No a la tolerancia

Men hug during a vigil in a park following a mass shooting at the Pulse gay nightclub in Orlando Florida, U.S. June 12, 2016. REUTERS/Carlo Allegri - RTX2FURO
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@Joso9

En su pequeño ensayo titulado “Credo”, el escritor inglés Neil Gaiman habla del poder de las ideas y la libertad de expresarlas. Entre otras cosas, dice Gaiman: “I believe that you have the absolute right to think things that I find offensive, stupid, preposterous or dangerous, and that you have the right to speak, write or distribute these things, and that I do not have the right to kill you, maim you, hurt you or take away your liberty or property because I find your ideas threatening or insulting or disgusting.”

En lo personal, me cuesta aceptar que la libertad de expresión no deba tener límites y que todas las ideas puedan circular sin ninguna clase de filtro. No sabemos hasta qué grado las ideas estúpidas y retrógradas influencian a otros, inspiran a otros y los mueven a cometer actos de odio. Por eso, con reservas, firmé la petición para que censuraran la película Pink. Porque quiero creer que las ideas que inspiran a un tipo a entrar a un club gay en Orlando y matar a 50 personas con un rifle de asalto no deberían tener lugar en nuestro discurso. Sin embargo, al mismo tiempo reconozco que ni yo, ni nadie, debemos tener el poder de perseguir las ideas con las que no estamos de acuerdo. En todo caso, como también dice Gaiman, podemos debatir, clarificar, ofender y satirizar. Supongo que, de alguna manera, estas opciones son mejores que la censura.

La semana pasada, mis amigos Ricardo López y Mariano Moreno escribieron sobre la hipocresía de la Iglesia en México y sus condenas contra el matrimonio entre personas del mismo sexo. Los comentarios que recibimos en sus columnas (la mayoría escritos con horrorosa ortografía), iban desde los que le mentaban la madre a los curas hasta aquellos que, humildemente, rezaban por las almas de los que formamos Malinche y nos pedían que leyéramos las sagradas escrituras, dándose, mientras tanto, golpes de pecho al más puro estilo guanajuatense.

Esta vez, sin embargo, había en la página de Malinche otro tipo de comentarios más mesurados, más cobardes y que esta vez llamaron más mi atención, porque soy culpable de haber empleado, hace años, los mismos argumentos. Eran comentarios que decían cosas como “Yo respeto, cada quien hace de su vida lo que quiera.” o “Yo no estoy de acuerdo con que se casen pero tienen libre albedrío y los respeto.” Escudándose en el hecho de tener amigos “que son así” (léase, no heterosexuales) algunos lectores se cubrieron las espaldas para no ser tachados de homofóbicos, pero siguieron expresando su desacuerdo con una forma de vida y sexualidad distinta.

A la luz del terrible ataque en Orlando, estos comentarios me parecen más mezquinos que respetuosos, más faciloides que solidarios. Me parece que forman parte de un silencio cómplice y un respeto hipócrita que no podemos seguir aguantando en nuestra sociedad si queremos avanzar como país o comunidad.

Durante una de sus clases, el poeta Luis Felipe Fabre habló sobre la tolerancia. Dijo que le parecía horrendo que las personas dijeran que “toleraban” a los homosexuales, como si fueran un catarro o mosquitos. Dijo que los homosexuales no querían ser tolerados, sino queridos, amados, respetados, tratados como seres humanos, vaya. Al final, tolerar a alguien es un falso respeto, un estatuto de superioridad moral, un: “Haz lo que quieras, igual te vas a ir al infierno.” Cuando solamente toleramos a los que son diferentes a nosotros, estamos reconociendo nuestra cerrazón de mente y nos ponemos a un pequeño paso de agarrarnos a madrazo limpio. De alguna manera, Omar Siddique Mateen toleraba a los homosexuales hasta que un día dejó de hacerlo. Es mucho más fácil balear a 50 personas que toleras que a una sola a la que quieres o aprecias, o que simplemente respetas como otro ser humano, con ideas y pasiones propias.

Así que digamos no a la tolerancia. En casos como este, creo que tolerar o guardar silencio es ser cómplice de las ideas que dañaron de forma tan brutal a la comunidad LGBT este fin de semana. Finalmente, también dice Neil Gaiman: “I believe that in the battle between guns and ideas, ideas will, eventually, win. Because the ideas are invisible, and they linger, and, sometimes, they can even be true.” Con eso sí puedo estar de acuerdo.

Foto: Time

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