El cardenismo a revisión

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@ocerrillo

Cuando leo lo que escriben algunos colegas y amigos argentinos en torno a la actualidad política de su país, es bien común escuchar todavía el término “peronismo” para referir tal o cual postura en la política interna de Argentina. Qué decir del caso chileno, donde fue un asunto preponderante determinar la causa de muerte de Salvador Allende, el hombre inspirador de la actual izquierda chilena. Para el caso de México, nos ha quedado muy distante en el tiempo el último gran referente de un estadista que marcó rumbo a la nación azteca, el general Lázaro Cárdenas.

Ante el debate sobre la inminente reforma energética y su consecuente “transformación” de Pemex (lo que quiera que se entienda por ello), se ha revivido el cardenismo como una postura política vigente en México. El lunes, The Wall Street Journal publicó un trascendido donde se señalaba que en la presentación de su propuesta de reforma petrolera, el presidente Enrique Peña Nieto haría alusión al expropiador del oro negro, señalando que éste no se negaría a una participación del sector privado en la paraestatal que se creó como consecuencia de la nacionalización de la industria petrolera.

Si esto fue cierto o no, ya no lo supimos, pues dicha publicación obligó al gobierno a retrasar la presentación de la reforma. Pero eso sí, quien se movilizó en consecuencia fue la izquierda lopezobradorista, difundiendo en Internet el decreto expropiatorio de 1938, así como los recibos de pago que algunos mexicanos de aquel entonces hicieron como contribución para la nacionalización del petróleo. Asimismo, ya se convocó a una marcha para el 8 de septiembre para “defender Pemex”.

Con todo esto, vale la pena preguntarse si existe el cardenismo en México. La última vez que se habló de ello fue en los ochenta con la primera de las tres candidaturas de Cuauhtémoc, el hijo del general (no confundirlo con pseudorapero noventero). En ese entonces se habló de una apertura democrática del sistema político y de la incursión de algunas organizaciones populares en la política. Si revisamos la historia, ninguna de estas dos cosas fueron un sello del gobierno de Lázaro Cárdenas. Por una parte, impuso a su candidato Manuel Ávila Camacho por encima del opositor Juan Andrew Almazán; y también intervino en el sindicalismo, en ese entonces, sinónimo de las organizaciones populares, para afianzarles como órganos del partido de Estado. Así que eso no era el cardenismo.

Desde este rincón de Internet, hacemos un llamado a nuestros políticos, sean del PRI, del PAN, del PRD, de Morena o cualquier otro batracio político, de abstenerse de revivir al general Lázaro Cárdenas; y peor aún, poner palabras en su boca, ya que ni siquiera su hijo fue capaz de respetar semejante figura histórica. Mejor asuman que unos, los de derecha, siguen creyendo en el valor moral de las manos privadas (asunto sumamente dudoso); y los otros, los de izquierda, siguen creyendo en un nacionalismo exacerbado, también confiriendo un alto valor moral a “lo mexicano”, cosa de la cual también me permito dudar.

Dejemos a Lázaro Cárdenas descansar en paz, que ya bastante tiene con lo mucho que degradó su nombre su nieto, el ex gobernador de Michoacán. Los Perón, Allende y Cárdenas fueron importantes en la historia de sus respectivos países, pero no nos serán eternos, como tampoco lo será el modelo energético actual, más allá del propio Pemex.

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