Burning Feet: el fuego, el fetiche y el caleidoscopio

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Por: Luz Adriana Pérez-Morales (@LuzAdrianaPM)

Fotos: Manuel Riestra (@manuriestra)

Carlos Metta tiene su estudio en casa y para entrar en él primero hay que atravesar un largo camino de instrumentos: tambores, timbales, instrumentos de viento, guitarras y teclados, todos de distintas tamaños. Al fondo hay una cabina, donde uno se imagina que la talacha sucede. La cabina es pequeña y hasta cierto punto acogedora a pesar del imponente equipo de sonido donde se recargan también otra cantidad de instrumentos.

Carlos tiene una barba prominente y un aire relajado de viajero frecuente; ha pasado largas temporadas en medio de la nada, tiene kilómetros y kilómetros de caminata que le han dotado de historias.

Carlos formó hace dos años la banda Page Sounds junto con Teddy Nanes, a quien conocía desde hace tiempo. El verano pasado publicó Burning Feet, su primer álbum y su trabajo más ambicioso hasta el momento. Ninguno de los dos sabe leer o escribir música, la complejidad de sus creaciones se va hilvanando por un patrón esquizofrénico de colores, no de medidas o estructuras. Page Sounds inició como un proyecto anónimo en internet con dos canciones que Carlos produjo y subió a Soundcloud. Incluso abrió una página de Facebook con la imagen de la banda, y empezó a compartir entre sus amigos como si él no fuera el autor. En ese entonces la banda era solamente postrock.

Hoy, a raíz de la evolución de Page Sounds, las canciones tienden a crecer hacia el final con sonidos más estridentes que en los primeros diez segundos. Los inicios bosquejan de manera dispersa y casi aislada diferentes rasgos; rumbo al final, el impacto de los cierres de las piezas son como entender el boceto, y cada una otorga un rostro distinto.

Carlos mueve el mouse de un lado a otro encontrando esos ejemplos. Como “Hunting Birds“, “Walk this Land” o “Adam Mori“, la única –además de “Taking time” de Teddy Nanes–  que no escribió Carlos sino Tan Engel, con la colaboración vocal de Eliran Turberlirov.

Desde hace tiempo, Carlos componía piezas por encargo para cine y para teatro, pero nunca había tenido un proyecto 100% propio y serio. Su primera presentación en vivo fue en un pequeño festival. Después viajó a Vancouver a estudiar Diseño Sonoro y ahí ocurrió gran parte del proceso creativo de Burning Feet. Desde allá, Carlos le envió el material a la disquera Pedro y el Lobo. “Si les gusta Balmorhea, les va a gustar mi música”, pensó.  Y así fue. Pedro y el Lobo citaron a Carlos para cuando estuviera de vuelta en México.

Al volver, Carlos fue a Pedro y el Lobo y buscó a Teddy –un guitarrista a quien ya conocía de hace tiempo– para concretar el proyecto. En vivo tocan ellos dos, pero también Luis, Andrés y Daniel. En el estudio es Carlos, sus instrumentos, y horas y horas de postproducción.

Entonces ya no hubo anonimato, Page Sounds tomó rostro en un largo proceso de selección: dos años de trabajo y experimentos, trescientas composiciones de las que quedaron las nueve piezas que conforman Burning Feet.

“Yo todavía no sentía cohesión en mi trabajo y cuando decidí hacer el disco fue cuando vi esta línea que podía tomar el proyecto y la banda, que es muy, muy personal. Es muy lejos de donde empezó,  ninguna canción se parece a la otra. Sin embargo, tienen algo en común que no sé qué es y eso creo que es lo que hace a Page Sounds” comenta Carlos.

Imaginar tantos instrumentos en una canción sería como pensar la personalidad de una decena de actores en escena; tal parece que todos conspiran para dar la misma historia desde su percepción.

Page Sounds empezó el día que agarré una guitarra. Teddy una vez dejó su guitarra eléctrica en mi casa y me puse a jugar con ella, saqué dos acordes y fue cuando hice la primera canción de Page Sounds. Yo llevaba haciendo batería muchos años, también piano, muchas de las canciones nacieron cuando agarré el ukulele… entonces, ha sido como… es raro cómo compongo canciones porque primero encuentro un sonido y después sale la canción de ahí. Teddy y yo somos coleccionistas de instrumentos. Un día puede llegar Teddy “Güey, me compré un bağlama. Chingón, vamos a hacer una rola con bağlama”, entonces la trae y encontramos cosas que se oigan bien y de ahí nace la evolución de volvernos multinstrumentalistas. Page Sounds no hubiera nacido si sólo yo tocara piano o si Teddy tocara sólo guitarra.

¿Cuál es el valor de que tenga tantos instrumentos?

