Combatir al Frente

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@ricardolopezc

Lo que más me preocupa del Frente Nacional por la Familia no es que hayan conseguido que más de un millón de mexicanos protestaran contra los matrimonios gay. A mí lo que me asusta del Frente por la Familia es que, después de hablar con varios de sus miembros, puedo decir que a simple vista no parecen lo que son.

En Puebla conocí a Andrés Labarca, amable y simpático padre de ocho hijos. Convencido me dijo que las ballenas son ballenas, los delfines delfines y las familias hombre y mujer. Una señora que sonreía mucho y se preocupaba porque todos nos cuidáramos del sol me explicó pacientemente que los homosexuales simplemente están confundidos.

Aunque sus miedos son tan medievales como sus propuestas, no usan el mismo castellano que Berruguete, ni sujetan la sotana con una cuerda. Tampoco pretenden organizar autos de fe en los zócalos de la República, ni llevan el cilicio atado a una pierna. Lo cierto es que la gran mayoría de ellos esconde cotidianamente su homofobia y va por la vida como un ciudadano más.

Son ingenieros, empresarios, amas de casa, taxistas, barrenderos y estudiantes. Sus voceros son medianamente elocuentes y dicen sostener sus argumentos con datos, estudios, investigaciones y expertos. En un descuido tal vez nos podrían convencer que la barbaridad que anuncian es cierta.

Iñaki Uriarte escribió en sus diarios que el fondo y la forma existen y son diferentes. “Las mismas insensateces farfulladas por un borracho en un bar a las tres de la madrugada cobran respetabilidad al día siguiente por venir impresas, con una adecuada sintaxis, en la sección de opinión de un periódico”.

Eso son los del Frente por la Familia. Borrachos de bar farfullando insensateces. Sólo que lo hacen en un tono amable, con una gran campaña publicitaria, posters de colores y una muy bien fingida preocupación por la niñez. Que no cobren respetabilidad sólo porque sus ideas vienen impresas, con adecuada sintaxis, en la realidad mexicana.

El sábado estarán marchando del Auditorio al Ángel de la Independencia. Los voceros del Frente Orgullo Nacional, que reúne a los colectivos LGBT, han dicho que “rodearán” al Ángel para que los defensores de la familia no lleguen. A mí todo esto me suena a que habrá gritos, insultos y tal vez algunos puñetazos. Yo siempre he sido mucho de gritos e insultos, pero los puñetazos me parecen un exceso de confianza. Hay muy pocas cosas por las que vale la pena convertirse en mártir, entregando el cuerpo a una causa.

Salvador Camarena escribió que este es no es un concurso de popularidad sino un asunto de derechos. Estoy de acuerdo. No se trata de organizar más marchas ni gritar más fuerte que ellos. A Jabois le leí que luchar contra el poder es algo muy bonito que une mucho. Y tiene razón. Hay que luchar contra el Frente por la Familia.

Hay que recordarles que en esta República todos tenemos los mismos derechos y que si alguien está tratando de imponer una ideología, son ellos. Aun así, no creo que la mejor forma de protestar contra el Frente por la Familia sea cercando el Ángel de la Independencia. Lo que defiende la comunidad gay es sensato y necesario. Pero rodear el Ángel y publicar una lista de sacerdotes gays es más farfullo que otra cosa. Por eso creo que no vale la pena perder el sábado bajo el sol, tratando de gritar más fuerte que un grupo de mexicanos que se aferran a un país que realmente nunca existió.

Foto: Starmedia

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