Adiós Javier, adiós

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@MarianoMoreno7

Recuerdo aquellos días distantes. Exactamente hace seis años. Eran los tiempos de la plenitud del pinche poder, cuando lo que se resolvía con dinero salía barato. Todos querían saludar al candidato, abrazarlo, mostrarle su apoyo, hacerle notar que existían, porque no vaya a ser que se olvide de mí cuando gane ¡Candidato, candidato! ¡Aquí estamos, mi candidato! Al lugar que fuera no faltaban las porras, los fotógrafos, niños mostrando cartulinas con mensajes de apoyo, las promesas, la música, los aduladores del poder y los simpatizantes comprados ¡Qué viva el futuro góber, chingao! ¡Qué viva! Tampoco faltaban los empujones para acercarse a su corpulenta figura. Todos querían robarle un pedazo de su aire, como si el darle la mano fuera una garantía de la fortuna. “Que Dios me lo bendiga mucho señor, aquí estamos”. Había que quedar bien con el nuevo rey, confirmarle que los votos del pueblo ya eran suyos por derecho divino. “Regáleme una foto mi líder, mire, ahí está la cámara, muchas gracias, vamos con todo”. Qué tiempos aquellos, cuando parecía que el Papa se paseaba en Veracruz.

El estado se había tapizado de rojo: los malecones, las placas de los autos, desde los farolitos hasta las palmeras borrachas de sol. Y eso que todavía no se desencadenaba la carnicería que hoy padecemos. La publicidad del candidato mostraba un futuro muy diferente al que llegó. Un campesino viendo al horizonte: “Hemos hecho mucho pero queda mucho por hacer”. Un pescador lanzando sus redes al agua: “Nadie cambia de barco a mitad del río”. Una anciana balanceándose en su mecedora: “Forjando un mejor futuro para los que estamos y los que vienen”. Se prometía bienestar, resultados, una vida mejor. Y efectivamente llegaron el bienestar, los resultados y una vida mejor, pero para la corte celestial del nuevo gobernador. “Veracruz: Vamos Para Adelante”. Y adelante estuvo el precipicio.

Cuando le escribí a Pedro Joaquín Coldwell una carta que, sorpresivamente, se hizo famosa, el entonces gobernador montó en cólera. En dicha carta le expuse a Coldwell que los jóvenes que expulsaron a Enrique Peña Nieto de la Universidad Iberoamericana no eran infiltrados, sino verdaderos alumnos. Autoritario por naturaleza, el gobernador de Veracruz le mandó a decir a mi padre que “controlara” a su hijo. Preocupado por las posibles represalias que mi carta iba a ocasionar, le pregunté si quería que la borrara. Su respuesta fue una de las mayores muestras de amor que yo haya visto jamás: “Te apoyo y estoy contigo. Él será gobernador sólo por seis años, pero yo seré tu padre toda la vida.”

Pasaron los años y el carnaval terminó. Javier Duarte de Ochoa se convirtió en el peor gobernador de Veracruz y todo el México contemporáneo. Él, que era considerado por el Presidente como parte de la renovación moral de El Partido, miembro de una nueva generación que no cometía los pecados del pasado, ahora es un vil prófugo de la justicia. Está escondido, sea en una mansión o en un agujero, pero escondido como un roedor temeroso. Repudiado por todo el país, sus días de libertad están contados. Los logros de su gobierno están a la vista: deuda pública de 64 mil millones de pesos, 35 mil millones de pesos desaparecidos por arte de magia negra, cientos de muertos y desaparecidos, 20 periodistas asesinados, empresas fantasmas, falta de pago a proveedores, represión, fosas clandestinas, secuestros. Qué bonito informe de gobierno ¿Cuándo se había visto un saqueo de esa magnitud? Si no se robó la luna fue porque ya no le dio tiempo. Pobre de mi tierra. Nos salió muy caro tener un gobernador con ínfulas de dictadorzuelo barato ¿Qué se podía esperar de alguien que admira a Francisco Franco? Ni todos los ciclones del Golfo han causado tanto daño a Veracruz como lo hizo Javier Duarte.

 El Veracruz que inspiró a Agustín Lara ya no existe, tal vez duerma enterrado en alguna fosa olvidada. Yo voté por Javier Duarte y me arrepiento y pido perdón. Queda claro que no soy el único que debe hacerlo ¿Cuántas cosas cambiaríamos de conocer el futuro? Nadie dijo que las decisiones del pueblo son perfectas. Pero ya lo cantó Cuco Sánchez: “La vida es la ruleta en que apostamos todos y a ti te había tocado nomás la de ganar”. Adiós Javier, gracias por todo el amor que le diste a Veracruz, sigue disfrutando tus últimos días de libertad.

 Fallaste gobernador, fallaste.

Foto: ndmx.co

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