Donald Trump, presidente de los Estados Unidos

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@medicencocu

Si Donald Trump quería ser famoso, ya lo logró. Más por la sarta de estupideces que dice, que por realmente ser una figura política, ya no digamos prominente, siquiera con una ínfima idea de lo que está haciendo. Aunque, no debería sorprendernos de un tipo que puja por la candidatura del Partido Republicano, máxime cuando antes de él ha habido peculiares personajes que han hecho de este mundo un lugar mejor como Ronald Reagan o George W. Bush.

La última puntada del Señor Bisoñé es su primer spot televisivo (que pueden ver acá), donde dice que cortará la cabeza de ISIS, negará la entrada a los musulmanes (a todos y cada uno de ellos) a suelo estadounidense, deportará a todos los migrantes ilegales y -esta ya nos la sabíamos- construirá un muro en la frontera sur que, dice, pagará el propio México. Ajá.

Trump sigue con su discurso de odio y xenofobia, y el problema es que parece que cada vez más estadounidenses se convencen de que el tipo tiene razón. Si no me creen, basta ver la encuestas, todas encabezadas por el magnate quien le lleva a su más próximo contrincante -otro tipo con un poco de retraso mental, Ted Cruz- un promedio de 19 puntos porcentuales.

El sujeto es un racista impulsivo, que no habla mal de negros y asiáticos sólo porque ya no estamos en los tiempos de la segregación y porque sería estúpido (aún más estúpido) quedar mal con dos de las economías más poderosas del mundo. Lo de Trump no es otra cosa que populismo de derecha (para los que creían que el populismo nada más existía en la izquierda). No muy distante de algo que por allá en los años treinta un par de singulares sujetos predicaban en Europa Central.

Las encuestas que perfilan a Hillary Clinton y Trump como candidatos a la presidencia de Estados Unidos dan a la primera una ligera ventaja de, en promedio, dos puntos porcentuales, que es prácticamente nada. Recordemos que en las elecciones de 2012 GEA-ISA le daba al hoy Señorpresidente una ventaja de 20 puntos sobre AMLO; Peña Nieto terminó ganando únicamente por siete puntos porcentuales.

Lo anterior es para dimensionar el panorama. Para darnos cuenta que el triunfo de Donald Trump no sólo es posible, si no que también es probable. Digo que es probable porque los discursos de odio funcionan: culpar a los musulmanes y a los migrantes de los fallos del país ha traído resultados más que satisfactorios; un tipo que hace menos de un año parecía una broma -que lo sigue pareciendo, en el plano político- hoy encabeza, prácticamente en solitario, las candidaturas de su partido, y si me apuran, tiene chances de ocupar la Casa Blanca el próximo año.

Porque sabemos lo viscerales que son muchos electores gringos. Esos fanáticos de la Segunda Enmienda que gustan de cazar migrantes como pasatiempo. Esos que justifican y aplauden los ataques que el Ku Klux Klan perpetraba contra la comunidad negra. Esos que son tan idiotas como para apoyar el bombardeo de ciudades que no existen sólo porque son habitadas por musulmanes porque, claro, todos los musulmanes son terroristas.

Y esos, son los que van a votar por Donald Trump. Y esos entusiastas de disparar en escuelas y las “relaciones” intrafamilares son los que lo pueden llevar a la Casa Blanca.

Espero equivocarme, pero creo que es muy probable que a finales de año debamos agregar un integrante más a la lista de los presidentes más inútiles del mundo.

Foto: Especial

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