La tragedia y la desconfianza

Coatzacoalcos-explosion-en-complejo-pajaritos
Share Button

@MarianoMoreno7

Las imágenes de la explosión en el complejo petroquímico de Pajaritos, ubicado en las afueras de la ciudad de Coatzacoalcos, son terribles. Hace 25 años la tragedia era la misma, como si se tratara de un macabro aniversario. Una inmensa columna de humo negro que contagia el cielo con su obscuridad. Llamas tan inalcanzables como si el infierno se estuviera asomando en la tierra. Personas con quemaduras de tercer grado, hospitales y ambulancias insuficientes, establecimientos con cristales rotos, mensajes para localizar familiares desaparecidos. Coatzacoalcos se volvió tema nacional y una vez más no fue por cuestiones positivas.

El famoso, típico y recurrente “Aquí no pasa nada, todo está bajo control” nos ha vuelto desconfiados. La experiencia nos ha enseñado que cuando el gobierno dice que todo va bien es cuando más debemos preocuparnos porque seguro todo va mal.

¿A quién creerle ante una tragedia como la ocurrida en Pajaritos? Es una disyuntiva difícil. Si algo ha demostrado el gobierno (de cualquier nivel) es que son como las impresoras o aquellos que comen y no engordan: no se puede confiar en ellas. Los gobernantes son como Kaa, la boa gigante de El libro de la selva, que se la pasa cantando “Confía en mí” mientras abre la boca para devorar a sus víctimas. Es más fácil enumerar las veces en las que nos han dicho la verdad que las veces en las que nos han mentido. Desde la “investigación” que determinó que no había conflicto de interés en el tema de la Casa Blanca hasta cuando la prensa reportó que lo más relevante del 2 de octubre de 1968 fue que había amanecido soleado. Con justa razón ya nadie cree en las versiones oficiales.

Creerle al gobierno es la prueba de fe más dura que existe. El descrédito es tal que ante cualquier comunicado oficial le creeríamos más a Pinocho, aunque su nariz mida más de dos metros. El problema de esta desconfianza es que pasamos al otro extremo: la creencia ciega, el no cuestionarse de donde viene la información que se recibe y además compartirla. Ante el desconocimiento de la situación, nos creemos lo primero que nos dicen sin siquiera preguntarnos si dicha información es verídica, si viene de fuentes confiables o no.

El vacío de información de las autoridades respecto a la explosión en Coatzacoalcos fue ocupado por el coro de rumores, chismes e intentos por difundir mayor pánico del que ya había. “Me dijeron, escuché, me contaron, el primo de un amigo de un conocido de mi comadre trabaja ahí y dice que…” Tan irresponsable es declarar que murieron sólo 3 personas como afirmar, sin ninguna prueba ni evidencia sólida, que la cifra de muertos supera los mil. 

No minimizo la tragedia. Se trata de una de las peores catástrofes de toda la historia de Coatzacoalcos, pero muchas voces maximizaban la cantidad de víctimas como si en realidad quisieran que la cifra de muertos fuera así de alta. Las redes sociales son esenciales para la información, pero mediante ellas también transita mucha basura. Vídeos de una impresionante explosión ocurrida en Tamaulipas hace unos años, pero difundida como si fuera la que ocurrió en Pajaritos. Gente que compartió imágenes de una explosión que en realidad se trataba de un bombardeo ocurrido en Libia durante el 2011 (¿verdad, Javier?). Teorías de conspiración que no tiene ni Obama, como la que afirma que personal que no es forense está escondiendo cuerpos. Notas de voz anónimas en Whatsapp que alertaban de una evacuación masiva en todo el sureste de Veracruz, o de la implementación de un estado de cuarentena como si la población se hubiera infectado de una epidemia zombi.

Pasamos de una explosión en el complejo Pajaritos a un atentado terrorista, una invasión extraterrestre, un bombardeo de aviones japoneses, un holocausto nuclear, para terminar en el Juicio Final del Apocalipsis. Uno podría enviar a las redes sociales una foto del hongo atómico sobre Hiroshima, decir que ocurrió en Coatzacoalcos y muchos se lo hubieran creído. Aunque dicha fotografía esté en blanco y negro y aparezca en todos los libros sobre la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué tan desprestigiado tiene que estar un gobierno para que la gente crea en rumores que buscan sembrar pánico antes que a sus comunicados oficiales? Uno cosecha lo que siembra, y el gobierno está cosechando (una vez más) desconfianza y falta de credibilidad. Ahora que hay elecciones y se propone que todos los candidatos se sometan al detector de mentiras, es tiempo que también incluyamos a la información de las redes sociales como primer postulante al polígrafo.

Es preocupante cómo prácticamente nadie le cree al gobierno ni a la mayoría de los medios de comunicación. ¿Se merecen semejante desprestigio? ¿Es su culpa el enorme nivel de desconfianza? Sin duda, pero lo cierto es que no todo son cortinas de humo, ni cajas chinas, ni conspiraciones secretas realizadas en mesas redondas al estilo Dr. Strangelove donde los políticos se ríen a carcajadas como villanos de James Bond. O tal vez sí y el ingenuo soy yo. No sería la primera vez.

Comentarios

comentarios

Relacionado

*

Top