El hombre que soñó con ser cartero

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@Jozzgs

En alguna plaza del municipio de Puerto Vallarta, un cartero permanece quieto, exánime. Su mirada, frágil y triste, apunta al público que esa tarde decide reunirse para presenciar su show.

Él viste un traje dorado, un sombrero pintado con aerosol, un bigote pobre y un morral de plástico que guarda algunas cartas y postales que escribió para su novia. Su estilo es totalmente cantinflesco; por alguna razón, cuando uno lo ve, recuerda al cartero Feliciano Calloso, interpretado por Mario Moreno en Entrega Inmediata.

Y ahí está, sin moverse, esperando a que alguien lance alguna moneda. Mientras tanto, piensa en su amada: “Ah, mi novia”. “Ah, ¿dónde está mi novia?”. “Chale”… Entonces para, deja de recordarla, sabe que si se distrae puede perder el equilibrio y arruinar su show. Todos lo ven. Murmuran. De pronto un alma piadosa se acerca y deja una moneda. Parte de los espectadores comienzan a hacer lo mismo.

Las piezas de metal comienzan a retumbar en el bote. Dos pesos. Cinco pesos. Dos pesos. Diez pesos… De pronto, cincuenta dólares acompañados con una carta.

***

Marcelo Miguel Vargas Martínez es un joven de múltiples facetas que vive a través de los personajes que interpreta como estatua viviente. Ha sido golfista, psicoanalista y buzo; incluso ha llegado a ser Sancho Panza. Sin embargo, hoy en día interpreta a un personaje peculiar: un cartero de antaño perdido en pleno siglo XXI.

¿Por qué decidiste ser una estatua viviente?

Recuerdo que en la escuela, cuando estudiaba lo que se conoce como arte-objeto, salía a la calle con otros compañeros a hacer performance social para poner en práctica lo que estábamos aprendiendo. Queríamos, sobre todo, saber si lo que expresábamos era entendido por la gente. Unos años más tarde me di cuenta de que lo que hacía era algo muy poderoso, no sé, el hecho de que uno sea capaz de tener la atención de la gente por medio de una manifestación artística es realmente impresionante. Entonces decidí armar un show.

¿Cómo se te ocurrió el personaje de un cartero?

Un día, mientras vivía en Guadalajara, me puse a pensar que desde hace mucho tiempo no había enviado una carta. Entonces decidí escribir una para mis primas. Desde entonces la una única idea que rodeó mi cabeza fue “¿por qué no actuar de cartero para mi show?

Es por eso que mi performance se trata de un cartero antiguo que hace todo lo necesario para entregar una carta. Es un monólogo de cómo es ser un cartero y una especie de parodia sobre lo que ahora sucede con el Internet.

¿En qué consiste tu show?, ¿qué tipo de peripecias tiene el cartero de tu acto?

Pues en un cartero antiguo, esta versión incluso es de Cantinflas, ya sabes, pantalones aquí, zapatos allá, los bigotes chistosos y todo como él era. Mi monólogo en sí trata de que si no hay cartas, no existe el oficio de cartero.

El espectáculo inicia cuando les muestro que acabo de recibir una carta, después digo una frase de algún escritor. Me subo a la bici, voy en la bici, estoy buscando la dirección, se me hace tarde, estoy cansado, muy cansado, veo la hora y es muy tarde, entonces tengo que pedalear muy rápido, muy muy rápido y después… ¡se poncha la llanta de la bici!, entonces lo que tengo que hacer es correr. Entonces corro, pero de pronto me persiguen unos perros; sin embargo llego a mi destino, toco la puerta (toc toc toc) y hago un pequeño monólogo sobre la importancia de la correspondencia y sobre la diferencia que ésta tiene con el correo electrónico, ya sabes, que ahora con las nuevas tecnologías la gente oculta su mala ortografía, ya no sabe nada de caligrafía, transcribe los poemas de alguna página web y cosas así.

Definitivamente toda una odisea, sin embargo, lo que me parece interesante es tu versión cantinflesca, ¿cómo se te ocurrió el vestuario?

