Los asesores de Manuel Velasco

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@ricardolopezc

Es bien sabido que me equivoco con una constancia envidiable; me identifico con los errados y con los erróneos. Por eso he seguido muy de cerca la carrera de errores del actual gobernador de Chiapas, Manuel Velasco. La gran diferencia entre nosotros es que yo me equivoco por mi cuenta y él, supongo que por su posición de poder, contrató gente para que se equivoque en su nombre.

Me explico. Cada vez que Manuel Velasco aparece en las primeras planas de los diarios nacionales compruebo que cuenta con los peores asesores que hay en la República. Tal vez les ofreció trabajo intentando reducir la tasa de desempleo del estado más pobre del país, pero están arruinando su carrera política. Yo le recomiendo que los eche. A veces, gobernador, es mejor pensar en uno mismo que en los demás.

Imaginemos por un momento la junta que tuvo Velasco antes de su visita al municipio indígena de Oxchuc en abril del año pasado.

Supongo que alguno de sus colaboradores propuso que llegar a un poblado indígena cargado por indígenas – como si fuese prole de José Joaquín Vicente de Iturrigaray y Aróstegui de Gaínza y Larrea, Virrey de la Nueva España – era buena idea. O, peor tantito, a Velasco se le ocurrió y ninguno de sus asesores se atrevió a decirle que lo que planeaba hacer no era aconsejable.

Meses después Velasco decidió mejorar su imagen pública en el Distrito Federal – así le sigo y seguiré diciendo – llenando el periférico de sus pretensiones presidenciales. No estoy seguro si alguien le avisó al gobernador que Chiapas está más que lejos de la capital.

En enero de este año llegó a las primeras planas de los diarios de circulación nacional por su propia mano, literalmente. Circuló en internet un video del gobernador cacheteando a uno de sus colaboradores. Después, en un acto público, Velasco subió a dicho colaborador al templete y le ofreció disculpas por un “incidente accidental”. Luis Humberto, el colaborador en cuestión, se río con el gobernador y lo abrazó antes de – en un acto que parecía más planeado que mi escapatoria de las comidas familiares – propinarle un par de cachetadas.

El acto es cómico en sí mismo, pero la junta en la que se planeó el ídem es de película de Tati. Seguramente apelando al viejo adagio de ojo por ojo, alguien dijo a Velasco que lo mejor sería recibir una cachetada pública de Luis Humberto. El gobernador aceptó y planeó cuidadosamente la acción con el pobre colaborador, pensando que eso sería suficiente para poder seguir atormentando a los chiapanecos sin estar en la mira de la prensa nacional.

El 18 de abril Velasco anunció que su boda con la actriz de telenovelas Anahí Puente sería sencilla y que no habría recepción ni luna de miel porque su agenda como gobernador no se lo permitía. La boda fue con pocos invitados – íntima diría un redactor de la revista Hola! – y a puerta cerrada. Admito que me afligió leer que los asesores del gobernador – nunca él – habían tomado una decisión sensata y respetuosa para con la situación del estado que gobierna.

Afortunadamente todo volvió a la normalidad cuando se abrieron las puertas de la catedral de San Cristóbal de las Casas. De ella salieron los recién casados, resplandecientes, y fueron recibidos por un grupo de mujeres indígenas que sólo estaba ahí para adornar la fotografía oficial del evento. Afortunadamente para ellos, haber adornado la boda con mujeres indígenas en vez de flores o globos en forma de animales prueba que los asesores siguen cobrando cada quince días.

Tal vez los asesores no son tan malos como parecen porque cualquier publicidad es buena y han logrado posicionar a Manuel Velasco en la mente del electorado nacional. Tal vez el único que está equivocado soy yo. Honestamente, estimado lector, no me sorprendería.

Foto: El País

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