Aquel día cuando México invadió Estados Unidos

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@MarianoMoreno7

Los gallos todavía no despertaban con su cantar a los habitantes de Columbus, Nuevo México, cuando una caballería de quinientos hombres armados se acercó a toda velocidad. En la Casa Blanca no se imaginaban que en ese momento Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, estaba siendo invadido por soldados del mítico Francisco Villa. El ruido de los disparos mezclado con el relinche de los caballos bastaron para despertar a todo el pueblo fronterizo. Los revolucionarios entraron a Columbus gritando “¡Viva Villa! ¡Viva México!”, mientras disparaban contra el primer gringo que tuvieran enfrente, fuera hombre o mujer. El asalto había comenzado. Incendiaron comercios y casas. Gritos por todos lados. La guarnición estadounidense, compuesta por trescientos soldados, repelía el ataque villista con poderosas ametralladoras. Los mexicanos disparaban contra los estadounidenses como si cada bala cobrara venganza por la invasión de 1847 y los latrocinios de California, Nuevo México y Arizona, entre otros históricos agravios. “¡Mueran los gringos! ¡Viva México!”, seguían gritando los soldados del Centauro del Norte mientras disparaban sus rifles. El país promotor de casi todas las invasiones en la Tierra era invadido por un puñado de mexicanos. No lejos de ahí, en la hacienda de Palomas, Francisco Villa aguardaba noticias sobre su nueva incursión militar.

La batalla duró seis horas. Casi un centenar de villistas había muerto, mientras del otro bando solo fallecieron dieciocho estadounidenses. Ante tal desproporción de bajas es claro que no se puede considerar el ataque a Columbus como una victoria para el general Villa. Este hecho me impactó mucho cuando era un niño que odiaba todo lo que oliera a Estados Unidos. Fue como descubrir que Santa Claus no existe por el simple razonamiento lógico de que es imposible en una noche entregar regalos en todas las casas del mundo. ¿Por qué celebrar lo que considerábamos una venganza contra el Imperio si hubieron más muertos del bando mexicano? Tampoco las armas nacionales se cubrieron de gloria como en la Batalla de Puebla, ya que en el ataque a Columbus si algo imperó fue el saqueo y asesinato de civiles inocentes.

Entonces, ¿por qué Francisco Villa decidió declararle la guerra a Estados Unidos? Versiones abundan, y preguntarle a Pancho Villa sus motivos verdaderos usando una ouija o un médium del más allá no es opción. La principal versión es que Villa estaba muy enojado con Estados Unidos por el apoyo que le dieron a Venustiano Carranza. Recordemos que Pancho Villa ya se sentía hijo de Hollywood por venderles derechos de exclusividad para filmar sus batallas. El general vio el apoyo estadounidense a su rival como una traición y buscó cobrárselas, desencadenando lo que pudo haber sido una nueva guerra entre México y Estados Unidos. Otras teorías hablan de que el Centauro del Norte quería evitar con el ataque a Columbus que se firmara un pacto de los gringos con el gobierno de Carranza. Otras voces afirman que en realidad todo fue una venganza contra unos traficantes de armas que le habían vendido mercancía defectuosa e inservible.

Aunque hay otra teoría que no es del todo descabellada: dos años antes del ataque a Columbus se había desencadenado en Europa la Primera Guerra Mundial. La participación de Estados Unidos en La Gran Guerra era más inminente que la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Por lo tanto, ¿qué tal si las intenciones de Alemania era mantener ocupado a Estados Unidos en una guerra contra México mientras ellos se encargaban de Inglaterra y Francia? ¿Qué tal si Pancho Villa recibió dinero del káiser alemán para desencadenar el conflicto? Una vez que Alemania dominara Europa se irían por Rusia, que se desangraba con su Revolución de Octubre, y de ahí contra Estados Unidos, que ya le habría destinado varios recursos a una eventual guerra contra México.

Sea cual sea el verdadero motivo del ataque a Columbus, a partir de ese momento los gringos le pusieron precio a la cabeza de Francisco Villa. Diez mil soldados estadounidenses -bajo el mando del general Pershing- ingresaron a México con el único fin de atrapar vivo o muerto a Villa. Después de once meses, la Expedición Punitiva fracasó y Pancho Villa nunca fue capturado. Debieron haber buscado mejor en las cuevas tarahumaras. Hoy en día, en la casa-museo del general en Chihuahua, se puede apreciar un cartel original, y en inglés, que ofrece una recompensa de 5 mil dólares, por quien en otros tiempos se hacía llamar Doroteo Arango.

A cien años de que la gallina mordiera al zorro y la liebre fusilara al cazador, como diría Eduardo Galeano, el espíritu de Francisco Villa no abandona Columbus. Bandido, asesino y saqueador para los gringos, héroe revolucionario con aires de Robin Hood para la mayoría de los mexicanos. No hay río, desierto o muro alguno en la frontera, ni siquiera el que quiere construir Donald Trump, que impida el paso del fantasma de Francisco Villa una vez más a los Estados Unidos. Nuevas invasiones mexicanas se han ido dando desde aquel 9 de marzo de 1916. Gran ironía que la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo es Los Angeles, como si poco a poco se estuviera recuperando el territorio arrebatado. Hace 3 años que los  Oscar a Mejor Director y Mejor Fotografía no se van a otras manos que no sean mexicanas. Pero la gran carcajada que del general, si viviera, sería porque hay una estatua suya en el downtown de Tucson, y porque el parque estatal de Columbus tiene por nombre “Pancho Villa”.

Imagen: City-Data

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