Inglesidad

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@Joso9

“Famous angels never come through England
England gets the ones you never need”
– The National

Por razones que ahora me parecen incomprensibles, en México tenemos un montón de ideas sobre la ‘inglesidad’. Apenas hay tres nubes grises surcando  el contaminado cielo de la CDMX y alguien ya está diciendo que le encanta ‘este clima inglés’. Y si en lugar de llegar media hora tarde a una cita, milagrosamente llegamos a la hora pactada, seguramente alguien elogiará nuestra puntualidad inglesa. A veces hasta se nos ocurre tomar té a las 5 ‘como los ingleses’, aunque en lugar de English Breakfast solamente tengamos unas bolsitas de té de manzanilla o bergamota marca La Pastora, que desde hace meses están ahí, al fondo de la alacena, esperando ser útiles la próxima vez que a alguien le duela la garganta o se empache después de comer tres platos de pozole.

Quizá la idea más pretenciosa que circula por nuestra mente colectiva es la del ‘humor inglés’. Generalmente la escuchamos cuando uno de nuestros amigos (probablemente, el comunicólogo) dice que no le gustan las típicas comedias gringas en las que el humor es escatológico, sexual o bobo. Él o ella, como tiene gusto refinado, prefiere el elegante y sarcástico humor inglés, porque es más inteligente, más ácido, más chic; Monty Python en lugar de Les Luthiers y Mr. Bean en vez de La Familia Peluche.

Pero después de estar expuesto a la inglesidad por un tiempo prolongado, las cosas se vuelven más frías y menos elegantes. El otoño me parecía precioso, con sus nubes grises y sus vientos fríos, hasta que la lluvia no cesó y lo que eran caminos tapizados con hojas amarillentas se convirtieron en sucios páramos en los que era imposible dar un paso sin llenarse los zapatos de lodo. El invierno fue tan frío y la luz tan escasa que empecé a fumar para sobrellevarlo mejor.

Los ingleses suelen ser extremadamente amables, pero les cuesta crear lazos cálidos y generalmente, cuando lo logran, tiene que haber alcohol de por medio. Son varias las veces que he hecho amigos en fiestas y reuniones y si los encuentro al día siguiente veo en sus ojos una cierta incomodidad, como si tuvieran que recuperarse después de tanta cercanía etílica. La única comida que se puede conseguir saliendo del pub son kebabs (con una carne tan sospechosa como los tacos de la esquina) y papas a la francesa. El humor inglés tiene más de burdo que de ingenioso y aunque llueve seguido, no he visto tormentas legendarias como las que inundan mi ex-Distrto Federal.

Confieso que escribo desde la amargura. Llevo unos ocho meses viviendo en Exeter, en el sudoeste de Inglaterra. Es una de las ciudades menos diversas del país, por lo que la inglesidad está por todas partes. Uno no puede caminar una cuadra sin pasar por un pub, con sus parroquianos de todas las edades tomando pintas de Guinness o sidra. Como nunca, extraño mis tacos al pastor, extraño que la comida tenga sal y salsa en lugar de vinagre y extraño que la gente se bese y se abrace aunque se hayan visto el día anterior. Hombre, hasta extraño que la gente se miente la madre en lugar de decir “Sorry” por cualquier cosa.

Es un sentimiento raro. Yo, que vivo bajo la máxima de “Cuando a Roma fuereis…” ahora repelo cada vez que la comida no pica y cada que puedo pido una Negra Modelo en el pub de la esquina. También extraño el ruido; ruido de la gente escandalosa que se grita y se ríe y se alburea cada vez que puede; gente que vive día a día y que encuentra en las cosas pequeñas motivos de felicidad. El poeta Luis Felipe Fabre una vez nos dijo que la vida en México es tan complicada que para sobrevivir nos inventamos atajos, ¿dónde más se puede encontrar una señora que lleve fruta picada a las oficinas llenas de godinez? ¿o los refrescos con sal y tajín que venden en el Centro Histórico? Por encima de todo, extraño los abrazos y los apretones de mano, porque en estas tierras se saludan a la distancia, ondean la mano, alzan las cejas y poco más.

Desde luego, no todo es malo. Ahora que el clima empieza a cambiar los caminos se empiezan a llenar de flores, aunque después de dos días de sol llueve tres días seguidos. Los ingleses son gente amable y organizada. Tengo buenos amigos y he disfrutado mi estancia aquí, pero a veces la inglesidad me puede. Cuando le pregunté a mi amiga Kate qué haríamos el jueves, me contestó: “Fucking pub. Like what else would we do?”

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