Luces y Sombras

MCH_OJOS
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“Conque así se siente tener la madre rota” piensa Atari, y no podemos más que darle la razón: sus padres viven entregados a sus demencias –los videojuegos y la religión, él, la fiebre de los sesentas y los cosméticos, ella−; su hermano de treinta y muchos años se la pasa de fiesta en fiesta e intentando levantar su grupo de música dark, El Lado Oscuro de la Luna; su mejor amiga se arrejunta con cuanto imbécil se le pone enfrente y su… ¿novio? ¿amigo con beneficios? ¿colega creativo? parece dar la misma importancia a las relaciones humanas y a los partidos de futbol callejero. Bajo estas circunstancias, a Atari se le presenta la oportunidad de aprovechar una beca para ir a estudiar a Rusia. Así, rodeada de adolescentes eternos y con tan solo un fin de semana para tomar su decisión, deberá recordar, olvidar, escoger y esperar haber hecho lo correcto.

La literatura juvenil suele tenerla bastante difícil. Como dice la doctora Laura Guerrero, especialista en la materia, se le ve como “un género menor o subliteratura, un formato mercantilista” que, para acercarse a él “se sigue privilegiando el enfoque pedagógico o psicológico (…) nos siguen haciendo falta las reflexiones desde los estudios literarios”. Por otra parte, es cierto que se trata de una literatura que, no pocas veces, se rige bajo ciertos patrones y tiende a ofrecer textos bastante codificados.

Es por eso que se le agradece a Raquel Castro (ciudad de México, 1976) que logró con ésta, su primera novela, ganadora del premio Gran Angular 2012, un texto en el que se percibe el trabajo del hombre (o mujer) de letras, es decir, el artificio por medio de las palabras y la capacidad para dar pulimento a su creación, al mismo tiempo que conjura temas y constantes de la narrativa juvenil, sabiéndose deudora de toda una tradición, pero buscando una expresión auténtica. Y todo esto con muchísimo humor, ofreciéndonos un libro fresco y muy entretenido.

La historia bien podría catalogarse como una “coming-of-age-story”; a fin de cuentas, trata sobre aquel momento en que un personaje deberá dar el paso hacia la madurez. Cómo duele crecer… discurso favorito de la típica novela adolescente. Pero la autora no pretende ni lanzar tan amarga sentencia −a todas luces cierta−, aferrándose al tremendismo maldito (siempre tan rebelde, siempre tan de moda), ni adoctrinar por medio de verborrea (siempre tan mal vista, pero siempre tan solicitada) o, peor aún, imágenes que se contrapongan para mostrar el efecto premio-castigo. Raquel se limita a narrar, que es lo que quiere hacer. Si algo en la novela logra mover nuestras fibras espirituales −y carnales, ¿por qué no?−, será gracias a la fiel representación de esas pasiones que, con todo y su brutalidad, violencia, ignorancia, miedos y demás flaquezas, son profundamente humanas. Y, cómo no, también tienen sus luces.

Así, sus personajes pasan de la crueldad a la ternura, a veces son héroes y a veces meros tarados. Al final, todos ellos entrañables. Raquel encontró algo con que matizar a cada uno de ellos. Aún es ese mundo en el que todos parecen ser adultescentes enajenados, parlando el mismo vulgo de palabrotas, se les otorga un momento en el que apreciamos tal o cual particularidad, un gesto, un discurso, una caricia. Muchos de ellos son fugaces, pero no olvidables.

Y hablando de palabrotas, ¡hace mucho que no me la pasaba bien leyendo tanta mentada de madre! Si para eso hay que tener tino. Si la literatura va de un trabajo sobre el lenguaje común, el que se habla, para transmutarlo en signos, la prosa de Ojos Llenos de Sombra sale mucho más que bien librada. Nuestra protagonista y narradora mantiene una sola voz; no se comete el gran error de cambiar de tono o de textura al momento de pasar del pensamiento y el monólogo interior al diálogo. Se trata de una prosa tan aguda como juguetona, testimonio de alguien que, en sus propias palabras, llega a la conclusión de que sus átomos vibran a una velocidad distinta a la de los demás.

Curiosa la manera en la que la autora organiza el universo de Atari. La mayor parte de la historia sucede en la noche. Las geografías de su mundo están compuestas por cuartos, antros y lugares oscuros donde de repente estallan luces de colores que no iluminan, sino que contrastan con la oscuridad. Luces y sombras. En toda esa negrura se busca constantemente, como dice Atari: “otro bonito momento tóxico”. Pero cuando es de día, los personajes se nos muestran expuestos, doloridos, cansados. Luces y sombras, el juego que todos juegan. Nada es por sí sólo entero y completamente. Atari comprenderá que somos parte de un todo y no somos nada sin ese todo. El siguiente paso que dé en la vida le traerá igual placer y sufrimiento. Porque la vida, a fin de cuentas, es agridulce. Pero sonríe: “Con todo y lo rancio, esta vida es intensa y divertida”, dice.

Raquel Castro
Ojos llenos de sombra
SM Ediciones
México, 2012
201 pp.

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One Comment;

  1. Morella said:

    “Cómo duele crecer… discurso favorito de la típica novela adolescente” de la literatura y de la vida en general. Maravillosa reseña con un ejercicio crítico que todo literato había de aprender.

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