Juzgar un libro por su portada

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Por Pedro Derrant

Una reseña de The Lowland, de Jhumpa Lahiri.

Cuando me decidí por The Lowland (Knopf, 2013), entre todas las opciones que tenía para llevarme de la librería, fue por las razones equivocadas: me gustaron la pasta verde esmeralda, el forro de papel granulado color crema, la impresión del título que simulaba una acuarela y la foto de una atractiva mujer hindú en la contraportada. Pero sobre todo llamó mi atención el nombre de la autora, Jhumpa Lahiri, por serme por completo desconocido hasta ese momento. Vamos, ni siquiera sabía cómo pronunciarlo. Nunca la había oído mencionar, ni siquiera de manera indirecta; leerla, pues, representó desde el principio una refrescante incertidumbre.

Lahiri es una escritora indo-estadounidense, ganadora del Premio Pulitzer de Ficción en 2000 y miembro del Comité Presidencial de Artes y Humanidades, tiene dos colecciones de cuentos y dos novelas en su haber, la última de ellas, The Lowland, es una historia que se desarrolla entre India y los Estados Unidos desde mediados del siglo pasado y hasta nuestros días.

Los hermanos Udayan y Subhash nacen a las afueras de una Calcuta a la vez madura, por su venerable cultura, e infantil por su reciente e inexperta independencia política. Los hermanos comparten habitación, cama, ropa, libros, todo, menos el carácter. Subhash es de un talante retraído, quieto y dócil. Udayan es más locuaz, activo y rebelde. La relación tan estrecha que los une de niños se va separando a medida que crecen, hasta que, después de terminar sus estudios universitarios, sus caminos se separan por completo. Subhash viaja a Rhode Island para seguir con su instrucción académica mientras que Udayan se queda en India para militar en la insurgencia Naxalita, en contra de la opresión campesina y la desigualdad social. Los años pasan sin que se dé su reencuentro, hasta que un fatídico telegrama anuncia a Subhash la muerte de su hermano y lo obliga a volver. De regreso en Tollygunge, el barrio donde crecieron, se encuentra con sus padres y la esposa embarazada de Udayan. De pronto, el fallecimiento de su hermano lo ha convertido en el responsable de todo lo que ha dejado tras de sí, y se ve forzado a tomar el lugar de padre, esposo e hijo.

La novela es en esencia una exploración de los personajes. La novela puede tornarse, por momentos, en la narración de la trivial vida suburbana, pero la atención que Lahiri pone en el movimiento interno de los individuos es asombrosa. Muchos son los recursos de los que se vale para examinar las emociones, el más socorrido es el de relacionar a los personajes con el ambiente que los rodea, de manera que los espacios se conviertan en un modelo de las inquietudes y trastornos individuales. También tiende a emparejar personajes para que uno sea el espejo de los fallos de otro.

La compenetración a la que llega con estas técnicas es de una profundidad que pocas veces se ve; sin embargo, su gran problema es la desconfianza en el lector. No le basta con mostrarnos el desasosiego de un personaje, tiene que hacerlo explícito en la prosa, a pesar de que ya lo haya sugerido con gran maestría desde antes. Esto ralentiza el ritmo de la obra y da cierta sensación de repetitividad, además de que borra toda incertidumbre y resta, en gran medida, el potencial literario del libro. No obstante, no pude despegar la mirada de la novela hasta terminarla, pues, a pesar de que su avance sea tan acompasado, los personajes se convierten en una compleja maraña de emociones que contagian al lector.

El estilo es refinado y se muestra bajo control, aunque demasiado conservador para mi gusto; faltan juegos y experimentación narrativa, falta innovación. Es una novela contemporánea por su tema,  tradicional por la forma.  Y esto no es necesariamente algo malo: su construcción hace que haya un incremento gradual en la tensión narrativa, aun a pesar de los momentos anticlimáticos que hay a lo largo del libro, además, las descripciones son exquisitas.

Jhumpa Lahiri ha escrito una gran novela en tanto que logra conmover y tiene personajes memorables, además de que demuestra un gran dominio del lenguaje; sin embargo, a su literatura le hace falta mayor confianza en sí misma, mayor ambición. Esto no quiere decir que no tenga frescura o validez, sino que todavía se encuentra en una etapa embrionaria. Juzgar un libro por su portada no es siempre la mejor opción, aunque ahora tuve la suerte de encontrar a una admirable escritora que sin duda hay que voltear a ver.

Nota del editor: The Lowland está disponible en las librerías El Péndulo. Por ahora sólo se encuentra en inglés.

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