Los spots del Partido Verde o Por qué el PVEM debería correr a su encargado de comunicación

MCH_PVEM
Share Button

@medicencocu

Recién, el INE multó al Partido Verde -a.k.a. el negocio familiar más lucrativo del país-, entre otras cosas, por su propaganda (otra de ellas es su infame tarjeta Premia Platino, para que vean lo rápido que estos malandrines aprendieron trucos de su hermano mayor).

Porque lo más jodido de ir al cine no era fumarte un panfleto imperialista gringo de dos horas (American Sniper), o que el suelo debajo de tu asiento estuviera pegajoso, o tener a una pareja de púberes a lado que han confundido el cine con un hotel, sino los despreciables spots del Partido Verde.

Ahí viene otra vez el idiota de Raúl Araiza, acompañado, cómo no, de alguna “atractiva” (entrecomillado porque hasta yo con siete capas de maquillaje parezco adonis) actriz de Televisa. Tipos respetables con amplio conocimiento del panorama actual de la política mexicana hablando de por qué el PVEM es lo más chevere que existe en este país.

Pero eso no es todo, aún hay (había) más.

Además de por el Niño Verde, ése en cuyas fiestas las modelos de Europa de Este se suicidan aventándose de pisos 19, el PVEM es conocido por los siguientes gloriosos episodios: los vales de medicina, las cuotas escolares, pena de muerte (que luego cambiaron por cadena perpetua o algo así) a secuestradores y asesinos, et al.

Imaginen este escenario. Está su narrador en el cine, a punto de tragarse dos horas de propaganda gringa (eso ya lo dije, pero no importa). Después de hora y media de comerciales, aparece, para cerrar con broche de oro, un -adivinaron- bonito spot del Partido Verde.

La cosa va más o menos así: un tipo con cara de criminal -porque han de saber, lectores, que todos los criminales tienen el cabello largo, barba desaliñada y son feos, algo así como Jesús- está en la cárcel, custodiado por un policía. Otro tipo, vestido elegantemente, aparece y marca un número con su teléfono celular. Corte a: una familia está comiendo en su casa. Suena el teléfono, una chica se pone de pie y contesta, luego sonríe. Ella les cuenta que el abogado ha llamado para informarles que el tipo que secuestro a su padre -ah, porque este secuestrador es cabrón: hizo todo él solito- le han dado la pena máxima.

Lo que viene es genial. El hijo, un tipo de unos veintitantos, más tirándole a treinta que a veinte -que uno se pregunta por qué sigue de mantenido en casa de sus padres- no puede contener su emoción y agita el puño en el aire. Su madre no puede ocultar su felicidad, pero el temor se apodera de ella y pregunta/reclama: ¿No que había pena de muerte para los secuestradores? ¿Y si lo sueltan? Sus hijos, expertos en derecho penal, le ilustran a su incrédula madre que el tipo jamás saldrá de la cárcel. Como colofón, el padre, un tipo calvo en sus late 50’s y con una habilidad titánica para sobrexplicar las cosas, solamente puede decir que está feliz por el hecho y que, cómo no, nadie le quita el trauma de lo vivido.

La fórmula se repite de manera desfachatada con los vales de medicina o las cuotas escolares. Asqueroso. Por eso, da gusto que el INE por fin haya multado a la empresa familiar de los González el Partido Verde por tan horrendos comerciales. Si no era por cuestiones legales, sí por lo menos alguien tendría que haber levantado la voz ante tan espantosas muestras de por qué no cualquiera puede hacer comerciales que, en una de esas, si nos ponemos a investigar, fueron producidos por Higa Films o Edomex Films o algo así.

Foto: Especial

Comentarios

comentarios

Relacionado

*

Top