El más loco

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@RevistaMalinche

Otro más que muerde el polvo.

A pesar del poco énfasis que el gobierno de Enrique Peña Nieto ha puesto sobre el tema de seguridad, los resultados obtenidos hasta ahora no son menos que impresionantes. O quizá no sea tanto los hechos, sino la forma en que se ha manejado la comunicación de Presidencia: con mensajes contundentes, detenciones y muertes significativas y, sobre todo, sin sumarse a la narrativa sangrienta que nos tragamos durante todo el sexenio pasado.

Tras la impresionante detención de El Chapo, las fuerzas federales abatieron ayer a Nazario Moreno, conocido como “El Chayo” o “El más loco”, quien era líder de La Familia Michoacana, y que fue declarado muerto durante el gobierno de Felipe Calderón.

Aunque con la muerte de este capo tampoco se acaba el crimen organizado, ni mejora en algo la situación de Michoacán, ahora controlada por Los Caballeros Templarios, lo cierto es que Peña Nieto se puede apuntar otro triunfo en materia de seguridad, rubro en el que no ha enfocado nunca su discurso. Presidente y asesores lo están haciendo bien.

Seguramente se alzarán voces que apuesten por las teorías de conspiración, por una cortina de humo para ocultar las verdaderas intenciones del presidente, aunque resulta complicado pensar cuáles serían. Hasta ahora, y sin ufanarse de ello, su contienda ha sido más frontal e imparcial que la “guerra contra el narco”, también llamada “estrategia nacional de seguridad”. ¿De veras hay algún grupo con el que hayan pactado?

Pero, no olvidemos, el presidente sólo está haciendo su trabajo. Si bien ha demostrado que con voluntad política se pueden dar golpes más precisos, sólo podemos felicitarlo por hacerlo mejor que su antecesor, cosa que no era difícil. Creemos que, hasta que dejemos de alegrarnos por las muertes de criminales, hasta que nuestro tejido social se reponga, hasta que no sólo el gobierno cambie su narrativa, sino los ciudadanos dejemos ver en nuestros compatriotas a enemigos y terroristas, la paz en México será imposible.

Debemos de dejar enarbolar a los narcotraficantes como héroes, como prófugos imbatibles que burlan al gobierno y sus esfuerzos por capturarlos. Sus detenciones deben ser un asunto que no ocupen nuestras cabezas y que sea parte de la rutina de nuestras policías. Y para eso todavía falta mucho.

Foto: Especial

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