechando que está aquí y yo también estoy, nos reunimos para preguntarle sobre lo que Gabriel García Márquez llama “el mejor oficio del mundo”: el periodismo. Su periodismo.

Cosas que se saben de Témoris Grecko: Es un periodista-viajero y un viajero-periodista, para él, la condición de viajar va intrínsecamente ligada con la necesidad de contar lo que ve; le gustan las crónicas de Gay Talese, Leila Guerriero y Martín Caparrós, hablar con la gente común, leer a Kapuściński, ver la historia ocurrir frente a sus ojos y la cerveza. No cree en las escuelas de Comunicación, a pesar de haber cursado esta carrera en la UAM Xochimilco; ha escrito libros acerca de sus viajes por África y los francotiradores en Siria y tiene estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Tiene el pelo largo y gris; no le gusta la sociedad del espectáculo ni las oficinas, pero sí las redacciones de periódico porque los reporteros llegan a contar las últimas novedades; habla muy rápido cuando un tema le interesa, tiene risa fácil pero su voz también puede transmitir la indignación más profunda; y, según su cuenta de Twitter, sólo posee cinco camisas y dos pantalones. Desde luego, la conversación no podía empezar de otra manera:

– Témoris, ¿realmente sólo tienes cinco camisas y dos pantalones?

– Pues los dos pantalones sí; hay una trampita con las camisas porque en realidad tengo tres camisas y cuatro camisetas, es decir, ya suman siete… no, yo creo que ya tengo como cuatro camisas, pero ya es demasiado porque el objetivo es llevar siete cosas.

Además, Témoris viaja  con un short que hace las veces de traje de baño, siete juegos de ropa interior, unas sandalias, unas botas, un sombrero, una prenda entre bufanda y pashmina de la que no alcanzo a registrar el nombre, cámara, grabadora, dos teléfonos móviles, un mini-tripié, un sleeping bag, muchos, muchos cables para sus aparatos electrónicos y, claro, bolsas de plástico, porque nunca sabes cuándo se van a ocupar.

– Si vas a arrojar tu mochila a una lancha, o vas bajo la lluvia, o tienes que dejar cosas en algún lugar para ir más ligero a otro, siempre hacen falta las bolsas- comenta. – Y a veces hay lugares donde no las hay. Al entrar en Ruanda los militares buscan bolsas de plástico entre los turistas porque están prohibidas por un tema ambiental.

Como uno siempre habla de lo que sabe, y Témoris sabe de viajes, de países, de periodismo, de literatura, de política, entre otras cosas, su conversación va siempre ligada a su labor como reportero; sus ejemplos son vivencias ocurridas en países lejanos y en situaciones extremas. Pero, como ya hemos dicho, Témoris está en México, y viene a solucionar las cosas que no puede resolver cuando viaja, por ejemplo, ver familiares y amigos, revisar temas administrativos, seguir escribiendo reportajes para Esquire, dar un par de talleres en Taller ArteLuz y operarse de la vista. Témoris significa, en lengua rarámuri, “el que ve caminos”; esa tarde, el periodista tenía una visión de -8 dioptrías. Pero ya puede tachar un pendiente de su lista, lleva algunas semanas con nuevos ojos.

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Témoris

Foto: Témoris Grecko

Hay una cosa importante que decir: Témoris Grecko no es un periodista de conflictos. A pesar de que hay temporadas en que sus amigos se preguntan si viaja a hacia la guerra o si la lleva con él adonde va, las balas, la sangre y poner en peligro su vida es sólo parte de su trabajo, y no precisamente el que más le gusta. Si tuviéramos que buscar un hilo conductor que uniera sus crónicas sobre, por ejemplo, los francotiradores en Damasco, las mujeres que luchan por su dignidad en Egipto, la oposición ficticia en Irán (país del que está vetado) y el conflicto de los desahucios y la independencia de Cataluña, podríamos encontrar que Témoris escribe sobre personas. Personas que están en distintos problemas. Personas que hacen cosas para solucionarlos.