Pues primero me puse a investigar un poco sobre los carteros más antiguos, sobre cómo empezó todo y sobre cómo fue evolucionando a lo largo de la historia. Descubrí que hay un museo de filatelia que se llama Mufi, en Oaxaca, entonces, en una de esas fui, visité el museo y vi cómo eran los carteros antiguos, cómo inició el timbre postal, quién puso el primer timbre postal y, en general, algunos datos interesantes sobre este bello oficio. Desde ahí comencé a tener unas ideas, sin embargo, este cartero lo saqué hace dos años cuando fue homenaje a Cantinflas. Yo iba caminando por Reforma, había una exposición de Cantinflas y nada, me agradó su vestuario de cartero. Lo vi bien, descubrí que sí podía hacerlo y bueno, como medio sé coser, no tendría tantos problemas. Entonces lo hice y quedó como ahora lo ves.

Ahora, ¿tuviste alguna influencia literaria para crear tu personaje?

Pues sí tuve un autor que se relaciona mucho. Te cuento, resulta que hace algunos años yo no había leído a Bukowski, bueno había leído muchas cosas de Bukowski pero no había leído El cartero. Entonces pasa que cuando leo esa obra me doy cuenta que Bukowski había sido un cartero, entregaba cartas y toda la cosa, ¿te lo imaginas?. Esa fue su primera novela, y nada, desde que la leí entendí la importancia que tiene un cartero para la sociedad. Antes, como en los años 30, la gente esperaba cartas todo el tiempo, todo el mundo se escribía; el oficio de cartero era realmente indispensable para las personas que tenían que comunicarse. Hoy en día me acuerdo de eso, por eso siempre trato de enviarle cartas a mi novia o a mi familia.

Entonces, a parte de Bukowski, ¿tienes otro escritor que te guste o que te haya influenciado alguna vez?

Pienso en Eduardo Galeano con un cuento que aparece en El libro de los abrazos, en donde la historia guarda mucha relación con los carteros. Incluso esa obra la hicimos en marionetas, con títeres de sombras y retroproyectores análogos y digitales. Es chistoso, curiosamente cosas relacionadas a los cartero pasan por mi vida con frecuencia, a veces lo pienso y me resulta chusco.

¿Has hecho otros personajes?

Sí, definitivamente.

¿Como cuáles?

Pues empecé de niño con un muñeco de cuerda que era un golfista, luego hice un esquimal, después un buzo que intentaba concientizar a la gente sobre lo malo que era ensuciar los mares. Alguna otra vez, junto con un amigo, fui un niño antiguo cuyo monólogo trataba de la imaginación. Tiempo después fui un emigrante, un viajero. Luego fui Sancho Panza y un amigo me ayudó siendo el Quijote y otro siendo Cervantes. Entonces, como ves, todos mis personajes son guerreros: un escritor es un guerrero, un emigrante es un guerrero, un buzo de alguna forma es un guerrero ¿no? Pues de eso se trata básicamente, de ir educando y concientizando a la gente a través de los personajes que interpretas.

¿Utilizas alguna técnica o prefieres la improvisación?

Realmente  uso un monólogo ya ensayado, incluso, en algunas ocasiones la gente me ayuda; siempre trato de interactuar con el público. Primero pienso que si presento algo y al público le agrada, es conveniente incluirlo en el sketch. Otras veces improviso, pero eso depende si la gente se presta o no para apoyarme. Pero sí, normalmente ya tengo un personaje planeado. Entonces si soy cartero, actúo como cartero, cuando vengo de Sancho Panza, soy Sancho Panza, cuando vengo de emigrante, entonces imagino que soy emigrante.

¿Cuánto tiempo tardas en caracterizarte?

Como una hora en maquillarme, peinarme y vestirme. La cosa es que también, antes de cada show, tengo que ir por algunos accesorios a una bodega que tengo cerca, y también, si faltan cartas, debo ponerme a escribir algunas.

Y bien, ¿quién es Marcelo fuera de su personaje artístico?

