Entrevista con Yuri Herrera: La transmigración de los cuerpos

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Por Miguel Angel Aguilar Mancera (@cocuaguilar)
Fotos de Manuel Riestra (@manuriestra)

“Yo he sido muy afortunado” asegura Yuri Herrera cuando le pregunto cómo ha sido su aceptación en el mundo de la literatura, aunque no duda en añadir que la fortuna se tardó en llegarle, pero que él lo prefiere así, ya que tuvo que esforzarse, persistir y “hacer una carrera de resistencia”. “Tienen que pasar muchas cosas para que uno sea leído, hay mucha gente que escribe muy bien y que no se publica o que se publica y no es leída, entonces, yo estoy consciente de lo afortunado que estoy”, agrega mientras me observa a través del cristal de sus gafas.

Yuri Herrera, autor de La transmigración de los cuerpos (Periférica, 2013) ha recibido comentarios bastante buenos por parte de la crítica y sus obras cada vez llegan a más lectores. Tiene otra dos novelas en su relativamente corta carrera: Trabajos del reino (2008) y Señales que precederán al fin del mundo (2009).

Lo encuentro en un café de la Ciudad de México para hablar de su tercera novela. Yuri vive en Nueva Orleans, es profesor en la Universidad de Tulane, pero se encuentra en el país para promocionar su nueva novela. En ésta, Herrera narra la historia del Alfaqueque, un personaje que se dedica a resolver problemas, una especie de mediador, lo que los gringos llamarían fixer. “No es un héroe, no es un personaje puro, es alguien que tiene sus propios demonios y trata de lidiar con ellos mientras lidia con los demonios de los demás, que es de un modo la salida que encuentra para trabajar su propia conciencia”, menciona. Parecido a los protagonistas de sus dos anteriores novelas, el Alfaqueque se ve inmerso en una atmósfera conflictiva en medio de una disputa entre dos familias donde la muerte está presente en todo momento.

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La mayor herramienta del Alfaqueque es el verbo, como de todo escritor. “Una de las principales características que tenía clara de él era justo eso, que iba a trabajar con el verbo, que era alguien cuyo poder es saber que la palabra puede ser corruptora y liberadora y que sirve para manipular pero también para establecer nexos reales con la gente, y él como un personaje fronterizo –cuando digo fronterizo no me refiero a la frontera física o geográfica, sino como un personaje que se mueve entre distintos ambientes- es alguien que pone en comunicación no sólo sujetos en confrontación sino que de algún modo él también pone en comunicación sus mismas características en conflicto”.

La transmigración de los cuerpos se encuentra ambientada en una ciudad desolada por una epidemia, lejos de la geografía fronteriza de Trabajos del reino y Señales que precederán al fin del mundo. Lo cuestiono acerca de dónde surge la idea de hacer esta novela.

-Yo hace mucho que tenía ganas de escribir una novela que sucediera en una epidemia, me parecía un espacio muy interesante por todo lo que implica en términos de la clase de decisiones que tienes que tomar, de cómo se transforma tu relación con los demás, con las autoridades y esto era como la primera idea, lo que yo llamo el núcleo. Cada libro para mí tiene un núcleo distinto, en este caso era una atmósfera específica y esta atmósfera es el miedo, la paranoia que produce una epidemia, específicamente con relación a los tiempos que nos han tocado, la epidemia me parecía más una oportunidad para hablar de esto en lo que nos hemos metido, en la desconfianza entre nosotros, la desconfianza a las autoridades, el miedo permanente y una vez que yo tuve claro que este iba a ser el núcleo, lo demás fue saliendo naturalmente: los personajes, las anécdotas, los espacios.

Mencionas la epidemia, que prácticamente es el núcleo de tu trama y que tiene a la gente con temor de salir de sus casas en una especie de estado de sitio, similar a lo que sucede en algunas poblaciones del país, ¿puede la epidemia tomarse como metáfora de lo que ocurre en México actualmente?

-Bien decías que hay algunas poblaciones donde la gente no quiere salir y eso es cierto, pero más allá de eso, en general, lo que hemos visto en los últimos años es la tentación autoritaria de sacar el ejército a las calles, la presencia de distintos tipos de amenazas en nuestras ciudades, el crimen organizado, policías corruptas y todo esto ha creado un ambiente de zozobra que, sí, puede verse como un paralelo en la novela con lo que está sucediendo en la epidemia.

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Indudablemente, la ambientación es una de las cosas que mejor logra Yuri Herrera, con escenarios que van desde lo sórdido hasta lo casi fantástico, puede parecernos que estamos ante un mundo bastante conocido pero que, sin embargo, por momentos puede parecernos extraño. Él no cree que exista una sola manera de describir la realidad: “Yo creo que en la manera en que nosotros reconstruimos el mundo estamos no sólo desarrollando una voz propia, sino estamos haciendo un cierto tipo de crítica y un cierto tipo de interpretación de lo que sucede”.

-Creas un mundo que es familiar pero a la vez extraño, casi como una reconstrucción fantástica de la realidad…

-En la medida en que logramos que el lector se extrañe ante la realidad, creo que estamos logrando uno de los objetivos más importantes de la literatura y el arte en general que es reflexionar una vez más sobre eso que tienes en frente y que tú das por hecho y que dejas pasar todos los días como si no pudiéramos cuestionarnos de qué está hecho, cómo llegamos allí, cómo puede cambiar. Ahora que tú decías que parece muy cercano, muy normal y por otro lado extraño, yo te diría, para mí una de las influencias que más reconozco es la ciencia ficción, y ahí los escritores de lo que hablan es de su propio mundo, pero lo hacen con una libertad que te permite subrayar algunos elementos, que te permite explotar tus miedos, que te permite especular sobre hacia dónde nos estamos dirigiendo, por eso yo siempre he dicho que la ciencia ficción es un género eminentemente político, por que lo que hace es estar señalando algunas características que pueden transformar nuestra realidad y la naturaleza humana y esto es algo que todas las artes tienen la capacidad de hacer.