– A mí no solamente me interesa ir a donde hay un gran problema, sino mostrar la gente que está haciendo cosas para arreglar eso; que tú puedas conocerla y entender a esas personas que están metidos en lo suyo y que pienses que puedes hacer algo por ellos, movilizarte, activarte. La foto que más me gusta de todas las que tomé en Siria es de unas niñas que tenían que estar en un pasaje oscuro, protegido, porque en la avenida con luz había un francotirador observando. Pero ahí en la oscuridad las niñas estaban tomadas de las manos y daban vueltas y vueltas y vueltas y cantaban. A mí eso me encantó como ejemplo de la vida que se produce a pesar de las terribles condiciones que hay. Ver a las víctimas como objetos sin humanidad, como objetos impotentes, no te activa. Te activa ver a alguien que está intentando vivir, hacer las cosas para salir adelante, para resolver lo que pasa, y esa gente también se ríe, se divierte, le busca el lado bueno a las cosas.

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Si hay un conflicto armado diferente a cualquier otro en el mundo, ése es el de Siria. La presión sobre Estados Unidos para intervenir después del ataque con armas químicas en un barrio cercano a Damasco ha tensado un ambiente de por sí revuelto. Por ser Siria una región estratégica y un punto en el que se cruzan muchas culturas y religiones del viejo continente, la revolución contra Bashar al Assad es solamente una coyuntura en una guerra que dura ya desde hace varios siglos. Témoris estuvo durante un tiempo cubriendo el conflicto sirio, conviviendo con los rebeldes y contando sus historias.

– En Siria conviven, por las malas, cinco grandes pueblos: turcos, persas, kurdos, árabes y judíos, pero además están los clivajes religiosos, entonces tienes cristianos, otras minorías y, sobre todo, la gran división entre suníes y chiíes que viene desde el siglo VII; entonces esa es una guerra antiquísima que nunca se ha acabado. Todo el mundo que tiene algo que ver en algún lugar de Medio Oriente va a meter las manos ahí, los iraníes, los saudíes, los cataríes, los turcos, los egipcios, los israelíes, los palestinos, los gringos, los europeos, los chinos, todo mundo se mete y lo que hicieron fue reactivar ese conflicto entre chiíes y suníes. Lo que hicieron fue despertar al monstruo. Cuando Assad caiga, esto va a seguir.

Pero Siria ha sido un conflicto duro no sólo para sus habitantes, decenas de periodistas han muerto cubriendo la guerra civil de ese país. El martes 22 de enero, Témoris fue secuestrado junto con el documentalista húngaro Balint Szlanko y el fotógrafo español Andoni Lubaki por milicianos sirios que, al parecer, pretendían venderlos a Al Qaeda como rehenes. Estuvieron cautivos durante 12 horas, tras lo cual fueron liberados. La crónica de su secuestro apareció en la revista Proceso. Como no podía ser de otra manera, la voz de Témoris se torna grave y un poco triste al recordar el evento.

– Hubo una traición interna, nos vendieron a un grupo que a su vez nos quería vender a islamistas, pero, como dijo un amigo: “El húngaro y el mexicano venían en el combo”, la joya de la corona era una periodista francesa porque a raíz de la invasión francesa a Malí, Al Qaeda dijo que iban a tomar represalias contra ellos. Por suerte, la francesa no vino con nosotros ese día, entonces la crema del pastel ya no estaba, éramos nada más tres panes y de los tres panes dos éramos chiquitos y feos.

– ¿Cómo viviste el tiempo de tu secuestro?

