Mea (en la) culpa: los libros de los políticos mexicanos

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“Ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree”.
-Jonathan Swift

En México muchos han sido los políticos, que en busca de lavar su imagen, dar a conocer proyectos o explicar por qué no hicieron lo que debieron hacer, publican libros. En los anaqueles de las librerías abundan los libros de políticos mexicanos, como si realmente el país los fuera a leer.

A mi juicio, los pocos que se salvan son Mis tiempos, las memorias del expresidente José López Portillo, y uno que otro ladrillo de 900 páginas de Carlos Salinas de Gortari. Pero de ahí en fuera, ¿en serio alguien preferiría leer al ex senador del PRD Carlos Navarrete en lugar de a García Márquez? ¿Alguien se tomaría el tiempo para leer el libro en el que el infame exgobernador del Estado de México Arturo Montiel dice que él nunca se robó nada y que al grupo Atlacomulco lo atacan solamente por pura envidia? Incluso antes del Elbazo uno de los planes de la Maestra Gordillo era escribir un libro, pero nunca es demasiado tarde, ya que lo único bueno de estar en prisión es que uno tiene mucho tiempo libre para leer y escribir.

Uno esperaría que escribieran la gran confesión, los grandes rebatimientos a las críticas, pero nada de eso. Por más que se traten de libros, mejores maneras hay de perder el tiempo que leer las reflexiones y autoelogios de nuestra clase política. Hace poco el autoproclamado mejor presidente de México Vicente Fox sacó Revolution of Hope. No vaya a creer usted que puse el título en inglés por mamón, ese es el título original del libro porque fue escrito en exclusiva para el gabacho. Vaya suerte tienen los gringos, ¿y yo por qué debería leer un libro de Vicente Fox? La gran pregunta es por qué un ex mandatario mexicano, que supuestamente le debe todo a su país, lanza un libro para el mercado estadounidense. ¿No es a los mexicanos a los que debe de rendir cuentas?

Y como nadie es perfecto, de la pluma de Josefina Vázquez Mota salió Dios mío, hazme viuda por favor. No piense que se trata de una guía para aparecer en Mujeres Asesinas, sino que es un manual de superación personal para las mujeres. Creo que Chepina se equivocó. En vez de rogarle al Altísimo la viudez, mejor le hubiera pedido la Presidencia de la República. Otro que también se quedó sin la silla presidencial fue Andrés Manuel López Obrador, quien tiene en su haber 12 libros, siempre intentando explicar cómo es que la mafia le ha robado. Las publicaciones del Peje son consideradas tan sagradas por sus seguidores que, salvando las distancias, son como el Mein Kampf (Mi Lucha) para los neonazis.

Y bueno, ya que estamos chupando tranquilos y hablando de libros, cómo olvidar aquel memorable día del 2011 en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Enrique Peña Nieto nos enseñó que no porque un político publique un libro quiere decir que él se sentó a escribirlo, ya ni se diga a leerlo. Al entonces candidato sólo le faltó decir que ha sacado más libros de los que ha leído, y creo que solamente tiene uno publicado. Su ¿respuesta? a la pregunta de cuáles son los tres libros que han marcado su vida lo confirma.

Ahora, siguiendo el ejemplo de intelectuales de la talla de Niurka Marcos, el expresidente Felipe Calderón regresó a México para decir su veldá. Dado que con él no funcionó la máxima de Fidel Castro “Condenadme, no importa, la Historia me absolverá”, Jelipillo ha sacado un nuevo libro titulado “Los retos que enfrenta México”. ¿Mejorará su imagen? ¿Se limpiará la sangre de los 60 mil muertos durante su administración? ¿Le vamos a creer que no hubo fraude electoral en 2006? Muy difícil que por publicar un libro en un país donde se leen más los horóscopos que a Carlos Fuentes cambie la percepción de que jodiste a un país entero.

Todos tienen derecho a publicar sus puntos de vista y mea culpas. Sin embargo, nosotros también tenemos derecho a no leerlos, y sobretodo, a no creerles. Si lo que quiere es saber de política, no lea un libro escrito por un político. Más Maquiavelo, menos Vicente Fox.

El Genio ha sido liberado

Robin Williams fue una de esos icónos que hicieron que la infancia fuera más feliz de lo que debiera ser. Los personajes de Sean Maguire en Una Mente Indomable, la señora Doubtfire en Papá por Siempre, el profesor de literatura John Keating en La sociedad de los poetas muertos, Alan Parrish en Jumanji, Peter Pan en Hook, Patch Adams y el Genio en Aladdin siempre quedarán en los corazones de la gente. Aunque tal vez el mejor personaje de Robin Williams haya sido él mismo.

Irónico, las personas que más hacen reír a los demás son las que más tristes y vacías se sienten. Una vez más se nos van los genios y se quedan los hijos de la chingada. Adiós maestro. Ojalá que, de existir el más allá, sigas provocando risas en tu nuevo hogar.

Foto: Especial

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