Mueve montañas y detiene huracanes

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@ricardolopezc

El presidente Enrique Peña Nieto está acostumbrado a perder. Para él la derrota es tan cotidiana que cuando gana – aunque haya sido por goleada – no puede creer que fue gracias a sí mismo y su gabinete. La semana pasada el huracán más poderoso de la historia amenazaba con destruir el occidente del país y resultó no ser más que un catarrito (Carstens dixit). Esperábamos miles de muertos porque algún gobernador se quedaría con un pequeño porcentaje del presupuesto de protección civil; o miles de casas en escombros porque fueron construidas ilegalmente en zonas de peligro. Estamos tan acostumbrados a ese tipo de desastres que el saldo blanco de Patricia nos sorprendió.

Aunque es tarea del gobierno reducir al máximo los daños y proteger a la población la buena actuación de los tres niveles de gobierno nos tomó desprevenidos. Tanto que el presidente, los gobernadores y no pocos secretarios recibieron felicitaciones a montón. Era la oportunidad mediática perfecta para tratar de recuperar algo de credibilidad.

El viernes, cuando todo el país estaba preocupado por la inminente llegada del huracán Patricia, la costa occidental se preparó para sufrir el embate del fenómeno más poderoso del que se tenga registro. Los marinos, militares, policías y funcionarios estatales se dedicaron a preparar albergues y avisar a los ciudadanos. Finalmente el huracán llegó y se fue con más ruido que destrucción y todo terminó en un susto. Igual que esas fiestas anunciadas como épicas romanas que terminan siendo un grupo de hormonales universitarios quejándose porque no hay una sola niña en su reunión. La victoria del gobierno y la sociedad civil (Monsiváis dixit) fue clara. Como un tres cero a favor en su propio estadio. Lo que hizo Enrique Peña Nieto me parece incomprensible.

En vez de presumir la actuación de las instituciones decidió que la victoria fue obra de dios. “Cerramos filas, generando una gran energía positiva, hubo, para quienes son creyentes, cadenas de oración, rezos, llamados. Yo creo que en buena medida, el tener un saldo blanco ante el impacto de este huracán se debe en mucho a la fe del pueblo de México, a tener fe en sí mismo y al haberse unidos todos para convocar esta fuerza que en mucho evitó este desastre”.

En Autlán, en la Costa Sur de Jalisco, diez mil personas fueron afectadas por el huracán. Las calles quedaron inundadas de agua sucia y los árboles caídos cubrieron las banquetas. Seguramente el viernes, mientras se preparaban para recibir al “histórico fenómeno”, se les olvidó rezar. En lo que tapiaban ventanas y juntaban comida enlatada debieron haber aprovechado para orar. Si el presidente Peña fuera alcalde de Autlán hubiera organizado un rezo comunal. Al menos un par de avesmarías y cuatro padrenuestros para derrotar a Patricia en el plano espiritual.

Desde el D.F. pareció que el gobierno mexicano tenía un objetivo y lo cumplió. Supuse que el gobierno federal finalmente había decidido dedicarse a hacer su trabajo pero me descubrí que no. Una vez más me equivoqué. No fueron los funcionarios y ciudadanos los que se unieron para evitar el desastre. La victoria contra el huracán Patricia fue gracias a los círculos de oración, los rezos y las manos levantadas al cielo. Un buen amigo de Rafael Pérez Gay escribió sobre el poder de las plegarias: “Ya lo saben […] la oración todo lo puede, así fue derrotado el monstruo de agua y viento”.

Lo cierto es que los daños de Patricia se redujeron al máximo por la coordinación de gobierno y sociedad. En vez de capitalizar la victoria como un triunfo de todos los mexicanos Enrique Peña Nieto decidió concederla a dios. Resulta que la fe no sólo inspira a millones de personas. También palia los embates de la naturaleza y evita que la gente muera. Tal vez deberíamos llevar a Norberto Rivera a las reuniones de seguridad y vestir a los policías de morado en cuaresma.

Pienso en los habitantes de Autlán y otros municipios afectados por Patricia. Presiento que en 10 meses no tendrán casa ni indemnización porque nadie se acordará ni tendrá tiempo para rezar por ellos.

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