Ficciones, Televisa y la Rosa de Guadalupe

20pexeb
Share Button

@Joso9

A los 10 años tuve que escoger mi primer par de lentes. Mi maestra de quinto de primaria notó que tenía que pararme a 30 centímetros del pizarrón para tomar apuntes y decidió mandar un recado en mi libreta de tareas: su hijo no ve. Así que después de ir con mis padres al oftalmólogo para saber la graduación necesaria (mi madre no confiaba en los técnicos marca Devlyn), fui a comprar mis lentes a un Liverpool cercano.

Los escogí con gusto, porque pensé que encajaban con la personalidad timorata y pseudo-intelectual que ya desde entonces cargaba conmigo. Cuando llegó la hora de elegir un modelo, no fueron los colores ni la marca lo que me convenció, sino un pequeño rayo en cada costado que indicaba que el armazón era “de Harry Potter“. Ni siquiera me importó que no fueran completamente redondos como los del personaje; el minúsculo rayo y el estuche verde con letras doradas me parecieron suficientes.

Durante algunos años de mi infancia y preadolescencia, buena parte de mi vida giró en torno al niño-mago-huérfano: tenía los libros, las películas, un reloj, el juguete de levitación, el de duelo de magos y hasta el Harry-atrapa-snitch. Cada diciembre me compraba sweaters que, sin ser idénticos, se parecían a los que usaban los personajes en invierno. Durante un tiempo, mis familiares no tuvieron problema alguno en escoger regalos para mi cumpleaños: cualquier cosa de Harry Potter.

Estoy lejos de ser la única persona en la que  los libros de Rowling tuvieron tanta influencia. Buena parte de mis amigos que leen o estudian letras empezaron sus andanzas literarias gracias a ellos.

Tampoco ha sido la única obra de ficción con esta clase de influencia en mi vida. Antes fue Batman, sobre todo la serie animada de los 90. Recuerdo haber jugado con el batimóvil, la batinave y, por supuesto, la preciada baticueva. También empecé a tomar cubas por culpa (o gracias a) una novela de Héctor Aguilar Camín, cualquier amor de mi juventud tenía que vivir bajo los ridículos estándares de la adaptación que hizo Baz Luhrmann de Romeo y Julieta y ahora mismo hay un póster en mi pared que dice “Winter is coming”. Esto sólo demuestra dos cosas: uno, soy una presa demasiado fácil del marketing y dos, las obras de ficción, sean series, películas, libros, animés, tienen una influencia real en nuestra vida.

En un discurso sobre la importancia de la lectura, Neil Gaiman dice que la ficción (cualquier tipo de ficción) es un acto de escapismo que nos permite regresar al mundo real con ideas y herramientas que podemos usar: “If you were trapped in an impossible situation, in an unpleasant place, with people who meant you ill, and someone offered you a temporary escape, why wouldn’t you take it?”, dice el inglés.

Traigo esto a cuento por la noticia de que Televisa acaba de lanzar un servicio de streaming para poder ver su programación online. Ahora podremos descargar repeticiones de La Jugada o ver joyas como La familia peluche y Rosa salvaje directo en nuestras computadoras, lo que todos estábamos esperando.

El problema es el concepto que Televisa tiene de su público. No acaba de entender que su audiencia no es tan simple como los personajes de su programación; que si sus ratings han bajado es porque la sociedad mexicana ha evolucionado desde los tiempos en que sólo veía “televisión para jodidos”. Nadie pide que tengamos un Mad Men mexicano, pero no podemos conformarnos con cuarenta minutos de guiones  que refuerzan arquetipos horribles como la mamá sufrida, el papá machito, la muchacha pobre pero virtuosa que sólo quiere casarse con un millonario. En otros países se debate si un programa representa justamente la diversidad del público, si el contenido es sexista, si las caricaturas para niños son demasiado infantiles y Televisa sigue con guiones donde los adolescentes son estúpidos y dicen frases como “Por fin haremos el amor” y “Mamá, si te importara me darías like en Facebook”.

Somos consumidores de historias y si lo único que encontramos en la televisión nacional son dramas torpes y moralinos empezamos a buscarlas en otro lado. Por eso hay quien ve The Big Bang Theory aunque sea con el horrendo doblaje al español, por eso mis padres están enganchados con Marco Polo y Homeland, por eso un niño cachetón de 10 años escogió sus primeros lentes con un minúsculo rayito a un costado, aunque no fuera inglés, ni huérfano, ni mágico, ni nunca hubiera escuchado hablar acerca del número 4 de Privet Drive.

Comentarios

comentarios

Relacionado

*

Top