Adictos al mismo sexo

OBIPSO-DE-VERFACRZA
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@ricardolopezc

El domingo temprano me descubrí con una de esas resacas que te destinan a pasar el resto del día arrepentido. Pensé que con esas nauseas no valía la pena ir a votar por algo tan absurdo como la Asamblea Constituyente. El problema es que, después de hablar tanto de los beneficios del voto, estaba intelectualmente obligado a caminar tres cuadras y tachar una boleta, aunque fuera sólo para cumplir con lo que mis cinco lectores esperan de mí.

Por eso, lo último que quería esta semana era escribir sobre las elecciones. Un texto más sobre la victoria del PAN y la derrota del PRI no va a salvar la democracia mexicana. El análisis aportado por el mausoleo de columnistas nacionales es más que suficiente. Escriben con la profundidad de un narrador de futbol y exigen que dejemos de perder el tiempo con candidatos menores. Leyéndolos, parece que lo único importante es relacionar los resultados del domingo con una elección para la que faltan dos años. Así estaba yo, pensando en las prisas de nuestro periodismo, cuando me topé con una declaración tan absurda que sería inmoral dejarla pasar sin dedicarle unos párrafos.

Creía que los únicos actores con licencia creativa del teatro que llamamos vida pública son los candidatos. Los mismos que una noche de domingo se declaran ganadores y amanecen el lunes con dos opciones tan vergonzosas como mexicanas: reconocer de mala gana la derrota o gritar fraude y huir a la sierra. Esta semana descubrí que también los encuestadores y, sobre todo, los sacerdotes católicos, pueden inventarse líneas para aparecer en escena.

El obispo de Veracruz – donde el gobierno de Javier Duarte ha desviado al menos 645 millones de pesos – dijo que el PRI perdió la elección por la iniciativa presidencial para garantizar derechos de matrimonio a todos los ciudadanos. “Los mexicanos normales, que son el 99 por ciento, no aceptan el matrimonio entre personas del mismo sexo y prueba de ello son las protestas de reclamo que ha habido en todo el país”, sentenció.

Quizá lo más interesante es que para el padre Luis Felipe Gallardo existen mexicanos normales. Yo llevo 22 años viviendo aquí y no recuerdo haberme cruzado con uno. Probablemente porque hace mucho tiempo que no voy al golfo. Tierra donde, por cierto, el año pasado este subnormal campeón de la cordura recordó que la iglesia acoge a los “adictos al mismo sexo” para “abrirles la mente y entiendan que no nacieron así”.

Cuando se descubren frente a un micrófono muchos olvidan que entre el blanco y negro hay una gama infinita de grises. Como si buscaran apelar a nuestros instintos tribales y dividir la realidad entre ellos y nosotros para avanzar sus intereses. El problema de creerse referente moral de un pueblo es que los referentes morales tienden a dar lecciones de rectitud y esas, a mí, me dan un poquito de vergüenza ajena.

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