¡Hoy cancelamos el apocalipsis! Y la racha de malas películas

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Una reseña sobre Pacific Rim, de Guillermo del Toro

@esetiporandy

 ¿Se acuerda usted de cuando era chamaco e iba al cine a pasarla increíblemente bien con las maravillas que se proyectaban en la pantalla? ¿Recuerda cómo reía, gritaba y temblaba de emoción? ¿Se acuerda que al abandonar la sala la magia no terminaba ahí y se iba a su casa con una sonrisa de oreja a oreja mientras rememoraba las imágenes e intentaba calmar sus ánimos nerviosos? Efectivamente, concuerdo con usted: eran buenos tiempos. Sin embargo, en esta vida hay muchísimos factores que contribuyen a que dicha magia se vaya acabando poquito a poco, siendo las películas malas −que ahora son las más− y el volverse adulto, las principales causas.

 Pues les tengo una buena noticia: hace un par de años, nuestro compatriota Guillermo del Toro se decidió a hacer una película cuya principal tarea fuera esa: emocionarnos hasta la médula y hacernos vibrar de la impresión igualito a cuando éramos escuincles. ¿El resultado? Pacific Rim.

A todos aquellos enfermos de nostalgia, esta es la película indicada. Si, por otra parte, usted nunca ha vivido experiencias similares a las anteriormente mencionadas, pobre diablo… Sólo bromeo. Básteme ponerlo de la siguiente manera: ¿qué está haciendo leyendo esto? Vaya a su cine más cercano y disfrute de esta película. Y, si tiene chamacos, lléveselos también.

Hasta aquí lo que verdaderamente me parece necesario expresar respecto a la película.

A continuación, mero comentario para aquellos que no tienen ganas de pasársela bien y prefieren estar leyendo reseñitas:

El cuento va así: durante varios años la humanidad ha peleado contra los Kaiju  −enormes criaturas abismales– que han tenido acceso a nuestro mundo a través de un portal en el fondo del mar, para lo que se tuvo que crear a los Jaegers −robots humanoides que equiparan en tamaño a dichas bestias−. Tras cosecharnos varios triunfos,  un ataque particularmente violento demuestra que los monstruos se han vuelto más inteligentes y es así como el gobierno, siempre brillante, propone que se abandone el combate para, en su lugar, levantar enormes muros que protejan las ciudades. Es entonces cuando un grupo de pilotos rebeldes decide destruir de una vez por todas el portal y poner fin a las malévolas criaturas combatiendo con la mejor de las armas: los Jaegers.

Tenemos ante nosotros un proyecto de 180 millones de dólares, una película para el verano que está plagada de escenas de acción y asombrosos efectos especiales. Seré el primero en manifestar cierta animadversión hacia este tipo de películas −pensemos en la saga de Transformers, de Michael Bay, o, más recientemente, El hombre de acero, de Zack Snyder −, que suelen ser, todo sea dicho, proyectos que no ofrecen nada más que un despliegue desmedido de secuencias de acción. Y mal hechas, encima de todo. Pero Pacific Rim goza de ciertas peculiaridades que impiden que sea catalogado como un blockbuster común, logrando definirse por sí mismo.

Con esta película, ya lo he dicho, del Toro busca, primeramente, entretener. No obstante, no cede ante los factores que han marcado la complacencia del público, cada vez más mal acostumbrado por cintas que ofrecen las mismas historias codificadas. Del Toro es fiel a su visión y nos presenta una película que es tan de autor como El Laberinto del Fauno. Todos los elementos están ahí: la fascinación por la maquinaria fantástica, los mundos subterráneos, una paleta en la que los colores convergen y, finalmente, estallan; las clásicas escenas en las que la niñez se topa con lo monstruoso. En segundo lugar, cabe destacar la atención al detalle. En tercero, las secuencias de acción. ¡Dios mío! Es de las pocas películas en las que apreciamos lo que está sucediendo en este tipo de secuencias, ¿verdad que en otras lo único que sabemos de esas escenas es que se están partiendo la cara, pero no sabemos cómo? Pues bien, eso no sucede aquí. ¿Qué más? Ah sí, el diseño de los monstruos es impresionante, los movimientos de los robots parecen responder a las leyes de la física y la mecánica y no a las de la anatomía humana y, lo mejor de todo, es que no pretende ser otra cosa más que lo que es. Básicamente, una película fantástica de acción.

Eso no quiere decir que sea de menor calidad que otros de sus trabajos pues, como el mismo del Toro explica, tiene “dos modalidades de película: una más íntima, más chica –como Cronos, El espinazo del diablo y El Laberinto del Fauno– y otras que son grandes, de cara a un público familiar o un público más amplio –como la saga de Hellboy– […] ninguna modalidad más verdadera que la otra”.

Aunque quizá, lo más peculiar de esta película es que nos presenta con una historia en la que, número uno, no nos encontramos con E.U. siendo el eje del mundo, sino que presenta un conflicto multicontinental y, número dos, tampoco nos presenta a un héroe que venga a salvar a toda la humanidad. Es un hermoso discurso el de Pacific Rim: necesitamos de todos para salvarnos: de los rudos, de los técnicos, de los científicos y hasta de escorias como Hannibal Chau (Ron Perlman haciéndola del líder del mercado negro).

Pues ahí lo tienen. Como dato, en E.U. no le está yendo tan bien a la película. Si quieren que la humanidad no se condene, no sean maloras y apoyen al buen cine.

Titanes del Pacífico (Pacific Rim) / Dirección: Guillermo del Toro / Con: Charlie Hunnam, Diego Klattenhoff e Idris Elba. 

Comentarios

comentarios

2 Comments

  1. Abi said:

    Concuerdo con que la película es entretenida y está bien hecha, pero creo que te faltó comentar el hecho de que la historia tiene algunos “hoyos” que distraen de la calidad del producto final (la cual es innegable). Odié que detalles tan burdos como que después de pelear 3 horas a puñetazos con los monstruos en con uno de los kaijus finales la acción acaba con un vil espadazo. Hace pensar: ¿por qué no empezó por ahí? ¿por qué no todos los jaegers tienen espadas o tres cuchillas gigantes?… a lo mejor es mucho pedir pero a mi esto si me quitó mucho entusiasmo…

    • Marco U.M.Z. said:

      ¡Gracias por tu comentario! Pues mira, creo que este tipo de películas siempre sufren de uno que otro detalle como los que has mencionado, pero en este caso no creo que se trate de “hoyos”. Lo de la espada es más una herramienta para satisfacer el fanservice −que en pequeñas dosis, como aquí, siempre es válido, si no es que hasta resulta imperativo hacer uso de ello−. Un sinsentido que sí tiene, por ejemplo, es lo de la Kaiju embarazada, pues ¿qué no se supone que son manufacturados, meras creaciones casi maquinales con un propósito específico? Pero ¡no importa! pues nos dio la gran escena con Ron Perlman. ¡Saludos!

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