Futbol y protestas

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@RevistaMalinche

Brasil es un país en el que, en el imaginario colectivo, todos bailan samba y juegan futbol en la playa. O al menos así lo era hasta antes del verano pasado. En la Copa Confederaciones 2013, grupos de estudiantes y ciudadanos salieron a las calles a protestar en contra del Mundial. Básicamente, el reclamo era que Brasil gastaría miles de millones de dólares en la Copa del Mundo, que podían ocuparse en mejorar los precarios sistemas de salud y educativo del país carioca.

Marchas, enfrentamientos con la policía, disturbios e incluso bloqueos afuera de estadios. Miles de brasileños salían a las calles a decirle “no” al Mundial. Aquello fue una probadita de lo que un año más tarde estaría por pasar.

El Mundial es la fiesta del futbol. Es de los pocos eventos, contados con los dedos de una mano, que puede decirse -de manera figurada, claro- que paralizan al mundo. Es toda una celebración. Millones de telespectadores pendientes a los duelos.

No había, puede pensarse, mejor sede para un mundial que Brasil. El país que ha ganado cinco veces el Trofeo Jules Rimet, la nación del futbol. Si pensamos en Brasil, lo primero que viene a nuestra mente es el futbol, o Pelé, o la samba. No pensamos en las favelas, en la pobreza y en la frágil situación social que se vive en estos momentos. Porque, sencillamente, es complicado borrarnos aquella imagen inicial de la cabeza. Es fácil imaginar protestas en otras partes del mundo, pero no en Brasil.

A un día de que inicie el Mundial, Brasil sale a las calles. Hay huelgas en el metro, marchas, bloqueos. El movimiento Não vai ter copa (algo así como, No va a haber copa) es el llamado de los brasileños que no quieren Mundial. Por la corrupción, porque las ganancias producto de la derrama económica durante el mes que dura el torneo no van al pueblo brasileño, si no a la FIFA y las empresas, porque ha habido desalojos como parte de una limpieza social del gobierno, porque es un país con millones de pobres.

Está el futbol, sí; pero también está lo que hay detrás del telón. Que son todos aquellos problemas que atraviesa Brasil, quizá como síndrome de todo país latinoamericano. Habrá que reflexionar y cuestionarse (que eso ya queda en cada quien) si 30 días de júbilo con el deporte más popular del mundo valen la pena con el costo que presumiblemente tendrá.

Foto: Especial

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