Entrevista con Ricardo Piglia

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En el marco de la pasada Feria Internacional del libro de Oaxaca, Malinche conversó con el escritor Ricardo Piglia con pretexto de la novela más reciente del argentino, Camino de Ida (Anagrama, 2013). En esta charla, el autor de Blanco nocturno habla sobre las posibilidades reflexivas de la novela, de los cambios en las narrativas contemporáneas e, incluso, se atreve a esbozar lo que es para él es la literatura. Agradecemos a Osvaldo Lara esta colaboración especial con la revista.

Por Osvaldo Lara

En El Camino de Ida y otras de tus novelas, encuentro una poética donde has desarrollado dos cosas: por un lado está el género policiaco, con una trama y un detective que busca y resuelve, y por el otro está el elemento vanguardista: la forma en que entrecruzas tonos y tramas. Me gustaría que me hablaras un poco de esto.

La novela contemporánea ha buscado en los géneros una forma de escribir novelas en el mundo contemporáneo. Yo veo en el uso de los géneros alguno de los lugares de mayor renovación de la novela contemporánea, y pienso en Gombrowicz, en Nabokov, en Bolaño.

La literatura de género tiene la particularidad de repetir fórmulas, de establecer un código donde hay formas, como si fuera un estándar en el jazz y luego el músico improvisa sobre ese estándar. La alta cultura parte de la idea de la originalidad pura, donde el artista no dispone de ninguna forma previa, sino que él inventa todo; eso ha dado grandes resultados, pero también ha llevado a cierta esterilización de la forma, una cierta experimentación cerrada. Me parece que en algunos escritores la idea de trabajar con ciertos tipo de requisitos formales definidos nos ha ayudado a ciertas improvisaciones, a ciertas músicas que tocamos. He trabajado desde Respiración artificial con algunos elementos del género policial, variando esos elementos en las distintas novelas, y eso ha sido para mí una forma de abrir la narración en vez de cerrarla. En el caso de esta novela me he dado el gusto de aparecer un detective norteamericano, personificado en la figura de Parker. Es decir, trabajo no solamente con el género, sino con ingredientes del género, como si fueran lugares en el camino donde uno se puede instalar. Me parece que el trabajo con los géneros es uno de los caminos de renovación más intensos de la literatura actual. Yo avanzo por ahí a ciegas, pero siempre interesado en estas cuestiones.

A mí siempre me ha interesado muchísimo la posibilidad de reflexión que tiene la narración. La narración argumenta (justo ahí el doble sentido de la palabra), trabaja con argumentos, pero también argumenta con relatos. Podríamos encontrar en la narrativa contemporánea dos fronteras: el avance de la narrativa hacia la lírica y el avance de la narrativa hacia el ensayo, hacia la reflexión, hacia la incorporación de elementos que nos permiten usar la narración para discutir algunas cuestiones que están en la sociedad  o que están en la literatura. Yo diría que esos han sido, de manera impensada, los caminos que he terminado por seguir. Por un lado, he estado interesado en cómo se puede pensar narrando, y por otro, me ha interesado en cómo se puede trabajar la narración a partir de ciertas convenciones narrativas.

¿Crees que utilizas la narrativa policiaca como un elemento que juega un papel mediador con el lector, donde éste puede vincularse con mayor facilidad con tu literatura, y después explotas las posibilidades del género?

Sí, porque hay una cuestión en relación con la vanguardia que no ha sido todavía bien discutida: la relación vanguardia-novela. Cuando hablamos de vanguardia hablamos de experiencias en el arte plástico, en la poesía, pero parece contradictorio la relación vanguardia-novela. Creo que, como bien dices, los géneros son el lugar intermedio y son también el modo de establecer una conexión entre la literatura y la cultura de masas.

En el caso de El camino de Ida, la investigación toca puntos que podrían asociarse con lo que se ha llamado tradicionalmente la literatura política, y en ese punto hay algo del género policial que a mí siempre me ha parecido muy productivo que es la idea de conspiración, de complot. En definitiva el detective siempre termina por descifrar un complot.

