En trance… sólo mientras dura la película

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@esetiporandy

Primero lo primero, para que nadie se desespere. De qué trata la película: Simon, (un James McAvoy muy entregado) es un subastador de arte que hace mancuerna con una banda de ladrones para robar una pintura valuada en millones de dólares. El plan fracasa: Simon pierde la memoria y no tiene idea de dónde ocultó el cuadro. Franck, el líder de la banda (Vincent Cassel haciéndola de chico malo, como siempre) contrata a una hipnotista, Elizabeth Lamb (Rosario Dawson, muy sexy) para que ayude a Simon a recuperar la memoria. Sin embargo, Elizabeth advierte una oportunidad para sacar provecho del asunto y es cuando el rompecabezas se vuelve más complicado aún.

Ahora sí, lo que hemos de tomar en cuenta: es una película de Danny Boyle y Danny Boyle es de esos directores a quien todo el mundo quiere. Y por favor, respetadísimo lector, si usted es la excepción no arme berrinche ni niegue rotundamente con la cabeza. Además no exagero: Danny Boyle es, de verdad, de esos directores a quien todo el mundo quiere.

Entonces, hagámonos la pregunta: ¿Por qué?. Razones sobran.

En primer lugar, es alguien que le ha entrado a casi todos los géneros: thriller, comedia, acción, horror, ciencia ficción, drama, etc., y no contento con esto, se ha dedicado a experimentar con ellos, a retorcerlos, a llevarlos en direcciones insólitas o, sencillamente, a mezclarlos. En más de una ocasión, Boyle ha revitalizado los géneros. Por ejemplo, con su filme debut en 1994, Tumba al ras de la tierra, presentó un thriller ácido y cruel en el que tres amigos se disputan una maleta repleta de dinero. Opuesto a los escenarios oscuros y angustiosos en los que suele desarrollarse este tipo de historias, Boyle nos transporta a un apartamento lleno de color en el que sus tres habitantes, igualmente coloridos, son tan miedosos o tan idiotas que se suscitan pasajes de lo más cómicas. Con Exterminio, en 2002 –posiblemente su obra más madura a la fecha−, nos ofreció una hermosa película de horror en la que muchos vieron el primer modelo de lo que es el zombie moderno. Boyle otorgó una bocanada de aire fresco a este tipo de películas.

Otra de las cualidades del señor Boyle radica en el cuidado de la manufactura de sus obras. Todo en ellas suele ser de primer nivel: la edición, la fotografía, los efectos visuales y de sonido, la música… Si es cierto que hay un par de obras bastante blandengues en su filmografía (Vida sin reglas, en 1997, La playa, en 2000), no hay una sola que visualmente no sea un deleite. Boyle sabe que en el cine lo primordial es la imagen y procura que todas sus películas sean de buen ver.

¡Ah, sí! Me olvidaba: dirigió Trainspotting, la vida en el abismo, en 1996, la película favorita de millones…

Entonces, tenemos a alguien que no sólo nos ofrece deleites visuales, sino que, de vez en cuando, se encarga de regenerar aquellas historias que tanto nos gustan y, de paso, intenta que la mayoría obtengamos satisfacción al final de la película. Lo que se adivina en el señor Boyle es un goce, un deleite, y lo que busca no es más que generar ese mismo goce y deleite. Y eso vale mucho.

Por estas mismas razones me cuesta trabajo hablar de su última creación.

Por una parte, En trance marca el regreso del director con John Hodgson, guionista de las primeras películas de Boyle. Así pues, en momentos nos remite a Tumba al ras de la tierra, pues también se trata de un thriller, además de que hayamos ese ácido humor que tanto les gusta. Eso sí, se suman elementos del cine negro, y, como era de esperarse, Boyle le da su toque personal, desmitificando a las figuras clásicas del género, construyendo y reconstruyendo a sus personajes, volviendo a los matones en corderos, a los buenos malos, a la víctima en femme fatale para que, al final, terminen siendo algo completamente diferente.

Ésa es otra de las características que posee esta cinta. Nos encontramos con muchos giros de tuerca, tantos que algunos de los rumbos que toma la historia llegan a rayar en lo absurdo, las sorpresas volviéndose dignas de una película de serie B. No obstante, el director logra cerrar todos los círculos, y eso ha de reconocérsele. Con todo y el patetismo en que llegan a rayar algunas situaciones.

Están las imágenes constantes de su filmografía: luces cinéticas, la descomposición de los colores, la figura humana moviéndose a través de pequeños conjuntos de diversos objetos, reflejos, imágenes difuminadas por los cristales o por la lluvia. Su inconfundible manufactura está ahí, sobre todo su edición, siempre notoria, sumamente fragmentaria, marcada por un ritmo. Y la música, siempre in crescendo, siempre al servicio del clímax. El problema no es que esta estética no funcione, no es que la ejecución no sea apropiada. Estas cosas funcionan. Sin embargo, no sé hasta qué punto lo que vemos verdaderamente sustenta la historia y hasta qué punto es muletilla narrativa, efectos que se sienten eficaces al momento de ver la película pero que poco o nada aportan al momento en que regresamos a ella.

Uno de los diálogos más hermosos de la película habla sobre el olvido. ¿Olvidamos porque queremos ocultar algo? ¿A quién queremos ocultárselo? ¿A otros o a nosotros mismos? Los personajes descubren que en el acto de olvidar influyen más cosas de las que se imaginan, pero al final es la uno mismo quien tiene la última decisión. El libre albedrío, la manipulación e incluso el destino es otro de los temas de la película. Eso está bien, pero dudo que la mejor forma de exponerlo sea con los personajes soltando un discurso. Es como si el director tuviera miedo a que estas cosas no se entiendan, a que no sean percibidas.

Por último, no sé hasta qué punto lo que vemos es una copia de Danny Boyle.

La película es muy entretenida. Más que eso, es entretenida y está muy bien hecha. Pero cuanto me hubiera gustado que ése espectáculo de adrenalina lo siguiera siendo al momento de acabar la película.

¡Eso sí! Tiene un par de escenas excelentes, pero hay sobre todo una que se irá a la posteridad. Tres palabras: La maja desnuda. He dicho.

Por cierto, ¡felicidades a todas las mamás!

Ficha: Trance / Dirección: Danny Boyle / Con: James McAvoy, Vincent Cassel y Rosario Dawson

Foto: Especial

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