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Pierde-Mexico-Holanda
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“There are only two things I can’t stand in this world. People who are intolerant of other people’s cultures… and the Dutch.”
– Nigel Powers

@Joso9

De alguna manera atiné por completo y erré totalmente mi pronóstico del desempeño de México en Brasil. Antes del juego contra Camerún dije que el proceso y la selección eran tan mediocres que ni siquiera tendrían un mundial desastroso: llegarían a octavos de final (otra vez), serían eliminados y no habría ningún cambio en la cultura futbolística de nuestro país, ni ninguna autocrítica, ni ninguna crisis en la federación por casi quedarnos fuera del mundial.

En efecto, México quedó eliminado en octavos de final, pero de qué manera.

Qué fácil es para los que nos escudamos en las palabras, en un micrófono, en una computadora o en la revista Proceso calificar la actuación de México en Brasil de un fracaso, de mediocre. “No importa que hayan jugado bien, no llegaron al quinto partido, fracasaron”, parecen que piensan las buenas consciencias cuando no están defendiendo el petróleo o quejándose de la idiotización televisiva.

Si algo he tratado de defender en esta columna es que los absolutos no existen. En la vida real, ser pragmáticos sirve de muy poco. Lo que importa es el sentimiento, la pasión, las formas tanto como el fondo. No por nada fuimos derrotados en la misma fase que el mundial pasado y la gente asistió a recibir a la selección al aeropuerto con gritos de ánimo, cuando hace cuatro años todos nos quejábamos amargamente de que los seleccionados estuvieran muy ocupados “haciendo sandwich” en lugar de jugar contra Argentina.

No defiendo la derrota, y me gustó mucho la frase de un comentarista chileno cuando su selección cayó en penales contra Brasil: “No me gustan las derrotas heroicas”, México tuvo para ganar el partido y darnos a todos una alegría increíble y no fue así. Nos dejamos vencer por la historia, por la tragedia, por ese cuento de que somos agachados y no podemos creernos la victoria. Sí, al final de cuentas Holanda está en la siguiente ronda y nosotros no, pero ninguno de nosotros creíamos el nivel de futbol, de entrega, de orden mostrado por los jugadores en la cancha. Es una pena que algunos de ellos hayan perdido esta oportunidad histórica porque llegarán al próximo mundial ya demasiado mayores, pero formaron parte de una selección que nos obligó a callarnos la boca, a creer en Miguel Herrera, en Guillermo Ochoa, hasta en el Maza Rodríguez a quien no me he cansado de criticar desde hace años. Culpar al árbitro de nuestra derrota es demeritar el trabajo que hizo Herrera y su equipo, quienes siempre dieron la cara cuando el silbante se ensañó con ellos (y vaya si hubo ocasiones durante estos cuatro juegos). La selección y sus jugadores nos hicieron creer y soñar durante 3 partidos y 86 minutos aproximadamente, y por eso les doy las gracias.

Si se renueva a Herrera y se establece un proyecto futbolístico a largo plazo, el futuro es promisorio: nos hemos dado cuenta de a qué podemos jugar, de que nuestros seleccionados son rápidos y de toque fino, que pueden y saben jugar como equipo, que se crecen ante los grandes (como siempre lo han hecho) pero que también pueden sacar un resultado solvente ante selecciones menos competitivas como Camerún. Que ya no somos los ratones verdes.

Por cierto, ahórrense el sarcasmo, el “ojalá tuviéramos el mismo nivel que Holanda en educación”, porque que seamos uno de los peores países de la OCDE en cuanto a hábitos de lectura dificilmente es culpa del deporte más bello del mundo. Las carencias del país son muchas también en los años que no hay mundial y habrá que trabajar, todos juntos, para acabar con ellas.

Si algo nos ha enseñado la selección cada cuatro años es que la vida sigue. La vida sigue en el juego, en el trabajo y en nuestra miseria cotidiana. Sí. Pero esta selección también nos ha enseñado otra cosa: siempre podemos hacerlo mejor.

Gracias, de nuevo, por hacernos creer. Volvamos a la realidad con la cabeza en alto.

Un abrazo mundialista.

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