Manual para la manifestación pacífica con violencia

Mexico Massacre Anniversary
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@MarianoMoreno7

Debido a que últimamente no se puede considerar a una manifestación como pacífica si no hay madrazos entre marchantes y las fuerzas del orden, aquí le tenemos unos manuales para hacer de las marchas una autentica batalla campal. Siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, le vendemos a ambos bandos: malos y peores. ¿Pero quién es quién? Llévelos, están baratos.

 A) Manual para el buen autodenominado anarquista

Doña Justa (esa que no se mete contigo) es un monstruo al servicio de la burgesía y tú como buen Van Helsing tienes que destruirla sin dejar rastro. Que el aerosol y el cóctel molotov sean tus mejores aliados con las que vas a salvar al país tirando al maldito gobierno represor. La calle está para romperla en pedazos y lanzarlos a los putos granaderos.

Tú deberías representar a México en los Juegos Olímpicos para el tiro de jabalina. Ese talento de lanzar proyectiles a larga distancia no se puede desaprovechar. Pero dado que el Estado es egoísta y maldito, no queda de otra más que tirarlo.

No importa que no conozcas a William Godwin, a Bakunin, ya ni se diga a los hermanos Flores Magón. Lo realmente importante es que en tu mochila no falten el molotov, petardos, palomas, botes de aerosol y máscara antigás.

Aquí unas frases para la batalla:

–       “Hay que estudiar, hay que estudiar, si no de policía vas a acabar.”

–       “Con el pueblo muy chingones, con el narco maricones.”

–       “Uhhhhhhh agüevo putos, agüevo, uuuuuuuuh”

A la policía hay que gritarle putos, maricones, cobardes, aunque seas tú quien tiene el rostro cubierto con paliacates.

No te preocupes si en una de esas los puercos te atrapan. Sabes que en pocas horas serás hombre libre para que en la próxima manifestación no se sufra tu ausencia, como hielos en la fiesta. También sé agradecido con las muestras de solidaridad de las organizaciones de derechos humanos hacia tu pobre persona. Harán lo imposible por defenderte, ya que para ellos tú eres una víctima más del gobierno represor.

Lanza la piedra y esconde la mano…y el rostro. Recuerda siempre apuntar al casco del granadero. Y después de volver al granadero antorcha humana, después de romper vidrios y destruir y saquear negocios, después de quebrar el pavimento para tirarles piedras, por favor, no te olvides de gritar: ¡REPRESIÓN! ¡REPRESIÓN!

B) Manual para el buen granadero

Que jodido debe ser que lo anden madreando y madreando y las órdenes de sus superiores simplemente sean ¡Aguanten! Claro, como ellos no están sintiendo el escudo vibrar con tanta pedrada, que fácil decirlo. Basta de eso y saque al espartano que lleva dentro. Usted señor granadero tiene la macana dura y gruesa. Ya ni se diga negra. Úsela para romperle el cráneo a esos malcriados. Que sientan la dureza de su justicia bien adentro.

Y si al perseguir a los vándalos no puede alcanzarlos por tanta armadura que lleva puesta (nadie está diciendo que se encuentre un poco pasado de peso), no se preocupe, siempre puede detener a civiles inocentes y sin la mínima investigación. No importa que sean observadores de organizaciones civiles, periodistas, camarógrafos, familias o simples curiosos. ¿Para que andan ahí en el chisme, no? Quien los manda. Además, seguramente en algo chueco andan metidos. Aplique la de Pancho Villa: fusile y luego virigüe.

Al ritmo de “Mucha, mucha policía” golpee a todo lo que se mueva, deles sus buenas calentadas, desquite la poca plata que usted gana por romperse la madre. Los medios de comunicación se encargarán de ponerlos a ustedes como víctimas, sacando las imágenes en las que los cócteles molotov caen sobre ustedes y no en las que patean a los detenidos. En televisión no aparecerán las imágenes en las que golpean con el casco al indefenso, en las que detienen y, escondidos tras los escudos sin que nadie los pueda ver, patean al ciudadano que nada tenía que ver.

C) Manual para el buen ciudadano mirón

Usted limítese a ver y grabar con su celular el gran circo romano. Vuélvase una estrella en YouTube por 5 minutos y siéntase todo un corresponsal de guerra. ¿Si no, qué le va a presumir a sus amigos? Dígales que estuvo a punto de morir, que casi lo agarran, que las granadas le pasaron arriba de la cabeza, que el gas pimienta lo dejó ciego, que fue como estar en un enfrentamiento entre Zetas y Marinos. No importa que haya estado cuatro cuadras lejos del desmadre y a duras penas haya visto el humo blanco. Sus amigos estarán muy, pero muy interesados en escuchar como sobrevivió. Eso sí, habiendo tantas tragedias en el mundo, llore por otras cosas, pero no por el gas lacrimógeno.

Foto: AP/Eduardo Verdugo

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