Agenda pública, agenda privada

lorenzo
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@ricardolopezc

Ni siquiera Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE, saldrá limpio del proceso electoral 2015. Esta semana se hizo pública una conversación telefónica entre Córdova y Edmundo Jacobo, secretario ejecutivo del instituto.

– No mames – dijo el consejero – no te voy a mentir, te lo voy a decir como hablaba ese cabrón: yo jefe gran nación Chichimeca, vengo Guanajuato, yo decir a ti o diputados para nosotros o yo no permitir tus elecciones.

Antes que nada permítame suscribir a lo que dijo Carlos Puig ayer en Milenio: “Si todo lo que digo en ambientes de esperada privacidad se hiciera público, tendría tal vez que renunciar no a mi trabajo, sino a la vida misma.” No es que yo sea subversivo ni irreverente en mis conversaciones privadas. Lo cierto es que soy un idiota y por eso espero que nadie me esté grabando cuando hablo por teléfono. Porque – sin afán de ofender a nadie – digo más tonterías antes de la nueve de la mañana que una persona normal en todo el día.

El audio en cuestión dura casi dos minutos. Dos minutos en los que escuché a Córdova actuar como un idiota burlándose de un personaje y una comunidad indígena. Si escribiera una lista de cosas que me indignan, que Córdova se burle de su interlocutor indígena no aparecería ni en los primeros cien lugares. Táchenme de insensible pero estoy a favor de la libertad de expresión y en contra de la corrección política. Todos – Córdova incluido – podemos burlarnos de quién queramos porque el derecho al ridículo es característica sine qua non de la libertad de expresión.

Alberto Serdán, a quién vale la pena leer sobre este tema, escribió que los dichos de Córdova son torpes pero no discriminatorios porque no negó derechos ni causó perjuicios o menoscabó libertades. Podemos estar todos de acuerdo, entonces, en que las palabras del consejero presidente no son ilegales. Descríbalas como quiera – de mal gusto, clasistas, racistas, malinchistas – pero no como ilegales.

Aquí vale la pena anotar que la interpretación cómica que hizo el consejero de un jefe indio no es la mejor que he escuchado pero tampoco la peor. Creo que hay que regañar al consejero más por la calidad de su broma que por la broma misma. Estaría más dispuesto a tirarle un jitomate por ser mal comediante que por “discriminar” a tal o cual persona. Nos cuesta aceptarlo pero los mexicanos somos muy mochos y muy correctos y nos duele enterarnos que alguien actuó en contra de “las buenas costumbres”.

No me parece grave que Córdova se haya burlado. Lo que me parece grave, lo que debería asustarnos a todos es el espionaje telefónico. El teléfono del consejero presidente del INE fue intervenido. Insisto: el teléfono celular del individuo más importante del instituto autónomo que organiza las elecciones en nuestro país no es privado. No quiero sonar conspiranoíco pero esa es una mala noticia para nuestra democracia.

Nos estamos acostumbrando a las grabaciones ilegales en México, escribió ayer Leo Zuckermann en el Excélsior. Estoy de acuerdo con él: “Es un error. No podemos permitirlo. Las autoridades deben investigar quiénes son los que están grabando las conversaciones privadas, e incluso las íntimas, para castigarlos. Esto no puede quedar impune, mucho menos verlo como normal, común y corriente.”

Celebro que Lorenzo Córdova se haya disculpado por lo que dijo. Sus comentarios fueron torpes y desafortunados, además de bastante bajos en la escala cómica. Lo que encuentro imperdonable es que alguien escuche, grabe y difunda conversaciones privadas. Parece que en México no hay distinción entre público y privado y eso es lo verdaderamente peligroso.

Foto: Tamaulipeco.com

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