Donald Trump: odio, xenofobia y retraso mental

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@medicencocu

En Malinche se ha escrito hasta el cansancio sobre Donald Trump. Podríamos decir que hemos sido como sus tíos o algo así: lo hemos visto crecer. Desde que todos lo tiraban de a loco por decir que pelearía por la candidatura republicana a la presidencia de los Estados Unidos, hasta la semana pasada, cuando oficialmente se anunció lo que las encuestas venían previendo desde unos meses atrás.

Si el ahora candidato del Partido Republicano jamás hubiera dicho que los mexicanos somos unos narcotraficantes-violadores-come tacos (ah no, eso último no) o que estaba -y sigue estando- empeñado en construir un muro de 81 metros de altura en la frontera con México, seguramente no le hubiéramos prestado atención. Como no lo hicimos con George W. Bush ni con John McCain ni con Mitt Romney.

Lo que pasa es que esto ya se volvió personal. Si bien está en la idiosincracia del GOP (el Great Old Party, como también se le conoce al Partido Republicano -que quién sabe por qué carajo se autonombraron de esta forma-) promover dentro de su agenda severas medidas anti migratorias, ningún otro candidato de ese partido había mostrado de tal manera su xenofobia.

El discurso del empresario, como también ya lo hemos discutido acá, se basa en el odio. Odio a los mexicanos, odio a los musulmanes, odio a los negros. Odio a Barack Obama, a su esposa. El señor Trump no tiene otra cosa que ofrecer como gobernante más que odio.

Su promesa de hacer a Estados Unidos grande de nuevo -que, habría que preguntarle cuándo el gabacho fue grande- se basa en el argumento de que el país está sumido en una crisis culpa, en parte, de un presidente socialista y musulmán traidor a la patria, y en otra, cito textual, de los “migrantes ilegales que merodean nuestras ciudades”.

Aunque ahora ya da igual si somos culpables (junto con Barack Obama) de la crisis en Estados Unidos. Donald Trump es un peligro no sólo para México, sino para su país y para el mundo. Entendamos que, de ser electo presidente, sería el comandante supremo de las fuerzas armadas más poderosas del planeta. ¿Se imaginan a un tipo lleno de odio, a un déspota apoyado por millones encolerizados al igual que él, con un poderoso ejército a su disposición? ¿De qué sería capaz? Un momento. Eso ya ha pasado antes.

En fin.

Si a esta altura no entienden, lectores de este remedo de columna, cómo funciona el cerebro de un seguidor del señor bisoñé, o el del propio Trump, vamos a recapitular algo de la Convención Nacional Republicana, o el monumento a la intolerancia y el retraso mental. Aquí algunas ideas:

Barack Obama es un traidor porque es musulmán y porque, por ende, -cito- “no ama al mismo Dios que nosotros”, cualquier cosa que eso signifique. Los negros y los hispánicos son criminales. Todos los musulmanes son terroristas. Los Estados Unidos deberían invadir más países porque todos en el mundo necesitan algo de “democracia”.

Y, claro, construir el muro. Porque las fronteras no son seguras. Imaginen esto: decenas de miles de retrasados mentales gritando al unísono “build the wall” (construye el muro).

Porque esos son los seguidores de Trump, retrasados mentales. Redneck con paliacates con la bandera estadounidense, señoras de 50 años que creen que ser homosexual es contra natura, tipos que creen que Estados Unidos debería invadir cada país (sobre todo si hay petróleo), rancheros que gustan de cazar migrantes en la frontera de Texas, empresarios depredadores y sin escrúpulos (igual que él).

Algo que, sin problemas, podría encajar en la descripción del republicano promedio, sólo que, esta vez, incluso las vacas sagradas del partido parecen haberle dado la espalda. John McCain, candidato republicano en 2008, dijo que Trump no representa los ideales del partido. Ted Cruz, en su discurso en la Convención Nacional Republicana, dejó entrever no sólo que no apoyaba al nazi Trump, si no que instaba a los votantes republicanos a votar por quien creyeran que realmente representaba un beneficio para el país. Tampoco los Bush ni Mitt Romney estuvieron presentes en Cleveland.

Lo más alarmante de todo es que la base de fans redneck-supremacistas blancos-racistas-islamofóbicos del candidato republicano parece estarse multiplicando y radicalizando. Aunque, al final, Trump podría ser un genio usando ese discurso populista de extrema derecha, cuyos únicos pilares son el odio y la xenofobia, para conseguir lo que realmente le interesa: poder.

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