Batitis Aguda

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@Joso9

Incluso para los ateos, el doctor Esaul es casi un santo. En innumerables ocasiones ha visitado mi casa o ha abierto las puertas de la suya sólo para revisar los pulmones, gargantas, narices y bocas de mi familia. Le hemos llamado a altas horas de la noche para pedirle consejo sobre alguna emergencia médica e, incluso, lo hemos molestado durante sus días de descanso en Cuernavaca. El doctor Esaul sabe los nombres de los miembros más cercanos de mi familia, se dirige hacia nosotros por nuestro apodo y estuvo presente en la fiesta de 80 años de mi abuela. Quizá porque durante un tiempo consideró convertirse en sacerdote, el doctor habla lentamente y con profundo respeto; escucha y da consejos que exceden su profesión. Cuando mi padre se quedó sin trabajo por un tiempo y estuvo al borde del colapso nervioso, el doctor platicó con él durante varias horas sólo para tranquilizarlo.  Y a pesar de todo, creo que jamás nos ha cobrado más de $200 por una consulta.

Verán, esta introducción tan cursi es para enfatizar en el profundo respeto que tengo por los médicos y sus artes. Yo sé que es mucho lo que les debemos. Por ejemplo, al doctor Escudero y a la doctora Yolanda les debo que mi madre siga viva. No sólo eso, mientras duraron las quimioterapias y radiaciones para combatir el cáncer, siempre tuvieron con nosotros la atención más amable que se puedan imaginar. Como ávido creyente de la medicina occidental, no dejo de admirar todos los días la labor que los doctores hacen por nosotros.

Dicho lo cual, debo reconocer que los memes que han surgido últimamente sobre los estudiantes de medicina me han partido de la risa. La principal burla hacia ellos es que sin importar si están operando, tomando clases o comiéndose unas garnachas en la esquina, nomás no se quitan la bata. También me dí cuenta que no soy el único que mira con recelo las publicaciones de sus amigos en Facebook. “Amo mi carrera”, “No he dormido nada”, “725 horas seguidas de guardia sin dormir ni comer ni ir al baño”, “Ustedes ni pueden decir esternocleidomastoideo”… ya saben, ese tipo de cosas que algunos futuros galenos gustan de compartir en sus redes sociales.

No tengo idea de cómo un tema tan trivial como éste de repente gana atención y se vuelve viral, pero creo que buena parte se debe a que en el fondo los memes están diciendo la verdad. Si fueron compartidos tantas miles de veces es debido a que hay miles de personas preguntándose por qué los estudiantes de medicina no se quitan la bata. O porque somos miles los que tenemos algún insoportable amigo que nos sacó un poco de quicio los años que duró su carrera de medicina.

También creo que hay un deseo secreto de castigar la arrogancia de los futuros médicos. Cuando uno va al doctor sabe que está poniendo la salud en sus manos, sabe que tiene que seguir sus instrucciones y confía ciegamente en que en un tiempo estará curado. Creo que nadie está dispuesto a restarle méritos a una carrera tan difícil y que, en general, hace tanto bien. Pero el hecho de que día sí y día también algunos de nuestros amigos suban selfies estilo aquí-bien-cansados-después-de-la-guardia quizá nos parece un exceso. Ya sé lo que me van a decir. Es más, alguien ya me lo ha dicho: “No tienes idea cómo es tener que ir a clases y luego estudiar toda la noche y luego hacer guardia 725 horas sin dormir, ni comer, ni ir al baño…”, pero el punto es que nadie los obligó a hacerlo. Yo escogí escribir columnas para burlarme de la vida cotidiana y lo hago con el mayor de los placeres (casi) cada martes.

Pero quizá lo más divertido de la controversia es ver cómo responden algunos doctores y estudiantes ante los memes: con la misma arrogancia de la que nos burlamos. “Yo no tengo tiempo para estar estudiando humanidades y leyendo libros”. Parece que tantas horas de desvelo y guardia les han quitado el sentido del humor y eso es terrible. En palabras del cronista Alberto Salcedo Ramos: “Usamos el humor para ayudarnos a vivir. Intuimos que si la risa existe es porque se necesita para soportar ciertos golpes inevitables.”

La risa puede ser agridulce, sobre todo cuando el motivo de la burla es uno mismo. Pero a lo largo de los años cada uno aprende a reírse de sus defectos y de la carrera que estudió. Vaya, hasta los argentinos han aprendido a reírse de su ego. Creo que la falta de humor es un mal que afecta solamente a los estudiantes de medicina, se les quita con el tiempo.

En fin, los memes son siempre una forma controversial de reflejar una parte de la realidad. Vivimos en país democrático y Facebook es un medio libre, lo que significa que mis amigos médicos tienen todo el derecho de seguir subiendo selfies de sus ojeras, mientras los demás tenemos derecho a seguir compartiendo memes a diestra y siniestra. Aunque, seguramente, la fiebre viral contra los estudiantes de medicina no durará mucho más. Por cierto, creo que no les comenté que el doctor Esaul es un ávido lector de ficción; cada cierto tiempo le regalamos algún libro que acepta con su sonrisa de siempre. Ahí queda el dato.

Foto: Especial

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