Opresión y hueva

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Por Ricardo López Cordero (@ricardolopezc)

Sé que algo anda mal cuando en Facebook no encuentro videos de pandas dando marometas sino largas publicaciones escritas por mis amigos virtuales. Los prefiero cuando ponen historias inspiradoras sobre supervivientes de cáncer porque, cuando los leo sobre la actualidad nacional, casi siempre preferiría ser de otro sitio.

El comportamiento virtual que vi desde el DF durante el enfrentamiento de Nochixtlán es descifrable sólo a partir de algo que José Pablo Salas llamó la fresez del discurso: “Lo ocurrido es lamentable en muchísimos niveles, pero no podemos dejar que nuble nuestra capacidad de reflexión. Sumarnos al cinismo fresa de la derecha o a la superioridad moral de una izquierda acrítica no aporta nada a una discusión que ya de por sí es compleja y enrarecida.”

 

Cuando Yeipi habla del cinismo fresa de la derecha se refiere a los que escribieron largos comentarios explicando que las protestas de la CNTE no son más que un atentado al orden y progreso del país. O a los otros tantos que pedían intervención militar inmediata en Oaxaca. Los menos comprometidos con la causa cínico derechista se limitaron a decir que los manifestantes eran una “bola de revoltosos” o que “a esas marchas van puros delincuentes huevones”.

 

La masa enfurecida de internautas de izquierda tampoco se quedó atrás. El tono condescendiente con el que “defendían” a un grupo de sencillos y sabios profesores rurales es como para obligarlos a quemar sus discos de Silvio Rodríguez. Quizá lo peor de los voceros de la superioridad moral de la izquierda acrítica (Yeipi dixit) es que han leído más y sus ideas, aunque tan idiotas como las de los derechos fresas, son mentirosamente convincentes: “Lo único peor que un gobierno dispuesto a aniquilar es un gobierno flemático e insensible en su disposición de aniquilar”.

 

Lo que pasa con la fresez del discurso es que no es suficientemente cínica. Se encuentran una foto de un sujeto golpeado y reclaman justicia para el pueblo oprimido. Otros ven camiones incendiados y culpan a los maestros “huevones y egoístas” del atraso económico de la República. He visto al mismo policía sangrando en protestas del DF, Oaxaca, Guerrero y Michoacán. Por eso digo que nos iría mejor si fuéramos un poco más desconfiados. En vez de creer ciegamente en las versiones, tendríamos que aceptar que todos los actores públicos tienen intereses por avanzar.

 

El peligro de opinar a botepronto es que lo hacemos sin demasiada información. Cuando las únicas fuentes para explicar el conflicto son la Policía Federal y la CNTE, mejor hay que esperar a que el humo se disipe. Son instituciones que no se caracterizan precisamente por describir la realidad en sus acercamientos a la prensa. Por eso los muertos de Nochixtlán merecen un debate más profundo que el que tenemos, limitado a epítetos setenteros y lugares comunes. Afortunadamente tenemos el trabajo de los periodistas que estuvieron ahí. Sin ellos seguiríamos presos de las más que cuestionables versiones.

 

 

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