Hay! Hay! Hay! Hay!

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@Joso9

En una clase de comunicación política que tomé hace un año, el profesor (un famoso spin doctor que hace las veces de articulista y colaborador en importantes medios mexicanos) nos contó que el gobierno de Veracruz había llamado a su firma de asesoría política para pedirle auxilio urgente: el gobernador Javier Duarte enfrentaba una ola de críticas dentro y fuera de su estado debido al asesinato del periodista Gregorio Jiménez. Goyo era el décimo periodista asesinado en Veracruz durante el mandato de Duarte.

El maestro era un genio de la política y el cinismo: “Que no se esconda, que salga y hable de otra cosa, que cambie la agenda”, o algo así le dijo al gobernador de voz meliflua, y, según él, con eso se calmaron las aguas. Sin embargo (e irónicamente) el mismo maestro comentaba que los gobiernos suelen decirle que trabajan mucho pero comunican mal sus logros, y el trabajo de su firma era hacerles ver que no hacen nada y por eso no tienen nada que comunicar. Pues así con Javier Duarte y Veracruz.

Durante lo que va de su sexenio, Duarte ha logrado sortear las críticas y hacer que a todos se nos olvide un poco la deplorable forma en la que está la libertad de expresión en su estado. Pero hace dos semanas que fue encontrado el cuerpo sin vida del periodista Moisés Sánchez, algo se volvió a remover, y parece que esta vez habrá consecuencias.

La semana pasada el Hay Festival -un encuentro internacional de escritores que se lleva a cabo en varias ciudades del mundo cada año-, anunció que se retiraba de forma presencial de Xalapa, la sede mexicana del evento. Los organizadores del Hay respondieron de esta forma a una petición lanzada por escritores, periodistas, artistas e intelectuales mexicanos, en la que pidieron retirar la sede del festival al estado de Veracruz, dado que el gobierno de Duarte ha lucrado políticamente con el festival. La idea básica era esta: no se puede tener un festival que festeje la libertad y las palabras en un estado con 11 periodistas muertos desde 2010.

La foto con la que los intelectuales ilustraron la petición no pudo haber sido más precisa: al centro, un sonriente y rechoncho Duarte posa para la cámara con todo su séquito, altas autoridades de la cultura (hola, Pepe Carreño) y con el escritor Salman Rushdie, famoso por haber cargado sobre sus hombros una fatwa, o sentencia de muerte, dictada por el ayatolá Jomeini. Rushdie ha sido desde hace años un símbolo de la libertad de expresión en todo el mundo, un luchador de las palabras. Ver en esa foto la auto-complacencia de Duarte da algo de nausea.

Ya ha corrido tinta sobre el tema: algunos articulistas dicen que es una pena que se haya cancelado el festival, pues se clausura un evento cultural de primera categoría que había sido usado, incluso, para criticar al propio Duarte en su estado. Tienen razón: el cartel de figuras del Hay era de gran nivel, y en las últimas ediciones periodistas y escritores de la talla de Jon Lee Anderson dedicaron arduas palabras contra la persecución que viven reporteros y medios en ese estado.

No podemos celebrar que se cancele un espacio cultural de tanta importancia, menos en un país tan necesitado de historias e ideas. Sin embargo, creo que los escritores que firmaron la carta están en lo correcto: Duarte lucraba con el festival, dándose ante el panorama cultural internacional el rol de mecenas de las libertad de expresión. La contestación oficial de su gobierno ante el retiro del Hay resulta igual de patética y cínica: “No somos indiferentes, lamentamos y condenamos las agresiones a periodistas y, como institución, hemos agotado todas las acciones y esfuerzos para esclarecer cada uno de los hechos y llevar ante la justicia a los responsables; en esa dirección estamos comprometidos. Tenemos la convicción de un ejercicio pleno de la libertad de expresión, por lo tanto, de respeto absoluto al ejercicio periodístico”.

Habrá quien opine, con todo su derecho, que fustigar de esta manera a Duarte es una exageración, dado que él no asesinó a los periodistas. Sin embargo, recordemos que es el Estado el que debe garantizar la seguridad de sus ciudadanos. La responsabilidad del gobernador resulta mayor si tomamos en cuenta que fue uno de sus alcaldes el que mandó asesinar a Moisés Sánchez. No se trata de llamar a agencias de asesoría política e imagen pública cada vez que hay un periodista muerto, sino de tomar verdaderas acciones para erradicar la violencia contra los comunicadores, y ya puestos en eso, la violencia contra cualquier persona en el estado. En esto ha fallado Duarte como máximo representante de Veracruz.

Creo que el retiro del Hay llega es un desafío interesante a una clase política acostumbrada a operar sin consecuencias. El hecho de que el gobierno veracruzano ya no cuente con un festival internacional para alzarse el cuello es un castigo justo y un acto de congruencia de nuestros escritores e intelectuales, a veces tan cohibidos ellos en asuntos políticos. Como ya dije, no es un evento que podamos celebrar, pero ojalá sea un primer paso para una cultura de mayor escrutinio a nuestros gobernantes. Una cultura política en la que hay consecuencias importantes si le fallas a la gente que votó por ti.

Seguramente mi ex-profesor y los asesores jarochos ya se reunieron de nuevo para ver cómo intentar limpiar, por onceava vez, la sangre de periodistas que el gobernador tiene en sus manos.

En otras noticias, no se pierdan la columna que Ciro Gómez Leyva publicó criticando a la organización Artículo 19, y la respuesta de su director, Darío Ramírez. Así las cosas con algunos periodistas en este país.

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