¿Lo molesto con una FILma?

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@MarianoMoreno7

A lo que menos se va a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara es a comprar libros. Generalmente los libros suelen tener el mismo precio que en las librerías y las ofertas, que no son tan maravillosas, llegan hasta los últimos días de la feria (cuando ya nadie va). ¿A qué va uno entonces hasta Guadalajara si todavía no tiene libro del cual avergonzarse? En mi caso, y gracias a mi señor padre a quien debo todo, para convivir frente a frente con los grandes ídolos de uno. Para descubrir que no hay barrera de lenguaje entre un premio Nobel y yo. Y darme cuenta que a pesar que de su mano hayan salido obras de arte, al fin y al cabo son (lamentablemente) humanos.  Ya estando frente a él con el libro en mano, uno les pide que les eche la poderosa, porque soy de la idea que un libro se ve más bonito si en la primera hoja está el rayón del escritor, más si le pone tu nombre y una frase que te haga sentir muy muy. Por ejemplo Elmer Mendoza, uno de los mejores escritores de narco literatura, que en su dedicatoria de mi Balas de Plata escribió: “Para Mariano Moreno y su nombre de héroe”. Ay güey.

Yo soy un férreo coleccionista de libros firmados por el autor, y si no me creen vengan en la noche a mi oficina y después de unas copas a ver qué pasa. Colecciono más libros autografiados que hijos. Pregúntenle a mis amigos. Yo no les digo a las chicas si quieren pasar a ver mi colección de estampitas, de corcholatas, de hielocos, de cochecitos Hot Wheels. Yo les digo: “¿Quieres pasar a ver mis libros firmados?, hay algunos muy gruesos”.

En esta edición de la FIL hay cosas que no puedo contar y que tal vez aparecerán en mis memorias póstumas, así que solo mencionaré tres momentos en los cuáles estuve en busca de la FILicidad de la FILma.

Mario Vargas Llosa es uno de los mejores escritores vivos en la actualidad. Ganador del Premio Nobel de Literatura en el 2010, este peruano es un genio de la palabra escrita, del ritmo de la narración. Una leyenda.

En la Feria, por coincidencias del destino, mis amigos y yo terminamos en la fila para su firma de libros 5 horas antes del evento. Nosotros que pensábamos que con llegar hora y media antes iba a estar bien. Vargas Llosa solo iba a firmar 50 libros, a mi me tocó la ficha número 45. Me firmó la edición conmemorativa de su primera novela: La Ciudad y los Perros, sin dedicatoria, ni fecha, ni lugar. Sólo la firma. Viniendo de Vargas Llosa no me hubiera importado que solo me hubiera puesto una carita feliz. Ya con la firma, salí del salón agarrando el libro como una abuelita agarrando su monedero en la calle oscura. Me podrán robar la cartera, el reloj, pero este libro jamás. Al día siguiente, volví a ver a Vargas Llosa afuera del hotel Hilton, que es en donde se quedan las grandes estrellas, yo incluido. Me le acerqué, estaba rodeado de intelectuales y fotógrafos. Toqué su hombro, me volteó a ver, lo saludé y le enseñé el libro La Fiesta del Chivo (no, no es sobre un chivo que hace una fiesta) y me dijo:

–  ¿Querés una firmita?

Firmó el libro con la pluma de un gran amigo. Las plumas no se lavan, pero si lo hicieran, él no la lavaría nunca.

–  Ahí tienes – me dijo.

–  Muchas gracias Don Mario.

Y me retiré feliz con dos libros de Mario Vargas Llosa firmados.

Luego vino Fernando Vallejo, otro de mis escritores favoritos. Colombiano nacionalizado mexicano, homosexual, ateo, amante de los animales, férreo crítico de la Iglesia Católica y la religión, repulsivo de la reproducción y las mujeres embarazadas. Al final de la presentación de su nuevo libro, llegué con él por la firma. Me preguntó para quién iba la dedicatoria. Para Mariano Moreno.

– Ah Mariano Moreno. Eme Eme.

–  Sí, Eme Eme jeje, como los chocolates. (No se me ocurrió otra cosa)

 Ahí quedó. Me sorprendió que en la dedicatoria no hubiera un número de teléfono o de habitación. Menos mal, ya que yo no quería que se confundieran las cosas. Al día siguiente lo volví a ver. Un amigo escritor me lo presentó.  Me vio a los ojos y me dijo con ese acento colombiano que no se ha logrado quitar:

– Yo me acuerdo de ti, estuviste ayer en la presentación. Eme Eme, ¿verdá? Sí, claro que me acuerdo.

Me sorprendió que el Fernando Vallejo hijueputa que escribe en contra de Colombia y la llama patria asesina, que dice que Dios existe pero no sirve para nada, que califica a la Iglesia como organización criminal, etc., es en realidad un señor muy adorable que sonríe. Afortunadamente, yo ya estoy un poco viejo para los gustos de Fernando. Me invitó a su diálogo “Mil jóvenes con Fernando Vallejo” pero yo ya no iba a estar en Guadalajara para el evento, aunque estoy seguro que él hubiera preferido “Mil muchachitos con Fernando Vallejo”;  “bellezas”, las llama él en sus libros.

Conseguí la firma del siempre genial Juan Villoro, del gran carnal Benito Taibo, pero me faltaba una: la del escritor israelí Etgar Keret. El año pasado coincidí con él en el elevador pero no lo conocía. Hoy lo tenía en el cártel de “Se Busca Vivo o Muerto”. Dentro de la feria, en medio del tumulto de gente, vi a alguien que se parecía a Keret. Iba caminando a prisa con Denise Maerker. Rápido pregunté a mis amigos si era Etgar Keret y en caliente, sin pensarlo, me dijeron que sí. Fui tras él, esquivando a la gente como el Halcón Milenario esquivando asteroides. Saqué el libro, la pluma ya no tenía tapa y toqué su hombro.

– Mr. Keret -dije – can you sign…

El señor volteó y para mi sorpresa me habló en español. Era el periodista Salvador Camarena y me dijo que ese libro no lo había escrito él.

AMLO

Me siento contento con la recuperación de Andrés Manuel López Obrador después de un infarto al miocardio. El Peje es un equilibrio, y en este país tan lleno de caos, los equilibrios siempre son necesarios. Toco madera, pero si hubiera fallecido Andrés, todos los que lo criticaron estarían recordándolo como lo hacen ahora con Nelson Mandela. Ojalá se recupere pronto, que el petróleo no se va a defender solo.

Pero por supuesto que no se va a defender solo.

Foto: AP

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