Comentario: Te Prometo Anarquía

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Por José Luis Rangel (@jjllljj)

La primera vez que vimos Te Prometo Anarquía fue en el Foro Internacional de la Cineteca. Al salir, todos hablábamos citando los diálogos. Entre los espectadores se encontraba el Pelukaz Martínez, protagonista de la película, quien se tomó una foto con los asistentes posando como si se tratara de un equipo de futbol: había algo en la foto como de retrato generacional.

En Te Prometo Anarquía convergen los dos temas que más se utilizan para argumentar el “estancamiento” del cine mexicano: el narcotráfico y el amor homosexual adolescente. Aquí, el segundo se da sobre el telón del primero, o más bien, a pesar de él. Pero nada es evidente en el filme. El amor de Miguel y Johnny no es precisamente closetero: tanto la novia de Johnny como las madres de ambos saben de su existencia. Tampoco es trágico, como suele ser costumbre en el cine mexicano. Lo que sí es, es subversivo, como todo amor que se da en medio de la violencia y el sinsentido. Subversivo y libre como el barquito de papel que navega las sábanas de Miguel y Johnny cuando cogen.

Pero el amor de Miguel y Johnny también es doloroso, porque está fundamentado sobre su insistencia en vivir al cien por ciento en el presente de un país dividido y desigual. Los roles de poder entre el chavo fresa y el hijo de su “criada” se invierten, de forma que es el rico quien se desespera por atar al pobre, aun cuando éste sólo le concede el derecho de ser el activo en su relación sexual.  Incluso hay una subversión del mito del migrante, pues no es el marginado el que cruza la frontera, sino el niño de buena familia el que se vaya huyendo de la responsabilidad y el caos mexicano. Al final, ese mismo presente que tanto buscan termina por separar a Miguel y Johnny, presentándose en forma de una desgracia común en México, como lo son los levantones en el norte del país. Inevitablemente, hay ecos de la desaparición de los 43 estudiantes en Ayotzinapa en 2014.

Quizás, Te Prometo Anarquía es el himno generacional mexicano que muchos profetizaban desde que se estrenaron películas como Sólo con tu pareja  y Temporada de patos. El zeitgeist se manifiesta en sus temas, pero también en la decisión de castear a personajes de la generación tuitera como Milkman y Ashauri López. Hay aquí un profundo amor por la juventud, la rebeldía y las culturas que retrata. La onda skate no es solamente superficial en la película; está representada en el título por Rafael Romero (un guiño también a la Guatemala del director) y en la pantalla por el ícono Nito Escalante. Quizás la aparición más importante sea la de Sarah Minter (Q.E.P.D) como la madre de Miguel: Nadie es inocente, otro retrato generacional, debe de haber servido como inspiración de Te Prometo Anarquía para más cosas que sólo la pipa de agua en la que vive Johnny.

Hacia el final de la película, cuando Miguel y Johnny entran patinando a los Estudios Churubusco, persiste incluso la sensación de que la trama se ha vuelto metanarrativa, que los cineastas nos estan queriendo mostrar las entrañas de la película, y que Te Prometo Anarquía es un homenaje a todos los que hacen cine en México – una disciplina que en medio de la violencia se vuelve tan subversiva como patinar o amarse. Y es que la sensación más importante en el filme es la de la experiencia: no sólo la que compartimos todos al ver la película sino también la de los implicados en su realización. Si en Te Prometo Anarquía conviven personajes necesarios para comprender nuestro país y nuestra década, podemos sospechar que la experiencia que más destaca es la del director Julio Hernández Cordón, cuya biografía refleja un poco el recorrido de la película: de origen mexicano, nacido en Guatemala y criado en Fort Worth (a donde huye Miguel obligado por su madre). Es esta internacionalidad la que le permite a Hernández  brincar de un tema a otro y que la música de la película pase con facilidad de Los Iracundos a Galaxie 500.

El milagro más grande en Te Prometo Anarquía es la forma en la que logra retratar la Ciudad de México. A un espectador extranjero, la visión de la ciudad que Johnny y Miguel recorren como vampiros contemporáneos le permite apreciar lo que en esencia es: un monstruo hermoso y horrendo. Pero para el nativo se revela además una continuidad en los espacios que sólo podría lograr alguien que hubiera vivido y sufrido en la capital. Este amor infinito por la urbe se traduce en lo que posiblemente sea el retrato más hermoso de Ciudad de México realizado en los últimos años.

Varios días después de ver Te Prometo Anarquía por primera vez, apareció en mi facebook la foto que el Pelukaz Martínez se tomó con los asistentes en la explanada de la Cineteca Nacional. Entonces entendí lo que la película era: un film de época ambientado en el presente y una máquina de tiempo en la que la administración Peña Nieto vivirá por siempre, para bien o para mal.

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