Cartier-Bresson en Bellas Artes

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Por Fernanda Zamora (@FerZaaa)

Como la envoltura de un regalo, la experiencia de una exposición empieza con el recinto que la acoge. Los lugares le contagian a las muestras un poco de su aroma, de su estilo.

En este caso, la cúpula de fuego art decó y las esculturas de Bostolfi que conviven con los caballeros aztecas, le dan un aire de majestuosidad al tan emblemático Palacio de Bellas Artes. La visita empieza con la esencia mítica y decadente del gigante de mármol, que se refleja en el lento hundimiento de la joya arquitectónica.

El interior art nouveau, con las lámparas colgantes, crean la atmósfera ideal para el viaje temporal a través de la lente de Henri Cartier-Bresson. La mirada del siglo XX es un recorrido que a lo largo de 398 piezas transporta al visitante a momentos precisos. Son fotografías que llevan a aguantar la respiración por miedo a alterar la exactitud de la composición.

Nacido en Chanteloup, Francia en 1908, Cartier-Bresson supo mezclar su talento con una intuitiva lectura histórica que le permitió capturar imágenes coyunturales y dar origen al concepto de “instante decisivo”. La persecución de aquella realidad congelada lo llevó a ganar el premio Hasselblad en 1982 y a convertirse en el ojo del siglo hasta su muerte en Francia, en 2004.

La premisa de la exposición es mostrar las diferentes facetas del fotógrafo galo. Su acercamiento inicial al arte, la experimentación que le dio la cercanía con los “ismos” europeos, su paso por el periodismo fotográfico y su etapa final alejado cada vez más del la lente y del anonimato tan anhelado a lo largo de su carrera.

Los giros estilísticos son innegables, lo que hace posible delimitar las facetas del artista. Pero la esencia de Cartier-Bresson trasciende las fronteras de la catalogación.

Las piezas que pretenden ser la incursión del surrealismo en la fotografía, tienen también un trasfondo social: cuentan historias con fragmentos de realidad. De una manera muy similar aquellas obras que aspiran a ser documentación histórica absoluta, son presentadas con una composición tan precisa que denota el talento del artista. La imagen de un escaparate de productos religiosos se vuelve también el reflejo de la sociedad francesa de los 30’s, cuya laicidad post-revolucionaria contrasta con los grandes centros de adoración como la ciudad de Lourdes. La foto de unos niños sevillanos tras un muro bombardeado se convierte en una pieza artística que evoca a la fantasía.

Al analizar las obras me doy cuenta de que, si bien la definición de arte y de talento es absolutamente discutible y puede generar más opiniones que si el vestido es blanco o azul, hay ciertas cualidades que dan el dictamen final, que ponen la distancia entre el artista y las fotos de perritos. Las piezas de Cartier-Bresson pueden o no ser del agrado popular, pero su capacidad de leer el momento histórico, de contar historias con un solo vistazo y la destreza de apretar el obturador en el momento preciso, son las habilidades que lo convirtieron en uno de los grandes fotógrafos de la historia.

El recorrido termina con un asombro que raya en la incredulidad debido a la ubicuidad casi mágica del artista. Su capacidad de entender la coyuntura de los sucesos y de poder reflejar en una imagen el sentimiento colectivo, generó piezas que me hicieron desear haber pagado los 30 pesos del permiso de fotografía para poder llevar un pedacito de toda la historia contenida en la sala.

La experiencia resulta casi tan surrealista como las primeras piezas del fotógrafo. Empieza con un viaje a África, pasa por la experimentación de las formas con retratos cortados o desfigurados, coquetea con el cine en un corto de la guerra civil española y termina con imágenes del funeral de Gandhi y de la Cuba post- revolucionaria.

La muestra, que estará abierta hasta el 17 de mayo de 2015, cuesta $49 y es gratis al presentar una credencial de estudiante (si ya no está vigente ni lo intenten, no es que me haya pasado).

Palacio de Bellas Artes / Martes a Domingo / De 10:00 a las 17:30 horas.

Fotos: Conaculta

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