La risa del Chapo Guzmán

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@MarianoMoreno7

Una regadera. Un brazalete de localización abandonado bajo la lluvia de la ducha. Una cámara que no quería ver la podredumbre cuando su ojo tenía que ser más omnipresente que Dios. Alarmas dormidas. Un punto ciego. Un hoyo. Un túnel de kilometro y medio nada menos que bajo los cimientos de la prisión de más alta seguridad (es un decir) que tiene este país. Para acrecentar la humillación sólo faltó un mensaje en la pared: “Aquí estuvo el Chapo Guzmán”.

Fue impresionante. No conoces a tu tocayo Joaquín Sabina, pero él dice que más vale tener siempre un sombrero por si se presenta la ocasión para quitárselo. Te ves más delgado. ¿No te daban de comer ahí adentro o qué? Tampoco te había visto así, rapado y sin bigote, pelón como un gato egipcio. Todos te buscan como si fueras el unicornio azul de Silvio Rodríguez. No me sorprendería que estuvieras escondido hasta en la luna, lo cual no creo que sea problema para ti.

Tu naturaleza es la de un pájaro de esos que no nacieron para estar enjaulados. Desapareciste y lo único que quedó en la celda fue tu fantasma. Cuando escapabas por el túnel en motocicleta, sólo te faltaron los velociraptor a cada lado para ponerle más adrenalina al momento. Tremendo puñetazo que le metiste al gobierno. Era lo que faltaba para terminar de hundirlo. Otra vez se demostró que ante la crisis se quedan tan petrificados como si hubieran visto los ojos de Medusa, o el hoyo por el cual te escapaste. Ni siquiera tuviste que preocuparte por el presidente. Después de tu fuga prefirió quedarse en París como si fuera Porfirio Díaz, y dudo que haya tenido muchas ganas de volver a su triste realidad.

Cuando te agarraron aquella noche de calorina en Mazatlán, dudé del inmenso poder que todos te adjudicaban. En aquel departamento de tu captura habían tortillas disecadas y frijoles echados a perder. Los mismos que juran haber visto a la Virgen también decían que siempre te acompañaba un convoy de seguridad compuesto por 300 camionetas llenas de gente armada dispuesta a matar y morir por ti. Entenderás mi asombro cuando en aquel departamento tu equipo de seguridad no llegaba ni a tres personas ¿Ése es el Chapo Guzmán?

Reconozco que yo fui de los que decían que jamás te ibas a volver a escapar, que ahora sí te ibas a refundir por toda la eternidad, que se haría justicia por todo el daño que hiciste. Qué pendejo soy, apostando por las instituciones del Estado mexicano, creyendo que un segundo escape tuyo tan sería el colmo que por lo mismo sería imposible. ¿Te acuerdas cuando te dije que ya no habrán para ti carritos de lavandería ni escapes al estilo The Shawshank Redemption? El chiste se vuelve a contar solo.

Ahí estuvo el error. Te volvimos a subestimar. La gente que te veía en la televisión cuestionaba tu identidad: “Si se parece a mi vecino. No, ese no es el Chapo. Debe ser un actor de Televisa, como siempre queriendo agarrar al pueblo de pendejo ¿A poco ese señor que se parece a Capulina es el más buscado del mundo? ¿Ése señor es el de los mil millones de dólares que decía Forbes? ¿Tanto desmadre para agarrar a ese chaparrito bigotón copia pirata de Mario Bros?”

Crece la leyenda de que no hay prisión de máxima seguridad que pueda contigo. Dos fugas en catorce años. Es que pareciera que hiciste un doctorado en túneles y a nadie se le ocurrió relacionar a los topos contigo. Nos hicieron creer que era más fácil salir del alcoholismo que del Altiplano. De ese lugar decían que ni el oxígeno podía escaparse, que hasta las moscas están en el inventario y que sus muros eran más impenetrables que una monjita de clausura. En México quedó demostrado que ya no se hacen prisiones como antes. Te hubieran mandado a San Juan De Ulúa en Veracruz, a Azkaban, a Alcatraz en San Francisco, a la gélida Siberia, no sé, mínimo a Estados Unidos. El ex procurador -ése que se cansaba- llegó a decir que ni en 300 años te iban a extraditar con los gringos y ve ahora en dónde estás, como diría el clásico, de nuevo en la plenitud del pinche poder.

Cuando te atraparon, en tu tierra sinaloense lo que prevaleció fue la tristeza y el enojo. Allá ahora el ambiente es de fiesta ¿Quién se acuerda de tus cientos de miles de muertos? ¿Quién te condena por delincuente y asesino? Desde aquella noche del sábado ha habido música y harto trago. Hasta las iglesias que se construyeron con tu dinero maldito oficiaron misas en tu honor. No faltan los curas que quieran beatificarte por hacer milagros (¿Tu escape se podría considerar como uno?). “Ahora que ha vuelto el rey ya por fin saldremos de jodidos”, decían en el pueblo. Eres el nuevo Pancho Villa, un Padrino. Tu leyenda se volvió mito y tu mito en deidad.

El castigo más cruel que tienen los presos es no poder ver las estrellas como nosotros las vemos aquí afuera. Aunque supongo que tú tenías uno peor: el no poder ver a tus hijas, idénticas una a la otra como las flores ¡Cuánto han crecido! Una de ellas, no me preguntes cuál, seguro dice que te quiere mucho, que no sabe porque dicen que eres malo si con ella eres muy bueno, pero que de todos modos te perdona y que espera verte muy pronto.

La fuga me confirmó que en México lo único que está mal es todo ¿Qué nos queda? Sólo el humor. Sólo reírnos a carcajadas de la incompetencia de las autoridades, de la burla de presidente que tenemos, de que, como siempre, ningún funcionario va a renunciar por sus errores, que efectivamente nada se puede hacer para domar la enviciada condición humana. Reírnos de la barbarie, de la corrupción, esa marca del gobierno tan meramente cultural. Reír por pensar que ibas a delatar a muchos peces gordos desde tu encierro. Por creer que esta infamia de país iba a limpiarse aunque fuera un poquito; por el contrario, van a seguirse desbordando ríos de sangre. Y ya de una vez nos reímos de las mujeres que nos abandonaron y del ¡Ríndete Chapo! que a las tres veces cediste aquella noche. De la cabrona pobreza que nos metió en todo esto, de las 50 mil rosas que jamás pudimos comprar.

Pero antes de terminar respóndeme la gran incógnita que tiene al mundo entero pensando en toda clase de conspiraciones. Dime, Joaquín, ¿cómo se fuga uno de la prisión más segura de México? La pregunta ofende la inteligencia. Sabemos que fue con dinero, dinero, dinero, dinero, dinero, aprende algo dinero, ¿pero cuánto? Dime cuánto cuesta quebrar un gobierno, cuánto cuesta avergonzar a una nación entera ante la mirada del mundo, cuál es el precio por hacer que sea la serpiente la que pique al águila que debiera devorarla.

 ¿Te acuerdas cuando te pregunté qué habías soñado en la noche que te detuvieron? Aquella noche, la noche de tu escape, no soñaste nada. Despertaste y tus sueños de fuga ya se habían hecho realidad.

Foto: CNN México

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