Los murmullos bajo la luna

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@MarianoMoreno7

Vine a Cómala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo.

Éstas son sin duda las líneas iniciales más famosas de toda la literatura mexicana. Corresponden a Pedro Páramo, obra maestra escrita por Juan Rulfo en 1955 y considerado como uno de los mejores libros de todos los tiempos. 

De la magna obra de Juan Rulfo se ha escrito mucho. Cuenta la leyenda que un día el escritor colombiano Álvaro Mutis llegó a la casa de un joven Gabriel García Márquez y le entregó un ejemplar de Pedro Páramo. “Tome, para que aprenda a escribir”, le dijo Mutis al futuro Premio Nobel de Literatura. García Márquez se pasó toda la noche estupefacto leyendo el librito de los fantasmas. Su fascinación fue mayor a la que tiene el niño cuando encuentra las revistas Playboy que su padre mantenía escondidas. A la mañana siguiente vio a su amigo y le dijo: “Éste es el mejor libro que he leído en toda mi vida”. 

Pedro Páramo es una historia de fantasmas. Pero aquí no hay rastro de los espíritus que quitan el sueño en El Conjuro, ni los fantasmitas de colores que intentan devorar a Pac-Man. Los espectros de esta obra son almas en pena, ánimas tristes y condenadas a no salir de un limbo perpetuo que es el pueblo de Cómala. Su nombre lo dice todo: viene de comal, por lo que es caliente y circular. Cómala es un lugar donde hace tanto calor (no tanto como en Coatzacoalcos, eso sí) en el que los muertos que se van al infierno terminan regresando por su cobija. A este pueblo seco, sin verde, lejos de la industrialización del país, olvidado de la Reforma Agraria y el desarrollo, llega Juan Preciado en busca de su padre Pedro Páramo. 

Cómala, a pesar de ser un pequeño pueblo de fantasmas, es un lugar donde conviven infinidad de personajes. Pedro Páramo, es el cacique y de todas las tierras y voluntades, excepto del lo único que realmente quería y nunca pudo conseguir: el amor de su amada Susana San Juan. “Miraba caer las gotas iluminadas por los relámpagos, y cada vez que respiraba suspiraba, y cada vez que pensaba, pensaba en ti, Susana.” También tenemos al padre Rentería, que se siente culpable por darse cuenta que los rezos no resuelven gran cosa, así que decide unirse a la rebelión armada de los cristeros. Cuenta otra leyenda que Juan Rulfo sacaba los nombres de sus personajes de las tumbas de los cementerios. Es por eso que tenemos nombres tan memorables y fúnebres como Fulgor Sedano, Abundio Martínez, Eduviges Dyada y Toribio Aldrete. 

La voz de Rulfo retrata de manera poética a los olvidados, a los excluidos que lo único que tienen en el estomago es hambre, los creyentes que no viven por estar más preocupados en el más allá. Hijos de la pobreza que además creen que ellos tienen la culpa de su condición desgraciada. Muy similar a ese pensamiento tan mexicano e ignorante de “son pobres porque quieren”. Leyendo las historias de Juan Rulfo, podemos ver que las cosas no han cambiado mucho para el campo desde los tiempos de la Revolución Mexicana. Los campesinos siguieron jodidos, los ricos siguieron ricos, y la Revolución terminó asentada en las mansiones de Lomas de Chapultepec. 

Dado que murieron en pecado, el coro de fantasmas en Cómala no puede dar el siguiente paso, o sea ir al Paraíso. Esa es su mayor pena. Uno pensaría que en un país tan lleno de muerte como México, sería genial poder vivir toda la eternidad en la Tierra. Y aquí se nos presenta una gran paradoja. Los fantasmas quieren morir de una vez, porque la muerte es lo que nos hace disfrutar la vida. El saber que algún día vamos a morir es lo que nos hace aprovechar cada momento como si fuera el último, como quien disfruta un ocaso de sol a sabiendas de que pronto llegará la noche. 

La técnica narrativa y el estilo de Pedro Páramoson muy complejos. Si tu autor favorito es Paulo Coelho, lamentablemente éste libro no es para ti. Contiene dos narraciones, un tiempo pasado y un tiempo presente que después se vuelve pasado, el lenguaje rural y poético de los de abajo. La línea de tiempo de la novela está más desordenada que un esqueleto sin medicina quiropráctica, y hay voces de personajes que nunca sabemos quienes son, como si fueran precisamente murmullos de fantasmas. Por esto y más, se trata de la obra máxima de la literatura mexicana. Si no lo han hecho, Pedro Páramo es un libro que hay que leer. 

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