El delirio y la utopía (intento de homenaje a Eduardo Galeano)

MCH_UTOPIA MEXICO
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@MarianoMoreno7

Utopía
1. f. Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.

¿Qué tal si deliramos por un ratito?

¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de las infamias para imaginar otro México posible?

Tal vez así no sería tan descabellado que la corrupción le quite el trabajo al político que la realiza y no al periodista que la denuncia. Los periodistas que exhiben negocios inmobiliarios del color de las gaviotas no serán sacados del aire alegando diferencias con la empresa de telecomunicaciones.

Los candidatos a puestos de elección se darán cuenta que las promesas de campaña no quitan el hambre. Y será requisito indispensable haber leído como mínimo tres libros si se quiere ser presidente de la nación.

Las elecciones se ganarán en las urnas y no en los tribunales, con post-acusaciones mutuas de un fraude que todos hicieron.

El precio de un voto será tan alto e inconmensurable que no habrá que vender la dignidad para cambiarlo por una despensa o un televisor.

El gobierno no le dirá “Ya chole con tus quejas” a aquellos que estén inconformes con la situación del país. También se darán cuenta que retirar un comercial de internet no lo desaparece, a diferencia de 43 estudiantes y tantas miles de personas.

Las iglesias se darán cuenta que los mendigos en sus puertas son la prueba de que la misericordia de Dios es muy elitista. También entenderemos que viralizar imágenes religiosas no nos abrirá la salvación del paraíso, la vida eterna ni el perdón de los pecados.

Se respetará la libertad de (falta de) credo, y no quemaremos en la hoguera a los que veneran otras deidades ni juzgaremos a aquellos que no las necesitan.

Los jóvenes afortunados que gastan 40 mil pesos en el antro serán conscientes que aquel niño invisible que vende chicles afuera ni trabajando tres vidas enteras le alcanzará para ver esa cantidad de dinero.

Advertiremos que la pobreza, la inseguridad y la falta de oportunidades son más terribles que el populismo y la demagogia.

A las comunidades indígenas les quitaremos el manto de invisibilidad y sabremos que ahí están presentes, como la lluvia que no se ve en las fotografías.

Lo fantástico estará en la literatura y no en el poder judicial. Los más peligrosos criminales no se escaparán de las prisiones de máxima seguridad a través de túneles construidos a la vista de los custodios. Y un hoyo en la regadera de la celda no será la tragicómica metáfora de un país que se va por la coladera.

La policía tendrá la misma valentía para combatir a los delincuentes que como la tiene con los manifestantes a los que arroja balas de goma y gas lacrimógeno.

El conocimiento se obtendrá a través de los libros y no de Televisa. Nos quitaremos algunos prejuicios de la mente y entenderemos que la pizza con piña no sabe tan mal, que la prohibición de las drogas causa más muertes que su consumo, y que a nadie se le debe negar el matrimonio a causa de sus preferencias sexuales.

Nos podremos reír de todo y de todos, empezando por uno mismo. Sacaremos a las serpientes de la pecera del mal donde las metió el cristianismo y besaremos a todos los animales como si fueran el primer amor.

Porque en este país, alegre y dolido, los días nublados no son tan tristes, los tiburones no son tan peligrosos como la ignorancia, el vino barato no sabe tan mal y, a veces, algunos sueños son más reales que una bella utopía.

Foto: Especial

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