El Zarco y Michoacán

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 “A esas horas comenzaba para los pueblos el peligro de un asalto de bandidos con los horrores consiguientes de matanza, de raptos, incendio y exterminio. Los bandidos de la tierra caliente eran sobre todo crueles. Por horrenda e innecesaria que fuere una crueldad, la cometían por instinto, por brutalidad, por el solo deseo de aumentar el terror entre las gentes y divertirse con él. Hay que advertir que los bandidos contaban siempre con muchos cómplices dentro de las poblaciones y de las haciendas, y que las pobres autoridades, acobardadas por falta de elementos de defensa, se veían obligadas, cuando llegaba la ocasión, a entrar en transacciones con ellos, contentándose con ocultarse o con huir para salvar la vida. Los bandidos se habían organizado en grandes partidas de cien, doscientos y hasta quinientos hombres, y así recorrían impunemente la comarca, viviendo sobre el país, imponiendo fuertes contribuciones a las haciendas y a los pueblos, estableciendo por su cuenta peajes en los caminos y poniendo en práctica todos los días el plagio, es decir, el secuestro de personas”.

 @MarianoMoreno7

¿Se identificó con este pasaje? Se le puede atribuir a casi cualquier región de nuestro querido México, sea Tamaulipas, Michoacán, el Estado de México o Veracruz. Aunque parezca que el texto anterior pudo haber sido escrito ayer, en realidad es de 1886. El autor es Ignacio Manuel Altamirano, y se trata de un pasaje de su más sobresaliente novela llamada El Zarco. La historia está ambientada en el pueblo de Yautepec, Morelos, y en ella se narran las aventuras del líder de un peligroso grupo de bandidos llamados Los Plateados, cuyo personaje principal da el nombre a la obra. Así que como podrán ver, cualquier parecido con la realidad actual del país (sobretodo en Michoacán) es meritita coincidencia. Ignacio Manuel Altamirano hace una fuerte crítica a Benito Juárez, ya que durante la Guerra de Reforma era práctica común reclutar grupos de bandidos para que lucharan dentro de las filas del juarismo. Una vez que ya no eran necesitados por el gobierno federal, los bandidos retomaban sus actividades delincuenciales como si nada. Pareciera que, dado que el gobierno no tenía ni un peso para pagarles, los bandidos se cobraban los favores prestados con el derecho al pillaje, el robo, el asesinato y el secuestro. Todo de la manera más impune. Asolado el pueblo de Yautepec por los constantes ataques de los bandidos, ante la falta de gobierno deciden ellos mismos alzarse en armas para combatir a Los Plateados. ¿Les suena la historia?

Así que, mientras uno lee El Zarco, se da cuenta que la formación de grupos de autodefensa y guardias comunitarias no es cuestión de hace apenas unos años. También uno se da cuenta que el desamparo del gobierno a casi todos los pueblos del país no empezó con Felipe Calderón, y que la incapacidad para proteger a sus gobernados es tan vieja como la infancia de Chabelo. Lo que vemos ahora en Michoacán está claramente reflejado en esta novela escrita en 1886. Ciudadanos que se arman, criminales que tienen el verdadero control del estado, autoridades cobardes, corruptas o coludidas o todas las anteriores, y una población muy asustada porque los muertos son tan comunes como la puesta del sol.

Ahora que las autodefensas amagan con bloquear todo Michoacán si no se liberan a sus compañeros detenidos por portar armas, ahora que el ex gobernador interino, Jesús Reyna, se encuentra arraigado por tener nexos con Los Caballeros Templarios, ahora que nadie le cree al gobernador Fausto Vallejo cuando dice que no sabía que su secretario de gobierno sostenía reuniones con la Tuta, ahora que los bandidos de ahora se encuentran escondidos esperando a que las fuerzas del gobierno se vayan, ahora que faltan 18 meses para las próximas elecciones, ahora que en Tamaulipas hay 28 muertos en tan sólo un fin de semana. Ahora que las balas siguen silbando sobre nosotros, al leer El Zarco los horrores en Yautepec ya no parecen tan lejanos.

Cantaría Silvio Rodríguez: Ala de colibrí / liviana y pura / ala de colibrí / para la cura.

Foto: Cuartoscuro

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