En defensa de la narrativa mínima

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@manubch

Hace rato hablaba con un amigo al que admiro mucho y con el que tengo una relación de lectura extraña: nos gustan muchas cosas parecidas, pero le desesperan los libros donde no pasa nada.

Yo amo los libros inútiles donde no pasa nada.

Y el que leí recientemente –con avidez, placer y gusto (lo acabé en 7 horas y cacho)– fue Cuaderno ideal (Alfaguara, 2014), segunda novela de la escritora mexicana Brenda Lozano.

Mentí un poco arriba (soy bien choro), el libro es un cuaderno, un proceso, una elegía a lo pequeño. Y eso, aunque a la narradora no le encante, lo hace una épica. Enana, a escala, pero épica al fin.

Nuestra narradora nos cuenta cómo se compra un cuaderno Scribe para la ficción y un cuaderno Ideal para las notas. Y, como ocurre en El libro vacío o Karenina express, el que recibimos es el cuaderno de notas. Con él, a base de fragmentos de temas diversos, nos volvemos testigos de la espera-viaje en la que la narradora se involucra cuando Jonás (su pareja, el hombre a quien ama y con quien vive) emprende un viaje a España impulsado (es la palabra que más me acomoda para decirlo) por la muerte de su madre.

Partiendo de ahí, nos adentramos en un universo habitado por amigos (Tania, Tepepunk, Luis Felipe, Cecilia entre otros), cruzado con personajes “secundarios” (el enano elegante, las golondrinas, México, Catalina, El artista más importante de México), rematado por ““incidentales”” (la mujer de la papelería de Oaxaca, el español de la papelería, el taxista viejo, la mujer que no quiso ser llamada “hija de puta”) y tejido por la literatura (de Proust a Homero, de Pessoa a Ovidio, de Wilde a Bove, de Lispector al FONCA (y de regreso, gracias al cielo)) y un falso Telémaco en el cuerpo de un gato negro.

Porque ésta es la historia de Penélope en pequeño, Las metamorfosis en pequeño, el mar en pequeño, la violencia en pequeño, la gran literatura en pequeño, la muerte en pequeño, el tiempo en pequeño, el amor pasando de la letra del tamaño, del renglón azul a la insignificancia de la letra diminuta.

Porque de eso trata Cuaderno ideal, de las historias inútiles en un mundo regido por LO importante, LO trascendente, LO famoso.

Plantas de tela contra pósters de Kurt Cobain. Si eso fuera el mundo (que lo es), la novela de Brenda Lozano sería la narración de cómo la plantita le gana al póster.

Narración, esa es una palabra que restira el tejido de esta novela. O casi, le faltan dos palabras y hacerla plural. Amar las narraciones. Ahí está el eje del libro. Todas las notas que se entrelazan el cuaderno marca Ideal forman una carta de amor que, aunque cursi a ratos, no es empalagosa. De hecho, recuerda más al Elogio al amor de Alain Badiou y a “Grateful”, de Pete Philly & Perquisite que a mamarrachadas hipermelosas.

Porque fue ese amor por las historias (pequeñas y grandes) lo que enmarcó mi lectura y de lo que, creo, Brenda Lozano escribe desde su primera línea.

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