Dolorosa verdad, dolorosa lectura

MCH_DOLOROSA
Share Button

@esetiporandy

Dolorosa es una novela de vampiros.

Ya está. Lo dije.

Si este hecho lo molesta, estimado lector, y es de aquellos que piensa que nada bueno puede venir de otra novela de vampiros, siéntase en completa libertad de dejar de leer esta reseña y haga cualquier otra cosa, lo que mejor le plazca. En lo que a mi concierne, espero que usted sea atacado por alguna de éstas criaturas de la noche y sufra viviendo una eternidad que no ofrezca más que oscuridad y dolor. Se lo merece. En cambio, si es de aquellas personas que tiene fe en la naturaleza inagotable de estos temas escabrosos, truculentos, y se ha preguntado si algún paisano ha ahondado en tan lóbregos abismos, por favor, siga leyendo.

Gerardo Horacio Porcayo Villalobos (Cuernavaca, 1966) es una de las figuras más destacadas dentro de la literatura de géneros en México. Su ópera prima, La primera calle de la soledad, es considerada la primera novela cyberpunk de la literatura iberoamericana. Es miembro fundador de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía y es ganador de los premios Axón Electrónico Primordial de Ciencia Ficción 1992, Nacional Cuento de Puebla de Ciencia Ficción 1993, Kalpa de Cuento de Ciencia Ficción 1993, Premio Más Allá de Cuento de Ciencia Ficción 1994, premio Sizigias a Mejor Antología de Varios Autores 2002 y Premio Sizigias a Mejor Novela Publicada 2004.

Dolorosa, su cuarta novela, salió a la luz en manos de Times Editores en el año de 1996. Bueno, casi. Tristemente, el camión que contenía todos los ejemplares fue asaltado y la novela nunca pudo llegar a las distribuidoras (menos mal, no hay que juzgar un libro por su portada, pero les juro que era horrible).

Esta vez, renaciendo como ave fénix, nos llega por parte de L.D. Books.

De qué va el asunto: Presenciamos la relación tormentosa de una pareja de vampiros, conformada por nuestro narrador y la joven Abigail; los acompañamos en su lucha por vencer el tormentoso tedio de tinieblas que se cierne ante sus ojos. Eso y el hambre. Poco a poco incrementa el deseo de saciar su sed y su deseo. Justo cuando la eternidad parecía algo llevadero, los placeres desenfrenados que practican alcanzan un tono siniestro que promete entregarlos a la demencia, y se dan cuenta que hay cosas peores que no morir nunca.

El universo que propone Porcayo es el del condenado. Una visión atormentada se impone de manera total. Aquí una de las virtudes del libro: no ofrece un solo episodio en el que se exponga el contraste entre la vida de los protagonistas como humanos y su vida actual como vampiros. No hay necesidad si no hay diferencias. Los demonios que atormentan a nuestros protagonistas son los mismos que atormentan a las figuras grises que deambulan por la ciudad sin rumbo alguno.

Porcayo no está tan interesado en contar una historia como en ofrecer un panorama del dolor, en crear esa aura de angustia que expone la condición humana. Por eso pocas veces vemos lo que sucede fuera. El mundo interior de los personajes es semejante a esa urbe podrida que los aloja.

La mayoría de los episodios inician con la transformación del paisaje, con atardeceres sin ambivalencia, con el cielo nublándose, con sombras largas, con el horizonte como un telón hipnótico. Y después, la oscuridad. Y es que es sólo en ese momento que estos pobres diablos pueden tener un leve atisbo de fantasía, de imaginar que antes las cosas eran diferentes. Que la luz no es del todo destructora. Añoranza. Mera ilusión.

El universo está plagado de cicatrices que se dibujan sobre la piel y las paredes. Actos terribles transforman el relieve. El dolor se escapa de las exhalaciones, huye por las grietas y parece llegar hasta los más pequeños resquicios. La atmosfera entera es aquella de un cautiverio.

Aparecen ante nuestros ojos fragmentos de poemas de Julián del Casal, de Bécquer, de Poe, de Lorca. Aquí otras de las peculiaridades de Dolorosa: es un texto totalmente lírico. Contrario a todo pronóstico, esta historia de vampiros atormentados está más en la línea de Los Cantos de Maldoror, de Isidore Ducasse, que de Drácula, de Bram Stoker.

Y ahora sí, lo malo…

El lirismo de Porcayo llega a ser excesivo. Cada línea de Dolorosa debe leerse con suma precaución y cuidado si es que queremos entender qué es lo que está aconteciendo (¡¿Qué carajos está pasando?!). Lo que Porcayo escribe son versos poéticos y no oraciones que conformen acciones y secuencias. Y, como bien se sabe (o tal vez no), la poesía, más que narrar, ofrece una imagen, un sentimiento, un juego en la palabra misma que carga con un nuevo significado a las cosas. Recurrir a estos juegos y herramientas es válido. Lo que está mal es desmedirse.

Por otra parte, ese interiorismo desde el que construyó su escenario termina por ahogar cualquier acontecimiento que sucede en el mundo real, el mundo de fuera.Los personajes están condenados a un sufrimiento eterno. Eso lo entiendo. Pero ese sentimiento, en lugar de permear toda la obra, sencillamente se repite como discurso en cada página. Bah.

Podemos apreciar muchos aciertos y virtudes en Dolorosa; sin embargo, conforme avanzamos, vemos como varias de estas cosas, en vez de perfeccionarse, se desbordan.

Con todo, es una propuesta interesante por parte de un autor interesante.

Aquí una de los fragmentos que más me gustaron del libro: “La luna no esgrime su ojo desorbitado. Es una pestaña, un párpado fruncido que deja caer lágrimas de nada sobre el horizonte de edificios”.

dolorosa7

Gerardo Horacio Porcayo
Dolorosa
L.D. Books
México, 2013
183 pp.

 

Comentarios

comentarios

Relacionado

*

Top