– No sé… hay como mil ángulos que se pueden decir. Uno de ellos es que me preocupaba muchísimo el impacto que podía tener esto en mi gente. Se estaba muriendo un tío y había un desastre, y yo estaba muy preocupado por cómo iba a pegar, sobre todo si no se sabía de nosotros. Se resolvió muy rápido pero dio tiempo para que fuera una conmoción. En fin…

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Témoris tiene algunas certezas sobre el mundo, más allá de las realidades violentas que suele reportear. Por ejemplo, no le gustan las escuelas de Comunicación, por considerar que de ahí salen periodistas “con un mar de conocimientos de un centímetro de profundidad” (Borges dixit); lee mucho sobre un lugar antes de adentrarse en él y llega con humildad ante sus entrevistados, prefiere hablar con la gente común que con las grandes luminarias creadas por los medios. Témoris piensa que sólo así los periodistas pueden entender un tema y explicarlo a sus lectores. “Hay muchas formas de concebir cuáles son las tareas del periodismo narrativo, cada quien escoge la suya. A mí me importa hacer periodismo con calidad literaria, me importa mucho que mi trabajo sirva para que la gente entienda un problema”, comenta.

– ¿Por qué te interesa hablar con la gente común en lugar de con grandes actores de la actualidad?

– Por el tema de la sociedad del espectáculo. Hay una divinización de las figuras, una tendencia a decir: “Napoleón ganó esta batalla”, y no las decenas de miles de soldados franceses que iban tras de él. Me importan mucho las hazañas de la gente simple, he conocido gente sensacional que son auténticos héroes y no son reconocidos porque no son grandes figuras. No me gusta eso de andar siguiendo las invenciones de la sociedad del espectáculo, ni de colaborar en esta fabricación, por eso prefiero ir a buscar a la gente común que es la que yo siento que son auténticos héroes aunque no salgan en la tele.

-Hay un gran respeto por el Otro en tus crónicas, llegas con mucha humildad con tus entrevistados, ¿por qué?

– Creo que así somos, así hay que ser, estás entre la gente y no eres nada especial. El periodista no te hace el favor de entrevistarte, está haciendo su chamba, y si te entrevista es porque hablar contigo le va a aportar información al otro que también es importante: el lector. El periodista está estableciendo el vínculo, hace la labor de puente.

Témoris está convencido de que cada vez son más los periodistas latinoamericanos que construyen ese puente entre historias y lectores, asunto que no es menor, pues nuestro conocimiento del mundo viene a partir del trabajo de periodistas de culturas distintas a la nuestra, con parámetros y marcos de referencia diferentes; de ahí que, poder leer al mundo a través de los ojos y la pluma de un mexicano, sea un avance importante.

– Cuando un periodista inglés, alemán o francés escribe, usa marcos de referencia que le son propios y referencias que van a entender los suyos. Siento que el hecho de provenir de un país tan complejo como México, en el que conviven al mismo tiempo tantos niveles de desarrollo, me ayuda a entender mejor las cosas que veo, mejor que personas que provienen de sociedades mucho más desarrolladas. Cada vez más periodistas latinoamericanos y del resto del mundo estamos yendo a contar las cosas para nuestra gente, con los marcos de referencia de nuestra gente. Los mexicanos siempre solemos irle al underdog, al chiquito; en otras sociedades no les gustan los pequeños porque los ven como fracasados. Siempre trato de resaltar mi presencia en un lugar como mexicano, porque la gente detecta en mí actitudes que les parecen curiosas y que les llaman la atención, y eso puede servir desde una cuestión de información, hasta solamente agregarle un rasgo de humor a una narración.

Témoris Grecko está en México. Pero quién sabe por cuánto tiempo. Quién sabe cuánto tiempo pase antes de, como dice en su página, regresar a discutir con predicadores de Al Qaeda en el Sáhara, acudir a citas clandestinas con supremacistas blancos en Johannesburgo, rapear con MC’s palestinos en Ramala, admirar la valentía de los iraníes bajo el gas lacrimógeno en Teherán, documentar la participación de mujeres en las revoluciones de Oriente Medio. Porque a Témoris Grecko no le gustan las oficinas, porque ahí no llegan las historias de la gente común. De la gente que tiene problemas. De la gente que hace cosas para resolverlos.

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