Cuestión de humor

MCH_GERMAN-DEHESA
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@MarianoMoreno7

No podía dormir. En la ventana resbalaban las gotas de las lluvias de septiembre. Para combatir el insomnio estuve a punto de llegar a remedios extremos como volver a ver el tercer informe de gobierno del preciso, tan cerca de las cifras y tan lejos de la realidad. Pero hay maneras más dignas para destruir el cuerpo. Ese día se cumplían cinco años del fallecimiento de una de las mentes que más han influido en las blasfemias que uno suele escribir. Para alcanzar la duermevela, me puse a recordar cuando lo vi por primera vez.

En un lugar de Veracruz de cuyo nombre tengo que acordarme se realizó con mucho éxito el Encuentro Internacional del Mar, evento que superó al milagro de las taminillas y los peces al congregar en Coatzacoalcos, una ciudad petrolera, a la mayor parte de la llamada crema de la intelectualidad. Créanme cuando les digo que no le pedía mucho a la FIL de Guadalajara. Lamentablemente se dejó de hacer por razones ajenas a la inteligencia pero lo recuerdo como si fuera ayer. Era el año 2005, yo tenía trece años, todavía no conocía a las chicas que me dijeran que no, y usaba unos lentes que me hacían parecer al niño que adoptó a Stuart Little.

Por los pasillos del Centro de Convenciones de Coatzacoalcos podía verse caminar a autores e intelectuales como Carlos Monsiváis, Denisse Dresser, Jorge Castañeda, Sergio Sarmiento; comediantes como Andrés Bustamante, mejor conocido como el Güiri Güiri; y cantantes de la talla XXXL de Pablo Milanés, Tania Libertad, Eugenia León y Luis Eduardo Aute. 

Recuerdo los consejos de Ángeles Mastretta sobre cómo combatir a la temida página en blanco sin tener que arrancarse la vida. Pero recuerdo que hubo un personaje que me llamó particularmente la atención. El Teatro de la Ciudad estaba lleno como si detrás del telón se encontrara amarrado King Kong, la octava maravilla del mundo. Ante la aparente aburrida conferencia, yo ya estaba dispuesto a dormirme (les recuerdo que tenía 13 años) cuando apareció un viejito con el rostro de calavera, lentes, camisa blanca y orejas a la Salinas de Gortari. En ese momento Germán Dehesa se volvió un maestro. Me impactó el uso de su humor y la ironía para relatar las cosas más simples. Se burlaba de su infancia, de los parientes que nadie quiere ver en Navidad pero con los que tiene que convivir, del desamor, de los políticos, de la vida. Aquello fue un festival de la risa. Nos dio consejos de sexualidad: “Si van a tocar el piano, que sea con guantes”. También consejos para moderar el consumo de alcohol: “El que esté libre de pecado que arroje la primera chela”. Sabios consejos de lectura: “El libro es la llave que abre el Paraíso. Ya dejen de estar viendo cochinadas que les van a salir cosas en los ojos. Mejor lean, lo que sea pero lean, hombre; no, el TvNotas no cuenta”.

Por supuesto que nos preveía de los pecados capitales: “La lujuria es una maravilla. Hay que cultivarla al máximo. Hay gente que por no entrarle a la lujuria le entraron a la gula y la envidia y acabaron en la pereza”.

Al final de la conferencia dijo: Se despide de ustedes…Germán…(y señalando a cualquiera de las mujeres del público)….De-h-esa…

Después descubrí que ese viejito simpático tenía una columna en el diario Reforma, La Gaceta del Ángel, que valía cada peso de la suscripción al periódico. Me atrevería a decir que era la columna más leída del país. Y no sólo eso, sino que también tenía libros, programas de televisión, recomendaba clásicos de la literatura. Hasta salía con José Ramón Fernández en Los Capitanes hablando de deportes. Todo con el humor inteligente que siempre lo caracterizó.

Me pregunto cómo habrá tomado Germán Dehesa tantas cosas de las que se ha perdido. Sin duda que con las armas de la palabra, la ironía y el humor. Me imagino el banquete que se habría dado con la pifia del hoy preciso en la Feria del Libro de Guadalajara, cuando no pudo mencionar tres libros que lo hayan marcado. Él se enorgullecía mucho de México, pero presiento que también hubiera sentido vergüenza por la desaparición de 43 estudiantes, de la (segunda) fuga del criminal más buscado del mundo, del hecho de que en un año pasamos de las investigaciones de Carmen Aristegui a las del súper detective Virgilio Andrade, o que Guatemala le esté demostrando a México y al mundo que la indignación sí puede tumbar malos gobiernos.

Las gotas de lluvia siguieron cayendo con la misma tristeza que aquella noche del 2 de septiembre del 2010 cuando el cáncer se llevó a Germán Dehesa, pero no su sentido del humor. Poco antes él había escrito su última columna que pasaría a la historia: “Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar”.

El recuerdo de Germán Dehesa siguió ahí como un ángel de la noche dispuesto a joder al prójimo. Yo quería que dejara de molestar. Ni que me llamara Arturo Montiel. De tanto recordar y escribir notas para esta humilde columna me quedé horas despierto, así que si ya saben quién me hace la clásica pregunta “¿Qué tal durmió?” no tendré de otra más que responder que muy mal, pero al menos Hoy toca.

Foto: Oralapluma

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