Del No creo al Quiero Creer: Ya Creo

marquez
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“La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo,  jamás es definitiva.”

José Saramago

@MarianoMoreno7

Me encuentro de vuelta. Ante el reciente silencio no piensen que fue porque tenía planeado algunos negocios con la diputada Purificación Carpinteyro, o porque me haya dado una mordida cierto futbolista como si yo fuera agente de tránsito. Mucho menos es porque me haya arrojado al mar de un crucero en Brasil bajo el hechizo del canto de las sirenas etílicas. Como diría el maestro José Saramago: “Simplemente no tenía nada que decir. Y cuando uno no tiene nada que decir lo mejor es quedarse callado”.

Yo afirmé en este mismo changarro que México no merecía ir al Mundial. Escribí blasfemias (como casi siempre) que dicen lo siguiente:  Y aunque muchos quieran ver a los ratones verdes en la tierra de la samba, México no merece ir al Mundial. No se lo ha ganado, no lo ha peleado, no lo merece. ¿A qué quiere ir al Mundial si ha demostrado que ni siquiera puede calificar?

Recordemos la situación en la que se encontraba el equipo tricolor, era más probable que Carlos Salinas de Gortari devolviera al país lo que se llevó de la partida secreta a que México calificara para entrar al Mundial. Recordemos como ya le queríamos entregar a Estados Unidos (aún más) el petróleo al chaz chaz por haberle ganado a Panamá, siendo esto el pase, mediocre, por repechaje, de México. Parafrasear al agente Fox Mulder de los Expedientes Secretos X por su “I want to believe” se volvió impensable. Más razonable era creer en ovnis que en la camiseta verde.

Ahora la situación es distinta. A pesar de que persisten los mismos vicios de siempre en la Federación Méxicana de Futbol, el papel que hemos visto de la Selección en los tres partidos que han jugado en Brasil ha sido sorpresivo y apasionante. Y eso que yo sé de futbol lo que el Presidente sabe de libros. A lo mejor por esa razón le voy, aunque ganen, a los Tiburones Rojos de Veracruz.

La indignación nacional contra el árbitro colombiano por la anulación de los goles de Giovanni, los enojos y festejos del Piojo Herrera, el impresionante bloqueo de San Memo Ochoa más eficaz que cualquier condón, su portería más impenetrable que una monja de clausura, el empate contra Brasil, toda la disputa y el debate sobre el sonoro rugir del PUUUUUUTO, dos goles en menos de tres minutos que hicieron que Croacia se tragara eso de que los mexicanos iban a temblar. Viendo ese partido, todavía no llegaba la primer ronda de tequilas por el primer gol cuando Andrés Guardado asestó el segundo. Después del gol del Chicharito, uno ya quería que las aerolíneas abrieran el vuelo directo al Ángel.

Al carajo aquellos que estén en contra de la alegría, de la celebración de un país que vaya que necesita divertirse. Que si la Selección Nacional es de Emilio Azcárraga, que si todo es negocio, que si se trata de puro nacionalismo burgués, que si las protestas contra el despilfarro del gobierno de Dilma, que si la corrupta FIFA da más mordidas que Luis Suárez, que si todo se trata de las eternas cortinas de humo porque somos capaces de mirar pero no de ver. No seré yo quien haga el papel del Grinch que en vez de robarse la navidad se roba el Mundial. Dicen los sabios que el futbol es lo más importante de lo menos importante, pero vaya que genera más pasión que lo que supuestamente importa.

A mí me han callado la boca muchas veces. Algunas a besos, más a cachetadas, pocas con dinero, pero ustedes, muchachos verdes hijos de las plumas de Quetzalcóatl, ídolos de un país entero, me han cerrado la boca con goles. Una buena amiga una vez me dijo que tengo fe en no tener fe. Yo, que no creo ni en mí mismo, puedo decir que ya creo en la Selección, independientemente del resultado contra Holanda. Mucha suerte el domingo.

Foto: Especial

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