Un ser humano que trata de, pues trata de cambiar. Antes trataba de cambiar el mundo, pero ahora no dejo que el mundo me cambie a mí. En realidad soy un tipo normal y sencillo, no me gusta preocuparme por nada. Me gusta solo ver y observar; creo que muchas veces es mejor callar. Me gusta analizar, me gusta creer que en mis ratos libres soy psicoanalista  o inspector.

¿Qué haces entonces cuando no estás trabajando?

¿Cuándo no estoy aquí? Pues depende, si tengo que hacer como marionetas pues ando pensando cómo voy a hacer su vestuario o qué diálogos van a decir. En realidad me gusta estar como muy ocupado con mi mente; inventar y crear todo el tiempo. Siempre estoy pensando en hacer algo, aunque todo a paso lento porque cada cosa lleva su tiempo.

¿Qué es lo que más te gusta de tu oficio?

Pues que cuando hago el monólogo, el sketch o la parodia, la gente dice “ah, sí, tenía razón, la correspondencia es importante”. O, por ejemplo cuando hablo de la imaginación, hay niños que dicen “sí, por eso no quiero ver la tele”. Creo que lo más valioso es que cuando estoy muy conectado con la gente puedo hacer muchas cosas; puedo contarles un cuento o hacer que se sientan bien. Es eso ¿no? que la gente se vaya contenta, o con una lección aprendida. Incluso ellos también me transmiten algo porque también ha habido gente que me ha regalado cartas, no sé, son experiencias muy gratas.

¿Crees que tu oficio tiene algunas dificultades o simplemente algo que no te agrade?

Sí, siempre hay algunas cosas difíciles. Antes yo pensaba que eran dificultades ¿no? como  las personas que te faltan al respeto y todo, pero te digo, uno tiene el poder de sobrellevar esas cosas. Si hay una persona que te trata de ofender, tú tienes el poder de ofenderlo o de simplemente olvidarlo. De igual forma luego hay gente que te roba dinero o gente que te pega porque no te mueves. Hay lugares donde no te dejan poner, y si te pones, te llevan detenido.

¿Te han llevado detenido?

Sí, aquí, y en todos lados.

¿Recuerdas alguna anécdota que te haya marcado a lo largo de este oficio?

Ah pues en Vallarta una señora una vez me echó cincuenta dólares y una carta. Y pues en principio creí que había tenido suerte, pero después me di cuenta que esa misma señora iba todos los días a verme y a entregarme cartas. Se me hizo raro, entonces un día decidí platicar con ella. Durante esas conversaciones me di cuenta que ella pensaba que yo era su esposo.

La señora tenía un esposo de Inglaterra y éste era un cartero. Por alguna razón él era de Inglaterra y ella de Estados Unidos. Como ella tenía mucho dinero, su familia no reconocía a su esposo por ser solo un cartero. Entonces la familia lo humillaba porque él no le podía dar a ella todo lo que necesitaba, monetariamente hablando. Entonces el señor se siente triste, renuncia al servicio postal y deja una carta en donde le explica que tenía que irse, pero que, si el destino lo quería, algún día se volverían a encontrar.

Él se va a viajar a y mientras tanto, le sigue mandando cartas. Lo que no sé es si él sepa que ella lo está buscando porque si él le escribe que va a Argentina, ella va a buscarlo ahí, si él dice que está en otro país, ella va y lo busca. La última vez que le envió una carta, él decía que estaba en Vallarta. Ella fue y me encontró a mí en  Vallarta, por eso me echó cincuenta dólares. Siempre que recuerdo la historia me digo  “ah no ma’, ¡qué loco!”. No sé, fue como muy loco.

Finalmente, ¿cuáles son tus proyectos a futuro?

Pues seguir en lo mismo pero enriqueciendo mi espectáculo; quizá con otra persona que me apoye. De hecho, estoy planeando un nuevo número en donde en un carro va una persona escribiendo en una máquina de escribir, supuestamente ese escritor es Galeano que está escribiendo el cuento de Sucedido 2. Y en eso estoy. Ahorita todo lo que gano, poco a poco lo voy invirtiendo en soldaduras, pinturas, vestuario y demás cosas que necesite. Todo sea por complacer a mi público.

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