Las preguntas de Julio Scherer al Chapo

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@MarianoMoreno7

A pesar de la maldad y el tamaño del personaje, la entrevista estuvo lejos de ser una de las mejores de la historia. No tuvo un resquicio de aquel duelo entre Jorge Ramos y Carlos Salinas de Gortari, en el cual el ex presidente de México esquiva inteligentemente las preguntas del periodista cual torero haciendo una media verónica en la plaza. El actor de Hollywood, teniendo enfrente al criminal más buscado del mundo, tampoco se acerca al memorable enfrentamiento entre David Frost y Richard Nixon, quien 3 años antes de aquella entrevista había renunciado nada menos que a la presidencia de los Estados Unidos por el escándalo Watergate. No, al actor de Yo Soy Sam, 21 gramos y Milk lo mejor que se le ocurrió preguntarle al capo fueron generalidades como ¿Es verdad que las drogas destruyen y hacen daño a la humanidad?, ¿Cómo es la relación con tu mamá?, ¿Tiene sueños?

Con tanto rigor periodístico, poco le faltó al ex marido de Madonna hacerle preguntas al narcotraficante del tipo ¿Cuál es su Power Ranger favorito?, ¿en Titanic, crees que Jack Dawson sí cabía en la misma puerta flotante que Rose?, ¿por qué Tarzán tiene melena pero la barba no le ha crecido en todos sus años perdido en la jungla?

No hay duda que lo logrado por Sean Penn y “Kate del Castillo Productions” (no se rían) se trata de un documento altamente valioso para acercarnos a la figura de carne y hueso de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Gracias al vídeo de “El Chapo” respondiendo preguntas a la cámara, muchos escuchamos por primera vez en nuestras vidas la voz del mítico narcotraficante.

Desde que se escapó por primera vez de la prisión de Puente Grande (mejor dicho Puerta Grande) en 2001, poco o nada sabíamos de Guzmán Loera, lo cuál incrementó su leyenda. Rumores se escuchaban por todos lados: que si se le vio en Mazatlán con un convoy de 50 camionetas, que si no lo agarran es porque los gobiernos del PAN lo protegen, que entró a un restaurante en Durango (o Chihuahua, el lugar de la historia depende de quien la cuenta), su gente decomisó celulares y al terminar de comer el generoso capo pagó la cuenta de todos los comensales. Ahora, las tinieblas que rodeaban al Chapo Guzmán se han desvanecido al punto que hemos leído sus conversaciones por Blackberry con Kate del Castillo – “te voy a cuidar más que a mis ojos” – o que sabemos que el narco de narcos padece disfunción eréctil y no sabe pronunciar bien el nombre de su famoso entrevistador.

Pero afirmar que la entrevista realizada por Sean Penn al Chapo es una de las mejores entrevistas de la década, es caer en el exceso. Al contrario. Mario Vargas Llosa escribió acerca de esta entrevista que: “es malísima, una exhibición de egolatría desenfrenada y payasa y, para colmo, desbordante de simpatía y comprensión hacia el multimillonario y despiadado criminal a quien se le atribuyen cerca de tres mil muertes”. Es cierto. Pareciera que el Chapo Guzmán es un pretexto para que Sean Penn hable solamente de sí mismo. Pocas cosas son más despreciable que el Yo, yo, yo.

Y recordé a don Julio Scherer García. Decir que fue uno de los mejores periodistas que ha tenido México es poco. Hace unos días releía pasajes de un libro suyo llamado “Historias de muerte y corrupción” (Grijalbo 2011). Dado que en México sobran las historias de muerte y corrupción, el libro amerita al menos unos siete gruesos volúmenes y no las 121 páginas que lo conforman. Extrañamente Veracruz no es mencionado en ningún párrafo del libro. Pero bueno, don Julio narra como fue el encuentro con Ismael El Mayo Zambada, uno de los mayores jefes del narcotráfico que todavía sigue prófugo. La prueba del polémico encuentro entre el viejo periodista y el capo fue una fotografía de ambos en lo más recóndito de la sierra. Scherer cuenta que en algún momento de la conversación con El Mayo, éste le pregunta si le interesaría conocer al Chapo Guzmán. Don Julio reacciona como si a un niño le ofrecieran conocer a Santa Claus.

El encuentro, al igual que Santa Claus, nunca llega, pero Julio Scherer publica en el libro que les menciono las preguntas que le hubiera hecho al Chapo Guzmán si se hubiera reunido con él. Reproduzco algunas:

  • Las cárceles de máxima seguridad fueron concebidas como fortalezas. ¿Cómo armó usted la red de complicidades que hicieron posible su evasión? ¿Cuáles fueron sus complicidades adentro y afuera de la prisión? (Pregunta igual de válida sobre la segunda fuga del criminal, esa vez del penal del Altiplano en julio del 2015)
  • ¿Quiénes participan en el lavado de dinero? ¿Multimillonarios e instituciones poderosas como las bancarias?
  • Frente al narco, ¿de qué manera actuaron los últimos presidentes priístas (Salinas de Gortari y Zedillo) y cómo se condujeron el primer presidente panista (Fox) y su sucesor (Calderón)?
  • ¿Tiene sentido la acumulación de riqueza si no puede gastarla como se le antoje, siempre oculto, siempre a salto de mata? ¿Para qué, en suma, quiere tanto dinero?

Qué diferencia. Si tan sólo Sean Penn hubiera leído a don Julio Scherer su entrevista con el Chapo no hubiera quedado en un pobre texto vanidoso, pero seguro ni siquiera sabía de la existencia del legendario periodista. Yo en cambio, de haber tenido semejante privilegio, hubiera cuestionado al Chapo Guzmán con preguntas robadas de un bellísimo libro póstumo de Pablo Neruda:

¿No sera nuestra vida un túnel

entre dos vagas claridades?

¿No puede matarte también

un beso de la primavera?

¿No ves en la seda sangrienta

de la amapola una amenaza?

¿La muerte será de no ser

o de sustancias peligrosas?

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