Cuídese Mucho: Sophie Calle en el Tamayo

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Por María José Barrera (@majobarreral)

En las exposiciones solemos admirar o criticar al artista que se atreve a mostrarnos su arte, pero pocas veces nos preguntamos qué más involucra la exposición. La sala expositiva, la cantidad de gente que la recorre y el curador son también factores que marcan el diálogo entre la obra y nosotros.

Sophie Calle es una artista conceptual francesa que ha participado en numerosas exposiciones. Su reconocimiento internacional se debe, principalmente, a su indagación sobre las relaciones humanas que materializa en  manifestaciones visuales y plásticas, siempre matizadas desde su experiencia personal. Trabaja temas que parten de la propia mirada de la artista pero que los contrasta, constantemente, con la mirada del Otro.

La instalación Cuídese mucho (Prenez soin de vous), inicialmente se montó en el pabellón francés en la Bienal de Venecia en 2007, y desde entonces ha recorrido el mundo creando expectativa y polémica, pues la artista ha dejado que la intervención de 107 mujeres construya el discurso de la propia instalación. ¿Se trata de un colectivo dirigido por Sophie Calle o se ha perdido la voz y la presencia de la artista? Si bien la crítica la aclama, no todo el público llega a apreciar la profundidad de su propuesta.

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El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) y el Museo Rufino Tamayo en el Distrito Federal, trabajaron en conjunto para traer a México el trabajo de la artista. A pesar de ello, la instalación de Calle fue modificada no sólo por el espacio ofrecido por cada institución, sino por los intereses y la interpretación del equipo curatorial y museográfico.

Cuídese mucho exhibe la interpretación que 107 mujeres, de distintas disciplinas y ámbitos, realizan sobre un correo electrónico enviado a la artista. Cada intervención a la carta termina por transformar el texto mismo, y hace una nueva interpretación de éste. Es decir, el texto se convierte en fotografías y en vídeos que dan cuenta de la reacción de las mujeres que lo leen. También hay impresiones gigantes del correo que llevan rayones, tachas, comentarios, dibujos, esquemas y correcciones de las lectoras. La intromisión hacia el relato es la apropiación que la lectora hace del texto, y su percepción de la ruptura entre la artista y su antigua pareja.

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Lo que Sophie Calle logra a través de las 107 interpretaciones es poner sobre la mesa ese juego de significados ocultos y subjetivos.  Una carta de ruptura que puede ser narrada desde otros ámbitos; una carta que se convierte en poema, en un cuento para niños, en filosofía. Una carta de ruptura que se actúa, que se canta, que se filma y que se fotografía. Una carta de ruptura que está mal escrita, que es la evidencia de un psicópata, que es un pastel de bodas cortado por la mitad.

La de Calle es una propuesta interesante que permite reflexionar sobre el abanico de significados que rodean al texto. Finalmente el lenguaje tiene una doble cara, una que presenta  (el texto) y una que oculta (la escritura), por eso es que un solo correo electrónico tiene tan variadas lecturas e incluso representaciones.

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Dejemos por un momento la obra en sí, ¿qué hay del resto de los elementos museográficos y curatoriales que juegan en la exhibición y construyen el discurso de la obra?  Al recorrer el MARCO, en donde se exhibió por primera vez en México, el discurso curatorial tenía un orden. Cada sala iba trazando un proceso interpretativo que conforme avanzaba la exposición, se adentraba en cuestiones más específicas. Mientras en la primera sala  transformaba el texto en teatro o en música, en la última sala éste se intervenía directamente: se tachaba, se rayaba y se escribía al respecto. Si bien la obra de Sophie Calle en relación con las 107 mujeres era experimental, pues permitió que cada pieza fuera intervenida libremente, el recorrido y la relación que el espectador podía tener con la obra fue guiada mediante el discurso curatorial. Por un lado, el recorrido dirigido suprime el carácter experimental e interpretativo de la instalación, que es el origen mismo de cada pieza, lo cual resulta un poco contradictorio. Aunque, por otro, logra llevar más claramente el mensaje de la artista al espectador.

En el caso del Museo Tamayo sucede lo contrario. La exhibición se concentró en sólo dos salas. La sala del fondo proyectaba dos performances. La sala inicial contenía, en un solo espacio, el proceso interpretativo de la artista y de las 107 mujeres.  Si bien la disposición de las piezas permite una dinámica más libre y vivencial, considero que en este espacio el trabajo de Sophie Calle parece carecer de sentido. En la instalación de Sophie las piezas significan algo, como las palabras, y como las palabras, el conjunto de las piezas forman un mensaje. Por eso la disposición desordenada e inaccesible de algunas piezas (sobre todo las que estaban colgadas a lo alto y no se alcanzaban a leer), más que una propuesta crearon un discurso inaccesible y de representaciones carentes de sentido.

La instalación de Sophie Calle sigue la misma estructura que los textos que presenta. Cada pieza, que ya es la interpretación de alguien, es una metáfora del correo que recibió la artista. Y como metáfora está llena de diversos significados: son palabras. La disposición de esas palabras plásticas construyen un texto. El discurso curatorial es el texto y el recorrido del espectador es la lectura. El recorrido de la exhibición es la propia interpretación del trabajo de Sophie Calle.

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Cuídese Mucho se presenta hasta el 15 de febrero de 2015 en el Museo Tamayo.
Martes a domingo / 10:00 – 18:00 h
Paseo de la Reforma No. 51 / esq. Gandhi
Col. Bosque de Chapultepec

Fotografías: Museo Tamayo

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