La autocracia de la Neta

U.S. Republican presidential nominee Donald Trump and Mexico's President Enrique Pena Nieto arrive for a press conference at the Los Pinos residence in Mexico City, Mexico, August 31, 2016. REUTERS/Henry Romero TPX IMAGES OF THE DAY
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Por José Luis Rangel (@jjllljj)

Nací en una familia de nuevos ricos. Como tantos de su clase, mis padres conocían el valor de las cosas y detestaban la idea de gastar un peso más de lo necesario. Así, me eduqué en la cultura de brincar la norma “un poquito” cuando fuera necesario, pues había llegado a una élite que se sabe poseedora de aquello que Heriberto Yépez llamó la Neta; una élite destinada a salirse siempre con la suya.

Yépez describe la Neta como el culto al ingenio por encima de la inteligencia; la actitud mexicana que funciona a la vez como reacción a nuestra situación de dominados (por el colonialismo, por el imperialismo) y como legitimación de la misma: nuestros opresores podrán ser más educados, pero nosotros tenemos inherentemente “Mayor Verdad”, somos más “vergas”, más “chingones”. Por lo tanto, no vale la pena tumbar el sistema, basta con brincárselo o rebasarlo por la derecha.

Para Yépez, la Neta es patrimonio del populacho, difundido por la tele y medios equivalentes. Sin embargo, el discurso tiene que provenir de alguna parte. ¿Acaso no es lógico que nazca entre la clase dominante, a la que le conviene que las cosas se mantengan como están?

Los últimos días han sido una tetralogía de decepciones para México, con la publicación del reportaje que incriminaba al presidente de plagio en su tesis de licenciatura, la visita de Donald Trump al país, la muerte de Juan Gabriel y el circo en que se convirtió la transmisión del cuarto informe de gobierno. Si bien las últimas tres (casi) consiguieron un consenso en el desprecio de la opinión pública, el reportaje de Carmen Aristegui dividió a los indignados por el hecho en sí y a los indignados por la exagerada expectativa que generó la noticia. A pesar de estos últimos, creo que el reportaje nos confirmó un buen número de cosas:

Primero, que nuestro presidente es y seguirá siendo un inútil.

Segundo, que el priísmo es una serpiente que se lame siempre la cola, ya que la principal fuente de plagio en la tesis de Peña Nieto fue Miguel de la Madrid.

Tercero, que los mexicanos dispuestos a linchar a un asaltante también están dispuestos a perdonar el robo cuando es de ideas, es decir, cuando se roba “poquito”. Es sorprendente la cantidad de personas en las redes sociales que consideraron el plagio un simple acto de deshonestidad y no un robo en toda regla.

Finalmente, se demostró una vez más que en México gobierna una élite que se sabe diferente al resto, que se conoce superior, impune, capaz de salirse siempre con la suya porque es dueña de la Neta. Es inútil seguir hablando de una idiosincrasia del Mexicano, así, en singular, cuando la realidad es que existen por lo menos dos Méxicos. Aquello que llamamos “lo Mexicano” se articula de arriba hacia abajo, empezando en la élite gobernante y terminando en los ciudadanos de a pie que aspiran a ser ese conductor que atropella impunemente a un ciclista, ese adolescente que huye al extranjero tras una violación para evitar la cárcel, ese universitario que plagia su tesis de licenciatura y llega a presidente. Hemos venido legitimando aquello que Ricardo Raphael llamó el Mirreynato con esa idea generalizada de que “tenemos el gobierno que merecemos”, que no es sino la excusa pusilánime de aquellos a los que no afecta el status quo, o bien, que se benefician de él.

En México, el más grande mirrey no es Luis Miguel sino Enrique Peña Nieto, un niño privilegiado que se sabe poseedor de la Neta y se empeña en aumentar la brecha entre su élite y su pueblo, diciéndonos que ya chole con nuestras quejas y reclamándonos que sólo vemos lo malo y no contamos lo bueno. Y así, este presidentucho de tres pesos es capaz de pararse frente al violador en serie que amenaza con impedirnos la entrada a Estado Unidos y de pedirle perdón por el malentendido: al fin y al cabo, el desprecio de Trump por los mexicanos no va dirigido ni a él ni a los suyos: mexicanos distintos, mejores, no tan mexicanos. Mexicanos con mucha más Neta.

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