La reforma energética para dummies

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@cocuaguilar

Yo sé que ninguno de ustedes quiere aventarse las veintinueve páginas de la iniciativa de reforma energética que mandó Enrique Peña Nieto al Senado. Pero, como dicen por ahí, para que no los agarren en curva, es necesario saber qué elementos contiene la reforma y, sobre todo, cómo puede beneficiarnos o afectarnos. No se crean ustedes eso de que “Ay sí, la luz y el gas van a ser más baratos, gracias EPN, todo es maravilloso contigo”, pero tampoco sean tan radicales como aquellos que piensan que el Presidente y sus secuaces son un montón de ápatridas que quieren regalar los “bienes de la nación”.Ya hablamos la semana pasada que eso de que el petróleo es de los mexicanos es meramente algo que se oye bonito, ya que no es cierto, porque el único que decide qué se hace con el dinero del petróleo es el Gobierno Federal.

Y es precisamente el Gobierno Federal quién -básicamente para la gente que le da güeva leer la iniciativa de EPN- sacó una especie de bonita infografía con los “10 beneficios que traerá la reforma (energética, evidentemente)”. En este documento encontramos diez puntos que dejan claras algunas cosas, pero, para no romper con las costumbres, deja muchas dudas y cosas al aire.

Punto uno: Pemex y la CFE no se privatizarán y la inversión de la IP será solamente para “exploración, extracción, refinación, petroquímica, transporte y almacenamiento”. Punto dos: se trata de algo que, de haberlo propuesto AMLO sería criticado de populista y comunista: los precios del gas y la electricidad bajarán. Punto tres: se crearán millones de empleos (¿cuántas veces hemos escuchado eso?). Punto cuatro y cinco hablan casi de lo mismo: se fortalecerá a la industria petrolera. Los siguiente puntos son reiterativos: que se fortalecerán Pemex y la CFE, que habrá -derivado del petróleo y demás recursos- más dinero para invertirse en programas sociales y demás beneficios para los mexicanos.

Se oye poca madre. Tendremos que pagar menos por electricidad, gas, gasolina. Pemex se convertirá en ese monstruoso generador de ingresos para las arcas de la nación. Habrá más dinero y ese dinero se usará para mejorar la infraestructura del país y las condiciones de vida de los mexicanos. Claro que sí, ¿dónde firmo?

Éjele. Espérense tantito.

Si algo tiene la iniciativa de Peña Nieto, es ambigüedad. Estos famosos diez puntos suenan bastante bien, pero dentro de la reforma existen elementos que no se aclaran del todo e incluso otros que, de no estar bien informado del tema, resultan inofensivos a primera vista.

De entrada, la reforma plantea modificaciones a los artículos 27 y 28 de la Constitución: léase, las compañías privadas (y extranjeras) podrán explorar, perforar y extraer hidrocarburos sin intervención de Pemex; además, esto traería como consecuencia que Pemex deje de ser un área estratégica.

Otro elemento que ha hecho ruido es el de los contratos de utilidad compartida que, traducido, significa que se entregarán contratos a empresas privadas que, en teoría, van a ayudar a fortalecer la industria petrolera, a cambio de dinero o barriles de petróleo, o las dos. Cabe mencionar que si los contratos son de utilidad compartida, entonces la ganancia también debe ser compartida.

En lo personal, considero que la reforma suena demagógica, es mucha maravilla: que se van a generar empleos, que va a haber más ingresos, que México va a ser una potencia petrolera, etcétera. Suena muy bien. El asunto es, cómo se va a llevar todo esto a cabo con la corrupción imperante en la paraestatal (y en los sectores gubernamentales en general) y teniendo un lastre tan nocivo como lo es el sindicato encabezado por “Míster Ferrari” Romero Deschamps.

Los invito a que se informen lo más que puedan del tema, y que ni se casen con la idea de que la reforma es maravillosa ni con que “Pemex no se vende”.

Foto: Especial

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