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En medio de la epidemia, uno de los elementos que están presentes en el texto es el de la muerte, en todas sus representaciones, desde los cortejos fúnebres que es posible encontrar a lo largo de la trama, hasta la muerte como tal de algunos personajes secundarios y que juega un papel importantísimo en el desarrollo del conflicto y en la disputa entre la familia Castro y la familia Fonseca, para la que trabaja el Alfaqueque.  La muerte –no sólo física, sino también mental y espiritual- se convierte en elemento central de la novela, el ver “cómo la muerte es procesada dentro de la sociedad, cómo es procesada por los individuos, cómo reaccionamos ante ella”, agrega Yuri.

-La muerte es un elemento importantísimo dentro de la novela.

-Sí, claro. Es para mí uno de los ejes de la novela: qué hacemos con tanta muerte, cómo nos comportamos ante ella, cuál es la responsabilidad que tenemos. Por eso se llama La transmigración de los cuerpos, que es cómo van cambiando estos cuerpos aún después de muertos.

-Y me parece que manejas una idea de que “los cuerpos no valen nada, la vida no vale nada”.

-Sí, por supuesto. La transmigración de los cuerpos se refiere en este caso a cómo los cuerpos aún ya muertos no dejan de cambiar, no dejan de modificarse, de resignificarse y cómo el Alfaqueque está tratando de proteger lo que hay de sagrado en ellos, esto en un contexto en el cual la muerte se ha banalizado, se ha industrializado, en lugar de que nosotros le demos el espacio que tiene, a los difuntos cada vez más les hemos faltado al respeto, y esto para mí es una de las peores cosas que suceden en este país, no sólo la violencia sino el sufrimiento, la degradación que sigue después de la violencia, en ese sentido lo que el Alfaqueque está haciendo, me parece, es como trata de volver a un nivel de civilidad, de decencia aun dentro de este espacio tan terrible.

El Alfaqueque es un personaje que, si bien puede parecer oscuro, logra que sintamos simpatía por él conforme avanza la novela, mediante sus acciones y conforme vamos entendiendo cuál es su conflicto. A él, se le suman en el viaje personajes como el Ñándertal, el Delfín, el Menonita, la Tres Veces Rubia –vecina y objeto del deseo del Alfaqueque-. De las novela de Herrera resaltan los nombre de los personajes, que obedecen más a una denominación que  a un nombre propio. “En Trabajos del reino tiene que ver con que la mayor se definen no en función de sí mismos sino en función de cómo le sirven al Rey y por eso es que pierden su individualidad. En Señales que precederán al fin del mundo, buena parte de los personajes tiene que ver con un sustrato mítico dentro del cual está sucediendo la historia”. En La transmigración de los cuerpos los nombres van en función “de lo que pueden denotar explícitamente, hay algo que a mí me interesa que es la impresión que te deja el nombre, lo que te sugiere: un cierto carácter, una cierta vibra, una cierta manera de estar en ámbito”.

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La transmigración de los cuerpos cuenta con una prosa que fluye de manera contundente y un manejo maravilloso del lenguaje, un lenguaje casi idiosincrásico que se vale de regionalismos, lenguaje popular y frases propias del estilo de los personajes de la novela, algo que se ha convertido en sello distintivo de Yuri Herrera y que, sobre todo, dota de una riqueza lingüística a sus novelas. En palabras de Herrera, el texto es un espacio de libertad que sirve para decir las cosas de manera precisa: “para encontrar la palabra justa para decir las cosas de manera precisas uno puede echar mano de todas las herramientas que tenga ahí cerca, unas son lenguaje popular, algunas son las lecturas y algunas las palabras que uno puede inventar. El chiste, me parece, está en cómo articular eso para que haya una manera coherente en la cual se reconstruya la lengua. Creo que quien escribe literatura está permanentemente rehaciendo la lengua”.

En La transmigración de los cuerpos, somos testigos del viaje del Alfaqueque, algo que es básico a la hora de contar una historia para Yuri Herrera: “si a tu protagonista no le está sucediendo nada por dentro, en realidad hay poco que contar, porque si no simplemente sería un objeto”. Un viaje en el que intentará exorcizar sus demonios internos, sanar su oscuro pasado y tal parece que la única manera de hacerlo es resolviendo primero los problemas de los demás. “El Alfaqueque es un tipo con un pasado que de algún modo lo atormenta pero que al mismo tiempo lo provee con las herramientas para sobrevivir en un mundo terrible, entonces, a la hora de estar lidiando con los demonios de los demás, está también lidiando con sus propios demonios, está, tal vez sin saberlo tal cual, buscando una solución, una ética sobre cómo hacer las cosas en un mundo en el cual la polaridad entre lo bueno y lo malo no es posible, él trata de encontrar su salida”, me comenta Yuri.

-Más gente te está leyendo.

-Yo estoy muy contento y muy agradecido de la gente que le pone atención, de que cada vez haya un mayor número de lectores.

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