Puro fetiche (risas). No, es que somos muy clavados… yo en particular soy diseñador sonoro, esa es mi chamba y soy muy, muy clavado con el sonido y con los timbres. El proceso de composición cambia según con lo que tienes en las manos. Ninguno de los dos estudiamos música, ninguno de los dos sabemos leer, no sabemos escribir. Creo que el valor de tener tantos instrumentos es que tengamos la posibilidad de experimentar y de componer cosas que van más allá de lo que creíamos que podíamos hacer con ciertos instrumentos.

¿Improvisación?

Sí, todo lo que compongo es una improvisación. Más bien, nace de la improvisación… primero Sol, luego Mi, luego La. Sí es el hecho de pasar horas frente al instrumento y frente a lo equipos de los pedales y decir “esto suena bien, esto no”.

¿Qué postura tienes frente a clasificar tu música en algún género?

Lo odio. Porque cuando me preguntan “¿qué tocas?” digo “no sé…” No es por mamón, pero no es como que irías a Mixup a buscarlo a la sección de rock… no es rock, no es postrock, no es World Music, tampoco es electrónica… no sé. Creo que lo más cercano sería experimental.

En cuanto a la sensación caleidoscópica y lo que Page Sounds sabe hacer…

Sí, porque mientras tú vas escuchando el disco, vas escuchando las canciones, y en un movimiento, todo cambia. Todas estas figuras de plástico o de cristal, cambian de posición y sigue siendo algo estético, algo bonito, sigue teniendo congruencia con lo que viste antes pero es una imagen completamente diferente. Pueden ser los mismos colores pero la imagen y la estructura es completamente diferente. Eso es mucho lo que pasa con nuestras canciones.

Todas las canciones de alguna forma tienen que ver. ¿En qué? pensar en las cosas en común sería decir que todas tienen mucho diálogo, todas comparten cierta densidad instrumental y simbólica. Todas hablan de cosas naturales y abstractas: el tiempo, el frío, el fuego, la noche, el miedo… todo apunta a un momento íntimo. ¿Cómo iban a entrar todas dentro de un sólo genero?… en un género no, pero tal vez sí en una misma historia.

¿Qué te hace perder el control?

No me aburro. Una banda en la que un músico se mantenga tocando con los mismos instrumentos, bajo la misma métrica, bajo los mismo instrumentos, en un estilo completamente establecido… a mí me aburre aunque hay gente que le gusta, que le da seguridad. A mí no. A mí me gusta eso, me gusta experimentar. Cuando una canción se parece mucho a la otra, la desecho.

Es interesante la unión del multinstrumentalismo. ¿Cuáles son las dificultades que llegan a tener para coordinarse, para que un instrumento predomine sobre otro?, la técnica a la hora de crear…

Por lo general, cuando hago las canciones el instrumento predominante es en el que se compuso la canción. Es donde suena más natural, es donde creo que la esencia de esa canción sale más a relucir entonces, ese es el instrumento predominante. La voz es el instrumento predominante en todas las canciones, no tanto por mis habilidades de cantante que son nefastas sino por el mensaje. Creo que las letras son parte fundamental en el disco y es lo que le da cohesión, es un viaje metafísico.

Mucho del resultado final se decide a la hora de producción. Cuando Carlos se sienta frente a la computadora pueden pasar horas de mezcla pero también de composición pero, para ese momento ya está establecido qué instrumento será la base, y cuál será el juego del resto. La canción es lo más importante, después el instrumento.

Las millas recorridas que ayudaron a Carlos a hablarnos sobre el silencio, el miedo, el hambre, la soledad, el frío o el fuego hicieron a Carlos aprender a improvisar y aun en la improvisación a tener mucha disciplina en cada uno de sus proyectos, llevar lo abstracto a lo concreto.

¿Por qué se sostiene una canción?

Por la relación que tiene consigo mismo en cuanto a que la letra, la música, la producción… la canción se sostiene si funciona. Soy muy pragmático en ese sentido. Si la canción se mantiene como al final, firme a lo que es, independientemente de los instrumentos que se sumen.

Recientemente, Page Sounds estuvo en el Bazar Capital Urbano, en ALAM+PETROV también ha tenido presentaciones en bares del DF, también ensayos en vivo con los seguidores del disco, ¿Qué importancia tiene el performance a diferencia del disco para Page Sounds?

El disco nunca se va a parecer al performance. No nos vemos tocando en el Vive Latino, el performance es una construcción con el público, es muy frágil. Si la acabamos en el momento el público ve cómo la resuelve. La experiencia en el disco es mucho más sensorial, es un viaje y está mucho más producido y sí te llena el coche.

¿Cuál es la historia?

Mis pies estaban ardiendo.

Encuentra más sobre el trabajo de Carlos Metta  y escucha Tula, su última producción.

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