Graves equívocos

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Cuando el cardenal de Morelia dijo que tornillo va con tuerca y no con tornillo no estaba siendo vulgar sino católico, que no siempre son sinónimos. Suárez Inda se refería a la iniciativa presidencial de permitir matrimonios y adopción para parejas de cualquier preferencia sexual en todo el país.

La respuesta oficial de la Iglesia mexicana no terminó con esa desafortunada declaración. El título del editorial publicado en Desde la fe el domingo pasado es otra medalla para la vitrina: “Grave equívoco”. El clero reprochó la propuesta de Peña Nieto con el mismo tono que usan mis primas potosinas cuando quieren mostrarse preocupadas. La inquietud del texto es tal que pregunta si la iniciativa es beneficiosa para los mexicanos o viene de una orden directa de los “lobbies minoritarios”, sean lo que sean.

“Causa una preocupación aún mayor que el titular del Ejecutivo haya instruido a la SEP para que introduzca en la educación de los niños la destructiva y perversa ideología de género, que deforma la realidad antropológica y socava los valores fundamentales que históricamente han dado forma a la familia y a la sociedad[…]”, escribe la Iglesia mexicana, siempre preocupada por el bienestar de los más pequeños.

A mí me parece muy bien que los cardenales escriban lo que quieran en sus textos dominicales. Aunque a ellos no les guste vivimos en una democracia en donde hasta Denise Dresser puede escribir todo lo que se le ocurra. No me canso de poner aquí que lo bonito de la libertad de expresión es que, cuando abrimos la boca, nos pone a todos en nuestro sitio. Especialmente a mí.

Aunque, en los hechos, el matrimonio gay es legal en México seguimos atrasados como sociedad porque aquí hacemos distinciones entre ciudadanos. En los países liberales no existen diferencias entre pobladores pero nosotros nos empeñamos en declarar ciudadanos de primera y de segunda. Los gays que se quieren casar en 24 estados de la República son de segunda. Tener que ampararse para conseguir un derecho que le dan a cualquier borracho heterosexual es de una necedad asombrosa.

Escuché que al presidente le urge convencer a los jóvenes que votar por el PRI no es tan malo como les dicen en la escuela. Quizá por eso se ha mostrado medio a favor de la legalización de la mariguana y el matrimonio igualitario. No importa si Peña Nieto despertó un día con verdaderos ánimos progresistas o si apropiarse de la agenda de la izquierda es un cálculo electoral. Los políticos buscan perpetuarse en el poder y si para hacerlo tienen que cambiar de opinión, lo harán.

Quiero un país en donde Pepe y Toño se pueden casar y adoptar a cuantos hijos quieran que los desprecien cuando crezcan. También quiero un país en donde los líderes religiosos se dediquen a lo suyo y guarden sus ideas retrógradas en la sacristía. Por eso celebro la propuesta del presidente. Los partidos en el poder tienen mayoría en las dos cámaras. Con los votos de la izquierda y algunos legisladores pensantes del PAN y Morena esta iniciativa tendría que pasar, Lavolpe dixit, caminando.

No vaya a quedarse sólo en una buena intención presentada días antes de una elección.

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