El Bronco y las gorditas

broncou
Share Button

@ricardolopezc

David Gistau escribió hace unas semanas sobre políticos que con una frase pueden cambiar la historia de la humanidad: “Igual que hay niños que se sueñan levantando la copa de campeón del mundo, habrá políticos que fantaseen con pronunciar frases destinadas a la posteridad. El «Ich bin ein Berliner» de Kennedy, el «Sólo puedo prometer sangre, sudor y lágrimas» de Churchill, el «Alea jacta est» del gran JC”.

En esta República sobran ejemplos de políticos que abren la boca no para cambiar la historia sino para, dirían los columnistas, perpetuarse en el poder. Entre frijoles con gorgojo, trabajos que no hacen ni los negros, elotes que evitan el suicidio y defensas del peso como perros, podríamos montar un museo.

El Bronco, de naturaleza competitiva, parece no querer quedarse fuera de la lista. Dijo que “hay que acercarnos (a los hijos) y decirles que a una niña gorda no la quiere nadie. Uno como padre tiene que decírselo tal cual, porque luego no lo va a entender”. Con esa declaración parecíamos confirmar lo que ya sabíamos todos: el gobernador de Nuevo León es como cualquier otro macho norteño.

Cuando se descubrió en medio de una golpiza mediática, Rodríguez explicó que se refería al embarazo adolescente y no a la obesidad infantil. Yo diría que hablar de gorditas en ese contexto suena bastante menos peor. Aunque, como apunta Carlos Puig, cuando el Bronco dice eso del embarazo, evidencia esa certeza tan bronca de que una mujer sólo puede sobrevivir con un hombre a su lado.

A mí la supuesta franqueza del Bronco me parece muy bien. Estoy cansado del burocrático vocabulario de los políticos y funcionarios públicos. He dicho más de una vez que la corrección política –es decir, la caricatura de la defensa del débil– es uno de los grandes males de nuestra realidad. El problema es que la línea entre la incorrección política y la ignorancia es muy delgada.

Por eso cada vez que el Bronco dice algo se hace más difícil defenderlo. Esta semana también declaró que en la Procuraduría de Nuevo León no hay denuncias por desapariciones forzadas de mujeres porque, en muchos casos, “se fugaron con el novio.” Su propuesta fue hablar con las jóvenes para que sepan sus derechos y no “caigan en trampas con los novios que se las llevan”.

Lo que pasa con el Bronco es que, como si fuera un Trump más moreno, no parece pensar nada de lo que dice. Aunque el arco de su personaje da para una buena historia política, no es suficiente para que busque la presidencia en dos años. Comenzó siendo el vengador del pueblo, el exitoso empresario sin pelos en la lengua y se ha convertido en una caricatura de sí mismo. El motín en Topo Chico lo evidenció, mediáticamente, como un gobernador torpe y sus declaraciones, en vez de francas y divertidas, ahora son escuchadas como ignorantes.

Quizá lo más preocupante es que a Jaime Rodríguez le quedan 5 años para cambiar el rumbo de la humanidad con una frase.

Comentarios

comentarios

Relacionado

*

Top