En esta novela el lenguaje se vuelve un engranaje de la histeria y el complot que está envolviendo al protagonista y que a su vez está viviendo el lector. Como si el lector también quedase atrapado dentro de esa red de lenguaje que, al mismo tiempo, es la conspiración, el abismo.

Porque la vanguardia siempre ha sido un modo de intervenir políticamente a partir de lo específico. La vanguardia ha pensado la política como una manera de ver en la trama de los lenguajes sociales el lugar donde se consolida la opresión, la obscuridad, la desviación, el sentido. Entonces, transformar los lenguajes es una manera de intervenir políticamente en la sociedad. No es que yo esté a la altura de eso, pero sí en el sentido de poner en escena las relaciones que el lenguaje establece con la política como manera de pensar. ¿Hasta dónde, la necesidad de pensar en el lenguaje, es igual a pensar en la política y pensar en el modo que funciona la sociedad?

Me gustaría preguntarte sobre la relación que mantiene el escritor literario con el cine, ¿cómo ha afectado el mundo del narrador el lenguaje fílmico?

Hay mucho de eso para pensar. También la inversa: ¿de qué manera las imágenes de la literatura ya estaban en el cine?, ¿de qué manera la técnica del montaje ya estaba en la literatura? Basta leer a Stendhal y Dickens para encontrar esos cambios. De modo que por momentos sólo se ha visto la influencia del cine en la literatura y no se ha visto el modo en que la narración literaria ha intervenido en la sintaxis narrativa del cine.

Pero a mí me interesa más una cuestión que tiene que ver con lo que decías antes sobre el problema de la vanguardia: cuando aparece el cine, la novela, que había sido el género social por excelencia, es desplazada porque su público se va al cine. Todos ven eso como si la novela hubiera perdido lectores por culpa de Joyce o de Kafka, o por culpa de los escritores que escribieron novelas difíciles. Me parece que fue al revés. Es porque la novela perdió esa inmediatez que consiguió que Musil, Kafka y Joyce pudieron florecer. Del mismo modo que, cuando sale la televisión, el cine empieza a encontrar un lugar nuevo, un lugar que no tenía; entonces nos dimos cuenta que John Ford y Hitchcock eran grandes artistas. Por lo tanto el cine se ha estetizado de la misma manera la novela se estetizó con Joyce y con Kafka.

Ahora con Internet es la televisión la que se ha estetizado y estamos hablando de las series de televisión como si fueran el gran relato contemporáneo. Antes se veían las series y se decía: “esto es puro comercio”, así como antes se decía de las novelas: “son un género espurio, comercial”. Y yo digo que, en el futuro, vendremos aquí, a algún museo de Oaxaca, a ver los blogs y a ver el Facebook como grandes figuras artísticas, porque habrá aparecido otra forma que habrá desplazado al público.

También la vanguardia siempre ha estado muy atenta a la técnica. Siempre ha habido, en la literatura tradicional, el interés sobre cómo la técnica externa actúa sobre la literatura. Porque no sólo son los escritores los que cambian las cosas, también el público cambia, en la medida en que se desplaza de un sistema narrativo a otro. Yo veo eso benéficamente. Es cierto que la novela perdió ese público masivo mundial, pero se encontró una manera de investigar sobre la narración que antes no se tenía. Eran grandes novelistas Dickens y Balzac y todos ellos, pero Joyce y Kafka empezaron después del cine, no porque el cine los haya influido directamente, sino porque el público les dio un tiempo y un espacio nuevos.

Alguna vez dijiste que escribías para saber qué es literatura, desde tu cuento “La Honda” hasta Camino de Ida, ¿qué respuestas has encontrado?

Una de las cosas que se me escapó escribiendo es que la literatura es una forma privada de utopía. Es decir, la literatura construye mundos posibles, por eso la leemos y por eso la escribimos. La literatura no sólo reproduce el mundo, postula otro mundo. Yo creo que eso hace la literatura con el lenguaje: entramos en una especie de mundo construido con palabras, que es un mundo paralelo al mundo en que vivimos, donde las pasiones son más nítidas o más obscuras. Es una relación utópica con el lenguaje.

Oaxaca, Oaxaca. Noviembre, 2013

Foto: Laberinto

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