Macabrvm Divertimentvm: de mujeres, hombres y obsesiones

las brujas
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@esetiporandy

 Ni vampiros, ni zombis, ni hombres-lobo, queridos lectores. En una época en la que los seres fantásticos se pelean por su lugar en la taquilla, Álex de la Iglesia nos trae a un montón de “viejas peligrosas, viejas que muerden”. Brujas, para abreviar, en su nueva película Las Brujas de Zugarramurdi.

De qué va el asunto: Un grupo de machos-buenos-para-nada decide rebelarse contra las injusticias de la vida. ¿La manera de contrarrestar su descontento? Asaltar una casa de empeño…

Tras escapar con el botín, José (Hugo Silva), acompañado de su hijo Sergio (Gabriel Delgado), se verá forzado a compartir su ruta de huida con Tony (Mario  Casas), un bruto mujeriego con un corazón de oro, Manuel (Jaime Ordoñez), un taxista tan harto de su rutina como el que más y un pobre diablo tomado por rehén (Manuel Tallafé, infaltable).

Tras un ataque de pánico y empujada por la ira, Silvia (Macarena Gómez), la ex-esposa de Sergio, decide seguirles el rastro. A la búsqueda se sumarán dos inspectores de dudosa reputación (Secun de la Rosa y Pepón Nieto).

Nuestros tontos-buenos-para-nada terminarán en el pueblo de Zugarramurdi, donde serán acosados por un grupo de extrañas mujeres lideradas por la terrible Graciana (Carmen Maura, siempre genial), su madre, la feroz Maritxu (Terele Pávez, quien por su soberbia interpretación acaba de recibir el premio Goya), y su hija Eva (Carolina Bang quien demuestra que puede actuar) que buscarán hacerse con el botín y, de paso, con el hijo de José para ofrecerlo como sacrificio a las fuerzas del mal.

En Las Brujas de Zugarramurdi, el director bilbaíno le estampa su sello particular a la eterna guerra de los sexos. “Ni los hombres somos tan inútiles ni las mujeres tan terribles. Obvio, lo divertido es exagerarlo”, dice. Y es que para ser un tema que se ha explotado tantas veces y que parece ya haber dado lo mejor de sí (La Costilla de Adán (George Cukor, 1949), Las Mujeres Perfectas (Bryan Forbes, 1975), La Guerra de los Rose (Danny DeVitto, 1988)), la propuesta de Álex de la Iglesia se alza como una de las más disparatadas e irreverentes, pues agarra al toro por los cuernos y decide llevar el asunto a niveles apocalípticos.

Aquí la metáfora ni se esconde ni es sutil, sino que se vuelve carne, alzándose desvergonzada e imponente.  Pero esa es una de las cualidades de la película: se trata de una obra honesta que no teme burlarse del espectador en su cara, a quien compensa con creces, pues al tiempo que pone a prueba nuestro asco y morbo, es capaz de sacarnos una carcajada.

Para todo aquél que no esté familiarizado con la obra de este director, para darse una idea quizá baste con saber que pensó en esta película como una mezcla entre Los Goonies (Richard Donner, 1985) y La Masacre de Texas (Tobe Hooper, 1974). Y, efectivamente, se trata de una comedia cuyo humor va de lo inocente a lo grotesco, del slapstick a lo plenamente guarro, además de contar con dosis de horror, aventura, fantasía y acción. Todo esto se despliega a través de una sucesión vertiginosa de tomas cortas, de planos abigarrados, sucios e imperfectos y una estética cercana al neobarroco.

Se ha dicho que Las Brujas de Zugarramurdi es el regreso del viejo Álex de la Iglesia, de aquél que sorprendió a medio mundo con la espectacular El Día de la Bestia (1995), aquél Álex extremo, salvaje y demencial. Dicen. No obstante, a excepción de los elementos fantásticos que comparte con su segunda película, Las Brujas de Zugarramurdi es todo menos un “regreso” del “viejo” Álex, pues no creo que pueda marcarse una división en su filmografía. Tenemos ante nosotros a un cineasta que siempre se ha mantenido fiel a sus obsesiones, a un autor que no ha hecho más que cine puramente suyo. Si bien no es (en opinión de su servidor) de las mejores películas del cineasta, sí es de las más honestas: una película que ya no es producto del esfuerzo de la búsqueda, sino de la labor de la experiencia. 

Foto: Especial

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